La protección del patrimonio natural en Zacatecas

La protección del patrimonio natural en Zacatecas

En nombre del desarrollo (entendido como crecimiento económico) se llevó al planeta al precipicio. El tristemente famoso calentamiento global es un efecto neto de la actividad económica del hombre en su etapa capitalista. La tasa de destrucción de los dos últimos siglos es brutal, contra el resto de la historia humana. Rebasamos los 7 mil millones de personas: tal población con actividad depredadora hace que la especie humana tenga todas las características de una plaga sobre el planeta. Ahora se han emprendido medidas para atenuar el daño, aunque no para resolverlo: el control de las emisiones de gases efecto invernadero y las reservas de protección territorial. Sobre esto último hay diversas variantes: reservas de la biósfera, parques ecológicos nacionales, protección de humedales, santuarios naturales, monumentos naturales y Áreas Naturales Protegidas (ANP). En este último, intervienen desde gobierno federal y estatal, hasta municipios y ejidos.

La cosa es que no es fácil lograr la protección a las áreas naturales estratégicas. En el discurso puede sonar muy bonito, pero en el momento de su aplicación concreta todo es diferente: los intereses dejan ver su poder. En el caso de la protección que se aplica al semi-desierto zacatecano es claro. Los intereses de las empresas mineras que quieren hacer explotaciones a cielo abierto van en contra de la conservación del suelo de dicho territorio. Pero no sólo los intereses de grandes capitales han resultado destructivos para las zonas naturales estratégicas, también los ejidatarios, organizaciones de campesinos que, de acuerdo a la visión romántica del hombre bucólico deberían tener un sentido de conservación de la naturaleza, han contribuido al mapa de la destrucción; por ejemplo, en Guadalupe permitieron el cambio de uso de suelo para la conversión de solares urbanos, lo que a la larga significó la extinción de un acuífero (el Bañuelos). Las consecuencias ecológicas han venido poco a poco a mostrar sus nefastos efectos. O los ejidatarios de Tacoaleche que les ganó la ambición y pretendían vender en lotes la zona de uso común de su ejido, afortunadamente fueron detenidos por un grupo de ecologistas. Y sigue sin concretarse el establecimiento de la zona natural protegida porque el cabildo municipal no ha hecho lo que le corresponde, también conducido por intereses malsanos. En suma, los intereses y ambiciones económicas se contraponen en muchos casos a la conservación o protección de zonas naturales estratégicas.

Debería hacerse un informe de todos los pendientes que existen en el estado de Zacatecas sobre protección de zonas naturales. Desde aquellas que deben ingresar a un proceso de protección y no lo están, hasta las que están declaradas y no es efectiva su protección. Y poner en claro los intentos de vulnerar la conservación de lugares especiales, como el caso donde se propuso permutar la protección de la región de Mazapil por una de bosque de coníferas, y otros absurdos parecidos. Si los zacatecanos no nos involucramos en la conservación de nuestro patrimonio natural, del suelo y el subsuelo, en pocos años sufriremos las consecuencias. Y el tiempo no tiene reversa.

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