La gestión compleja de las no-violencias

La gestión compleja de las no-violencias

En todos los medios de comunicación y los espacios de conversación, la violencia es un tema dominante. Nos sentimos abrumados y la reproducimos, al mismo tiempo. Comentamos sus formas extremas y cada vez la sentimos en círculos más cercanos y familiares. La pregunta recurrente y pertinente es, ¿a qué se debe esta crisis de violencia, y hay alguna forma de disminuirla? Generalmente la asociamos a la proliferación de grupos del crimen organizado y a la incapacidad del Estado para hacerles frente. Y es cierto, pero no sólo: si observamos el escenario de las cifras con un poco de mayor detenimiento caeremos en la cuenta que la cosa es más compleja. Los eventos que ligamos a las organizaciones criminales son los homicidios dolosos, secuestro, desaparición, trata y extorción. Y es cierto que en los últimos años han crecido mucho, y además, las series históricas entre ellos es de un comportamiento muy similar. Sin embargo, centrar únicamente la mirada en el crimen organizado no nos permite ver el problema en toda su complejidad, y que nos lleve a imaginar soluciones más certeras.
Las violencias no asociadas al crimen organizado han aumentado también. Si atendemos a la tipología de las violencias ofrecida por Mario Luis Fuentes, tenemos que hay las ‘no-asociadas’ como los robos y los homicidios culposos; las “de mayor privacidad”, como la violencia de género en el hogar, agresiones y los suicidios; y las violencias “debidas a conflictos sociales”, como las efectuadas en marchas o los linchamientos. Y en todos los casos hay incremento de frecuencia. Por ejemplo, en las mujeres de 2011 a 2017 se dobló la frecuencia, ahora 2 de cada 3 mujeres han sufrido agresiones; y el caso del suicidio es brutal: en los mismos años pasamos de 1,941 a 6,425. El aumento es casi 500 %. Esto último puede ser altamente significativo si atendemos a las reflexiones de Durkheim al respecto: el suicidio no es un fenómeno individual, sino es debido a condiciones sociales. Por ejemplo, lo que él llama ‘suicidio egoísta’ ocurre sobre todo en sociedades con excesivo individualismo y poca solidaridad orgánica; o aquel donde la anomia de las instituciones sociales se convierte en condición de ocurrencia. Podemos juntar la mayor frecuencia de suicidios, con la criminalidad altamente juvenil y la crisis de la estatalidad, y con ello, podríamos ampliar la mirada en nuestro diagnóstico en el tema de las violencias en nuestros aciagos días.
En la Encuesta Nacional sobre Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2017, resulta que el 44% de las mujeres han experimentado agresión por su pareja. Esto es, la violencia al interior del hogar para con los más débiles, coincide con la ocurrencia de bullying en las escuelas. Es decir, micro-espacios afectados por relaciones de poder que se expresan de forma violenta. Además, sabemos que el incremento de las violencias no se asocia tanto a la pobreza como a la desigualdad extrema. Y en México tenemos justo eso: desigualdad que se hace sólida, se reproduce y crece sin límite.
Así las cosas, el tema de las violencias es tan complejo que no podemos hablar de causas lineales, sino de causas recursivas y eventos no-lineales, como por saltos. En el ámbito de las causas vemos que las violencias domésticas alimentan a las del crimen: en los jóvenes enrolados en sus filas, no sólo incluye en su perfil a la precarización y la así llamada pobreza cultural, sino vivir en ecosistemas familiares violentos. Y la solución estaría no en un sector determinado del desarrollo social, sino en un estado de Emergencia entre todos los sectores. Más despacio: en los sistemas complejos ocurre que la interacción de las partes genera efectos que no se reducen a la suma de ellas mismas, sino que hay un salto, y resultan efectos que son algo más que las partes que les dieron origen; por ejemplo, la vida es un efecto emergente de la química del carbono o la mente es un producto emergente del cerebro. Así las cosas, debemos tener como objetivo crear Emergencia Social a partir de la sinergia que se establece por la interacción de varios factores de manera simultánea. Y la manera de aprehender conceptualmente este proceso de emergencia es mediante la noción de Cohesión Social.
La manera de abordar este problema, por tanto, es interviniendo territorialmente sobre él a partir de estrategias ligadas a la Cohesión Social. Hay tres áreas distintas en la noción de cohesión: (a) la identitaria, la cual es significa que las personas tienen sentido de pertenencia a instituciones o formas culturales; (b) la interacción entre personas que genere algún tipo de vinculo entre ellas, lo cual se da en el vecindario o el trabajo; y (c) la relación funcional, donde se establecen vínculos de mutua dependencia aun con motivos no identitarios e impersonales, como los procesos económicos; pero que no toda economía crea cohesión: la llamada Economía Solidaria es la que mejor lo hace. Así las cosas, podemos pensar en espacios locales-territoriales donde se gestione la paz creando formas de intervención que estimulen la identidad, la interacción y la unidad funcional entre los ciudadanos. Es una manera de crear las condiciones de la no-violencia, no bastan los discursos a favor de la paz. Esta última es producto de circunstancias sociales determinadas, ahí es donde está la respuesta: en la constitución de un nuevo sujeto social que produzca las condiciones sociales a la no-violencia. La Ahimsa.

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