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Las mujeres en el trabajo

Las mujeres en el trabajo

Si primer trabajo fue a los 17 años como  locutora de radio en Zacatecas. Ahí entré, como se dice popularmente, tocando puertas, y con el paso del tiempo, tomé la decisión de irme a realizar mis estudios en Comunicación Social a la Universidad Regiomontana en la ciudad de Monterrey.

Como mujer, he tenido la oportunidad y la fortuna de trabajar con personas honestas, respetuosas y que siempre me trataron con igualdad y supieron ver en mí capacidades que iban mucho más allá de mi género, además de que muchos y muchas me impulsaron a perseguir mis sueños y metas.

Pero no todas las mujeres tienen acceso a esta la gratificante experiencia de participar en equipos de trabajo con una visión incluyente con respecto a las capacidades de la mujer. La calidad de los empleos de las mujeres sigue siendo aún un desafío en México.

Si bien, durante los últimos 30 años, las mujeres hemos transformado el panorama laboral en México, esto no ha sido suficiente. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Inegi, en 1970, 17 de cada 100 mujeres desarrollaban actividades económicas. En la actualidad, son 50 de cada 100 mujeres las que forman parte de la Población Económicamente Activa (PEA). Mientras que 78 de cada 100 hombres llevan a cabo una actividad económica.

No obstante que, en las últimas décadas, ha habido progresos importantes en el acceso de las mujeres a un empleo formal y digno, debemos tomar en cuenta que 7.5% de las mujeres que están ocupadas en algún empleo no recibe remuneración alguna por su trabajo o que 1 de cada cinco mujeres debe cumplir una jornada laboral de más de 48 horas a la semana.

Además, según el informe, las mujeres en el trabajo, publicado por la Organización Internacional del trabajo (OIT), la probabilidad de que las mujeres participen en el mercado laboral sigue siendo casi 27 puntos porcentuales menor a la de los hombres. A esto se suma la segregación sectorial, por la que las mujeres son en muchos de los casos impedidas para trabajar en las áreas que ellas eligen debido a restricciones culturales o religiosas.

Asimismo, podemos observar una tendencia en la que el trabajo remunerado de las mujeres es más de una naturaleza informal, como lo señala la brecha en la tasa de trabajo sin contrato, que tiene un valor positivo 1.3% en el caso de hogares pobres y 2.2% no pobres para las mujeres.

Sé que he sido privilegiada y afortunada y por eso uno de mis objetivos es hacer que cada vez más mujeres mexicanas puedan integrarse al ámbito laboral y desarrollarse profesionalmente en entornos de trabajo seguros, que promuevan la igualdad y el respeto entre todos sus trabajadores.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es una oportunidad para afrontar las persistentes desigualdades de género en el trabajo. Sólo se han logrado mejoras mínimas desde la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, por lo que existen grandes brechas que deben colmarse en la puesta en práctica de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. n

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