La patria, Vasconcelos y los maestros

La patria, Vasconcelos y los maestros

Un gran porcentaje de profesores de todos los niveles educativos de este país, arriban a él con desilusión y enojo, tanto por los bajos salarios que perciben y las enormes exigencias de proyectos, cursos y preparación académica, como por la imposición sin diálogo de la Reforma Educativa al que han sido sometidos, frente a una política desprovista de autoridad moral y ética para ejercerla.

Políticas que se convierten en leyes que para muchos son una calamidad, en razón de no contar con instituciones nobles y  justas,  conscientes de su obligación para que los maestros realicen su tarea fundamental de formar hombres y mujeres libres, no sólo con conocimientos,  habilidades y valores, sino también con espiritualidad, un pensamiento reflexivo acerca de su lugar en el mundo y con la valentía de enfrentar la complejidad de la modernidad.

Que complicado para un país como México, entender el entramado de su historia y del ejercicio del poder político para discutir sobre el tema de la educación como parte primordial de su desarrollo, como elemento nuclear e imprescindible del progreso y las libertades de las que muchos mexicanos son marginados, porque las políticas se han instrumentado mal y se ha privilegiado a una minoría.

En la marcha de las ideas progresistas que han acompañado la historia de la nación mexicana, es necesario abordar a José Vasconcelos (1882 – 1959), polémico personaje del siglo pasado que irrebatiblemente fue un hombre de profundas convicciones patrióticas que dieron sentido y fuerza a la educación y la cultura, ésta última como eje dinámico de la identidad social.

José Joaquín Blanco lo describe como un “hombre de inspiraciones”, como el intelectual que en lugar de sentirse aterrado o aplastado por los acontecimientos de su época, se sumaba a las masas y se acercaba al desafío de lo que representaba el Siglo 20. Era la novedosa raíz del nacionalismo mexicano y Vasconcelos en muchos momentos fue el “revolucionario constructor”, el hereje, el exiliado y el aglutinador de la oposición nacional contra los militares.

La parte que interesa de esta figura controvertida, fue su entrega total a la educación y a la creación de los primeros cimientos de un gran proyecto para la educación y la concepción filosófica que la nutría respecto al mestizaje y la reivindicación cultural de las masas. Era preciso que todo mexicano aprendiera a leer y a escribir; habría que recorrer el país y alfabetizarlo.

“Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedirle a la Universidad que trabaje por el pueblo” fueron sus palabras al tomar el cargo de rector en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde una sensación de pesar lo invadió  al decir que su tristeza sería más honda, irreparable si él creyese que al ocupar tal distinción, iba a meter su alma dentro de los moldes establecidos y habría de conformarse con estar allí bien pagado y halagado en su vanidad.

Cuánto enseña la historia y la biografía de sus actores del pasado para comprender el presente y encararlo con entusiasmo y valor, concientizarnos asimismo, que la humildad es un valor fundamental y el hilo propiciador del diálogo en los que se inspira la colectividad, que a pesar de muchos sinsabores, sigue dando su lugar lo mismo al profesor de pueblo que al de la ciudad.

En una sociedad dividida como la actual, un país marcado por la violencia, la impunidad, la corrupción y la pobreza, el desempeño de los maestros dentro de un código ético es de una gran dimensión y de una gran vitalidad, por lo que implica la interacción de poder y de confianza con sus alumnos, que simbolizan una permanente generación por descubrirse, ya con la responsabilidad implícita de honrar a sus familias y a su patria.

En la complejidad de la comunicación, el maestro es un agente de cambio con el poder de la transformación. En el encuentro personal de maestro – alumno en un proceso recíproco  de confianza y amor, de enseñanza y aprendizaje que permitirá abatir la ignorancia y la mediocridad.

El ordenador nunca sustituirá el lenguaje moral, filosófico y teológico del mentor o mentora en todo aquello que implique la naturaleza humana, la conceptualización del territorio y las identidades, la pertenencia a una colectividad y los hechos que versan sobre igualdad,dignidad y memoria.

Con aciertos y equivocaciones cada profesor  deberá asumir con renovada fe su indiscutible papel de guía y de inspirador de niños y jóvenes en formación, humanizando su responsabilidad, en pie de lucha por mejorar sus condiciones laborales, sin olvidar que siempre tiene que mejorar su modo de enseñar.

Una felicitación a las maestras y los maestros. Ánimo y fortaleza para todos. ν

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