De vuelta al laberinto de la Poesía Mexicana [Parte 3]

De vuelta al laberinto de la Poesía Mexicana [Parte 3]
Armando Salgado

La Gualdra 303 / Notas la margen

En esta edición continuamos con las respuestas a la encuesta realizada sobre sus hábitos lectores referentes a la poesía. En ediciones anteriores compartimos el análisis de las cinco primeras preguntas, recuerde que lo puede consultar en línea para darle continuidad.

 

6.- ¿Cuántos libros de poesía lees al año, aproximadamente?

58 personas respondieron que ninguno; eso quiere decir que hay 10 que sí tienen libros del género en casa pero no los leen, o los leyeron y no volvieron a comprar uno más; como quien mantiene la foto del ex en su buró para recordar el daño que le hizo. 40 dijeron leer entre 1 y 10 ejemplares; 16 encuestados leen más de 10.

En este punto tendríamos que mencionar que la poesía es el género más fácil y más difícil de leer. Y sí, nunca falta el gracioso que dice que escribir poemas es muy fácil porque ni siquiera hay que llenar la página completa; tampoco va a faltar el entusiasta que dicta que el verso es una unidad de significado que puede contener más belleza que una novela entera. No seamos exagerados y por supuesto tampoco nos volvamos unos fanáticos de la miniatura. Leer 10 poemarios, salvo alguna rara excepción, nunca será igual a leer 10 novelas; el esfuerzo físico será siempre menor en el primer caso y el ojo tardará más en leer una página entera que una sucesión de versos que “ni siquiera llenan la página”. Sin embargo la complejidad de la poesía no radica en leerla sino en entenderla (y uso este término sólo para facilitar la cuestión a la que voy); el poema, como bien dicen los entusiastas, trabaja con significados complejos y un verso debería ser una construcción semiótica de una potencia estética mayor a la de una línea de un cuento o una narración; lamentablemente la complejidad de la poesía no siempre radica en la potencia de su carga semiótica, sino en su pretensiosa oscuridad y su abigarrado encriptamiento –sí, así como suena-, cosa que, digámoslo, no es culpa de la poesía sino de los poetas. Leer a Nicanor Parra, a Sabines, disfrutar con Szymborska o reír con las Odas elementales de Neruda no nos tomará tanto tiempo como leer una novela, pero seguirá siendo igual o más disfrutable.

Varios de los encuestados, lectores frecuentes de otros géneros, mencionaron que no les gustaba leer poesía, que incluso la evitaban siempre que podían. ¿Por qué? Porque la consideran pretensiosa y aburrida, porque “no hay una historia”, porque “conozco a un par de poetas y son unos mamones”. La poesía es un género marginado, incluso entre marginados. Triste pero cierto y ¿justo?

 

7.- ¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por un libro de poesía mexicana y actual?

28 personas respondieron que 100 pesos o menos, sólo 24 dijeron que más de 100 pesos; pero la sorprendente cantidad de 61 encuestados respondió que pagaría más de 200 (los demás no respondieron o dijeron que dependía de varios factores).

¿Quiénes fueron estas 61 personas? ¿Entusiastas amantes de la poesía? ¿Dilapidadores? ¿Benefactores públicos? Nada de eso, todos fueron estudiantes de secundaria, preparatoria y algunos estudiantes normalistas. Mientras que los que pagarían menos de 200, incluso 100 como límite, fueron los encuestados con intereses literarios. El factor común de los primeros es que no tienen idea de lo que cuestan los libros; consideran que “pagaría lo que fuera siempre y cuando me gustara”, pero ¿realmente lo harían?, ¿o sólo lo dicen porque es algo que nos han enseñado? El valor de los libros, nos dicen, el valor del conocimiento va más allá del dinero: el saber no tiene precio. Y qué pasa con el segundo grupo: los que sí leen pagarían poco o menos por un libro de poesía mexicana actual porque como conocedores no se arriesgan con un producto nuevo. Más vale malo por conocido que bueno por conocer, parecen decirse, y basta pensar en las ediciones de Conaculta, en la colección de poesía joven de Tierra Adentro, ¿cuánto tarda en acabarse una edición de 1000 ejemplares cuando éstos cuestan 60 pesos, 30 a veces? ¿10 años, 15?

Ni los que dijeron tener más de 100 libros, ni los que respondieron que leían más de 50 poemarios al año, estarían dispuestos a pagar más de 200 pesos por un ejemplar de poesía reciente.

 

8.- ¿Qué poetas mexicanos actuales –vivos- recomendarías leer?

Se mencionaron 32 autores distintos. Quienes los nombraron fueron los 37 que en la pregunta cuatro dijeron sí haber leído poesía contemporánea. La cantidad de respuestas y el número de autores son peligrosamente cercanos, 37 encuestados que mencionan a 32 autores. Sólo algunos coincidieron en los nombres, la mayoría de los nombrados tienen sólo una mención.

Y aquí viene lo mejor, y que ya había adelantado un poco: los escritores mencionados lo fueron en su gran mayoría por parte de personas que están cercanas al medio literario (estudiantes de literatura, escritores) y por sus propios conocidos. Sí, varios poetas fueron agregados a la lista por personas que los conocen personalmente, que han convivido con ellos o con quienes al menos han coincidido un par de ocasiones. En ese sentido podríamos tener dos suposiciones principales: 1.- que los poetas no se montan a su nube y son tan accesibles que todos sus fans los conocen “de mano”, como se dice; o 2.- que nada más sus amigos, conocidos y un puñado más de lectores casuales saben de su existencia. Creo, dejándome llevar por un sentido común no muy bien intencionado, que la opción correcta es la segunda. Conozco a más de 5 encuestados y sé que mencionaron a los poetas no porque sean sus favoritos, sino porque sólo han leído a ésos.

Antes de pasar a los nombres debería ejemplificar lo anterior con el caso del sujeto que más menciones recibió: yo. Dejaré que el lector llegue a sus propias conclusiones, pero ¿acaso no es obvio que hay demasiados poetas para tan pocos lectores?

El siguiente, luego de las fabulosas 12 menciones de mi nombre, fue Armando Salgado, con 8; le siguió Francisco Hernández, con 4; luego están A.E. Quintero, Ricardo Castillo, Fabio Morábito, Eduardo Lizalde y Christian Peña, todos ellos con 2 menciones; y al final vienen otros 24 autores referidos, todos sólo con una mención: Saúl Ordoñez, Jesús Bartolo Bello, Neri Tello, Laura Rojas, Álvaro Cancino, Omar García, Nadia Escalante, Gabriel Aguilar, Julia Santibáñez, Verónica González Arredondo, Marco Antonio Campos, Alí Calderón, Karen Plata, Ricardo Yáñez, Livier Fernández, Balam Rodrigo, Raúl Aníbal Sánchez, Julián Herbert, Manuel Recillas, Lucía Rivadeneyra, Eduardo Casar, Carlos Rojas y María Baranda.

Vamos con las varias anotaciones.

El caso de Armando Salgado sigue la lógica que planteé anteriormente, de las 37 personas que respondieron sí leer poesía contemporánea, al menos alrededor de 20 conocen o han coincidido con el autor –algunos escritores, otros compañeros oriundos de Michoacán o alumnos-. Lo mismo que pasa con las 12 menciones de mi nombre. Con esto no menoscabo la calidad de la poesía de Salgado (o la mía, ¡ja!), más bien explico el porqué de la amplia diferencia entre las 8 y 12 menciones de los michoacanos y la apenas 1 de otros autores con más trayectoria que nosotros.

Si seguimos observando las respuestas podemos especular y tal vez acertaríamos al decir que si siguiéramos haciendo la misma pregunta a lectores casuales o consuetudinarios del género, seguramente la cantidad de nombres crecería; los lectores de Guadalajara mencionarían autores tapatíos, los de Monterrey harían lo propio con los regios; en la CDMX no faltaría quien mencionara al poeta olvidado de los arrabales, y así en cada rincón del país. Sin embargo, la mayoría de menciones seguiría manteniendo porcentajes bajos, si no fueran 37 los que respondieran sino 100, no me sorprendería que se mencionaran 90 poetas diferentes.

¿Qué quiero decir?, que en la literatura y más aún en la poesía, la popularidad de los autores contemporáneos es cosa risible. Hay una mínima cantidad de lectores casuales del género, una aún más pequeña cantidad de lectores habituales, y éstos tienen tantos poetas entre los cuales escoger que eligen, como tantas cosas en la vida, la ley del menor esfuerzo y se quedan con lo más cercano, con lo que tienen a la mano o con lo que les es más accesible.

 

[Continuaremos con las respuestas en la siguiente edición]

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-303

 

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