El campo y el TLC: otra agricultura es posible

El campo y el TLC: otra agricultura es posible

Con el Tratado de Libre Comercio el sector agropecuario mexicano ha sufrido varias veces pequeños terremotos. En 1994 a su inicio, la llamada economía campesina del país veía el ingreso a México ‘al primer mundo’ prometido, con gran incertidumbre. Dos años antes se había modificado el histórico Artículo 27 de la Constitución para lograr que, junto al estímulo del libre comercio, “el campo mexicano se modernizara”; con lo cual querían decir, “se hiciera productivo”. Se dieron algunos años de gracia para que el capitulo VII del TLC entrara en vigor y dar oportunidad de que los productores mexicanos cerraran algunas brechas con los productores norteamericanos. Nunca ocurrió tal cosa. El costo de producción agropecuaria en EEUU es apoyado en (al menos) un 30 por ciento por los subsidios gubernamentales, en México es del 7 por ciento. Es un mar de diferencia. El Procampo se creó justo para cerrar esas brechas, sobre todo de los productores con mayores desventajas, y ahora sirve sólo a los agricultores ricos y, aun así, las brechas no se han cerrado. Los beneficiarios han sido el 15 por ciento de agricultores y el 85 restante está fuera de la competencia.
Lo importante es entender dónde se ubica la producción agropecuaria: en la cadena global de alimentos. Dicha cadena implica un determinado sistema agroalimentario, el cual está controlado por grandes cadenas de empresas trasnacionales. Las grandes marcas que mueven alimentos por todo el globo. Pues bien, ante ese escenario, el gobierno de México debe preguntarse qué sistema agroalimentario conviene impulsar. Si apuesta no sólo a la seguridad alimentaria entendida por disposición de alimentos vengan de donde vengan, o si apuesta a ligar la seguridad alimentaria a la soberanía. Lo cual implica rechazar los dogmas neoliberales de concebir al libre comercio como el motor de la distribución de los productos sobre la base de la teoría de las ventajas comparativas. En el caso de los alimentos eso es muy negativo y riesgoso. Por ejemplo, debido a los riesgos detonados por los eventos extremos del cambio climático, muchos países prefieren guardar sus reservas de granos que mandarlas al mercado global, como el caso del trigo ruso. Por ello, México debe pensar en el modelo de soberanía para la seguridad alimentaria, lo cual implica repensar totalmente sus estrategias comerciales para el campo: ¿seguirá centrado en el mercado externo o cambiará al mercado nacional?
La dependencia alimentaria es muy peligrosa. Si vemos el ejemplo del maíz queda claro el tema: la cantidad de grano que se importa es mucho mayor a los cupos autorizados por la regulación; desde el inicio se acordó un ingreso de 2.5 millones de toneladas de maíz (libre de aranceles) y fue rebasada con mucho. En todos estos años la importación de maíz creció 3 mil por ciento, se pasó de 150 mil toneladas a 5 millones de estas. Debemos repensar todo el modelo. La coyuntura de la renovación de la Presidencia de la República, y la difícil renegociación del TLC son motivos para hacerlo. Otra agricultura es posible.

Banner Home Videos 578 x 70

Related posts

Banner Home Videos 578 x 70