La gestión de la basura en Guadalupe: declaración de incompetencia

La gestión de la basura en Guadalupe: declaración de incompetencia

Es una obviedad afirmar que todo está hecho con alguna materia prima, pero si seguimos el razonamiento la obviedad empieza a no serlo: esta materia prima al consumirse requiere renovarse y esto último provoca un enorme estrés a la naturaleza para proveer de nueva materia prima (directa o indirecta) a nuestros productos. Hacer uso de las tres ‘r’ es una manera de bajar el nivel de estrés natural: reusar, reutilizar y reciclar. Y para hacer esto, se requiere una operación antes: la separación de los residuos sólidos de nuestros hogares o trabajos.

La separación se lleva a cabo en algún grado, ya que existen trabajadores de limpia y organizaciones de pepenadores interesados en el valor económico de la basura. Los cálculos de la rentabilidad económica de la gestión de los residuos sabemos por sendos estudios que es muy alta. De tal manera que enterrar la basura de acuerdo a los caducos modelos de rellenos sanitarios, es equivalente a enterrar dinero o a sembrar enfermedades ambientales. Ambas cosas. Por ello, es inconcebible que un alcalde afirme que no hay dinero para construir un proyecto económico que es rentable. Es como decir, que no hay dinero para hacer algo que produce mucho dinero. Absurdo. Es la lógica del crédito: financiar proyectos que darán rendimientos económicos, pero además, en este caso, los rendimientos también son sociales y ambientales. Escuchamos las declaraciones del presidente municipal de Guadalupe y nos estiramos los cabellos, abrimos los ojos y clamamos al cielo. Pero es de tal envergadura el absurdo, que lleva irremediablemente a la sospecha: ¿en realidad ese es el motivo por el cual no quiere emprender un proyecto de tanta importancia social y ambiental? ¿No será que hay intereses no dichos de por medio, dado el nivel de rentabilidad del que hablamos arriba?

Se podría organizar a los pepenadores para que se conformen en empresas de reúso y reciclamiento de los residuos, pero además, apoyarlos para que su empresa pueda agregar valor a la separación y compactación de los desechos. Por ejemplo, la posibilidad de que no sólo junten el plástico y se lo lleven a Guadalajara a fundir y pelitizar, sino llevar a cabo aquí mismo el pelitizado del plástico y se venda directamente a las fábricas para la refabricación de envases y cosas por el estilo. Del mismo modo el vidrío, el papel y el metal. Así, se estaría haciendo un gran servicio al medio ambiente al mismo tiempo que construyendo empleo decente entre los actuales pepenadores y generando nuevo circulante en el estado. Otro caso de enorme éxito es el desperdicio orgánico, que sirve para compostas y alimento de animales de engorda. Y las compostas a su vez sirven para fabricar fertilizantes biológicos y producción alternativa de proteína (como el caso del cultivo de lombriz californiana). Es cosa de organización y gestión del emprendimiento, que ocupa crédito, incubación y facilidades a través del poder reglamentario del municipio, que obligue (por ejemplo) a la población a separar la basura y al servicio de limpia a organizar lo propio. Pero en lugar de emprender este camino, sólo afirman que no se puede. Está claro: en lo más básico de sus responsabilidades no saben o no pueden o no quieren o no les conviene resolver el tema. En todo caso, si no resuelven los problemas de este servicio, ¿para que sirven?

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