Bibliotecas y bibliotecarios: nuevos retos, vieja mirada

Bibliotecas y bibliotecarios: nuevos retos, vieja mirada

La Gualdra 329 / Promoción de la lectura

 

 

La concurrencia hacia las bibliotecas públicas es un reto que cada uno de estos recintos debe considerar entre los retos y las metas de cada uno de los ejercicios que planifiquen. Los tiempos manifiestan cada día una velocidad inusitada. Somos testigos de cuánto se van modificando las relaciones humanas, las tareas, las acciones, la cotidianeidad. El ritmo parece una carrera desenfrenada. Hace tan solo quince años veíamos el mundo in situ, ahora, con cada vez mayor regularidad, lo hacemos a través del lente del celular. El mañana, se dice, es hoy. Si como sociedad no hemos podido adecuarnos a esos cambios, como bibliotecas tampoco.

Con un dejo de añoranza, los trabajadores de la Biblioteca Central Estatal “Mauricio Magdaleno” recordamos cuando la antigua sede de esta institución era pequeña con la demanda. Filas enormes vespertinas anunciaban que no había sillas y mesas al interior. Es bueno, también, recordar que en ese entonces tampoco existían varios recintos bibliotecarios que hoy tenemos en nuestro inventario cultural. Tampoco la información era tan accesible como la tenemos hoy. Aunado a lo anterior, el acervo de la biblioteca central satisfacía las necesidades de los estudiantes. Sin embargo, tampoco el stock bibliográfico se actualizó.

Esos recuerdos deben ser un punto de partida para preguntarnos dónde estamos como institución, cuál es nuestro rol dentro de la vida social, cultural, educativa en la capital zacatecana. Como bibliotecarios, la creatividad e innovación deben ser dos rasgos que nos caractericen. Debemos leer, además de los libros, el contexto: cuáles son las necesidades reales de la población, qué podemos ofrecer que sea atractivo y no se encuentre a la mano en los dispositivos móviles, de qué manera la biblioteca y sus servicios pueden incidir propositivamente en la vida personal y comunitaria. En resumen: que la sociedad conciba a la biblioteca como una institución imprescindible para su desarrollo.

Si el bibliotecario está metido todo el día en los libros, o por el contrario, no los toma sino para acomodarlos, todo lo anterior no pasará de ser una utópica expectativa. El diagnóstico estará, muy probablemente, de estereotipos, prejuicios y poco contacto con las necesidades reales de los usuarios. Uno y otro extremo convergen en el universo de las bibliotecas. No creo que sea un escenario endémico, y tampoco apelo al “mal de muchos…”, por el contrario, si hacemos consciencia de nuestras deficiencias y fortalezas, las posibilidades de convocar mayor público a las bibliotecas serán más factibles.

En otros espacios he recalcado que el bibliotecario debería ser el primer usuario de la biblioteca. Beneficiarse con sus servicios para el crecimiento personal y profesional. Pero aún más, no sólo el personal bibliotecario, las mismas autoridades de quienes depende esta institución deberían saborear los frutos de la lectura. Sabemos que no sucede, que la lectura sigue siendo un lastre con el que hay que cargar en la escuela, del cual nos sentimos liberados una vez que egresamos. De ahí que otro reto para las bibliotecas es contar con personas dispuestas a transmitir, contagiar la pasión por la lectura.

 

 

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