Netflix y el lenguaje fílmico de ‘Ozark’

Netflix y el lenguaje fílmico de ‘Ozark’
Oazark, una serie de Netflix

La Gualdra 306 / Series de TV

Durante mucho tiempo se ha hablado de las series de televisión y la calidad que en ocasiones alcanzan como una clara señal de que éstas ya son capaces de competir con las grandes producciones cinematográficas.

Recientemente ésta idea se reforzó por la presencia de cintas producidas por la plataforma de Netflix en el Festival de Cine de Cannes, así como una proyección especial en dicho festival del regreso de la serie de culto de David Lynch, Twin Peaks.

Estos eventos para muchos fueron la confirmación de que en efecto, en las series de televisión existe el mismo alcance y expectativas que se pueden encontrar al lanzar una película de un director aclamado.

Pero mas allá de la promoción constante de series en internet y estrenos de nuevos episodios como una enorme suceso viral, es muy claro que aún existe una larga brecha entre ambos formatos; esto tiene que tiene que ver con el lenguaje narrativo que se maneja en cada caso, pero que inevitablemente influyen uno con otro.

En el caso de las películas como producto, se ha implementado la construcción de franquicias y sagas, en donde cada cinta funge como un gran capítulo que referencia a los otros, pero que en dicha transición le resta puntos en su calidad cinematográfica al ser sólo una pieza más de un enorme rompecabezas sin fin. En su contraparte más afortunada, las series de televisión que beben de elementos propios del cine lo buscan hacer a gran escala, y crean conflictos y narrativas cuya influencia directa proviene de películas clásicas.

Jason Bateman y Laura Linney, protagonistas de Ozark.

Netflix ha producido de manera original infinidad de series, pero las únicas que responden a una influencia cinematográfica clara son House of Cards, Stranger Things, y más recientemente Ozark, producida y protagonizada por el actor Jason Bateman.

Con respecto a esta última, los temas base que maneja son el narcotráfico, el lavado de dinero y la institución familiar como única vía de salvación, y que guardan relación directa con Breaking Bad.

En Ozark encontramos a personajes cuyas ambiciones se desarrollan a la par del alcance o carencia moral bajo el cual se rigen, y que se alimenta por la falta de impresión y total apatía al encontrarse en entornos repletos de dinero, violencia y muerte (y que bien pudieron estar en una película de Martín Scorsese).

Dichas ambiciones son ejecutadas de manera genial en uno de los últimos capítulos de la serie y que lleva por nombre “Caleidoscopio”, en el cual, de modo no lineal conocemos a los personajes antes de tomar las decisiones aparentemente justificadas que desencadenarán la tragedia y el conflicto en el cual se sostiene la historia.

Es inevitable pensar en la profundidad y las ambiciones de Ozark como una respuesta a la constante oferta de series con temáticas polémicas pero sin tener un fundamento crítico en el cual sostenerse, así como las que recargadas en el espectáculo visual se olvidan de personajes y una trama coherentes.

Ha sido a través de la ya mencionada promoción viral que se nos ha hecho creer que cada nueva producción tienen el potencial de alcanzar el estatus de culto, y cuya respuesta la encontramos fácilmente en la cancelación de infinidad de series que no llenaron dichas expectativas.

Esa respuesta también la encontramos en producciones como Ozark, las cuales al final sólo se sostienen en el valor y la propuesta, y que en ese sentido, al igual que en el cine, nos hacen más conscientes de qué es lo que estamos viendo y realmente qué tan lejos puede llegar.

 

 

 

 

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