Movimientos sociales y transición a la democracia

Movimientos sociales y transición a la democracia

La experiencia en el desarrollo del movimiento social en México tiene los siguientes ante-cedentes: la sociedad que nace del proceso revolucionario es una sociedad organizada y controlada desde el Estado; especialmente en materia de organizaciones campesinas. Es el momento de la organización de la CNC, pero también de la CTM y la CNOP. Es el arraigo del modelo corporativo que se consolida en el gobierno de Lázaro Cárdenas y tiene como consecuencia la fusión y control de la sociedad por el Estado, mediado por el partido oficial. Y esa fusión con la sociedad, el Estado también controla la economía. En este contexto se institucionalizó el mecanismo de renovación de la élite política el presidente en turno designaba a su sucesor, quien a su vez intervenía en la designación de los diputados, senadores y gobernadores; los cuales intervenían en la designación de los presidentes municipales. Estas reglas fundaban la estabilidad política en México.

El período desarrollista (1940–1980) presenció cambios formidables, la sociedad se urbanizó considerablemente, en el 40 el 80% de la población era rural y en el ‘80, sólo lo fue el 30%: la población creció, el país pasó de 16 millones en el ’40 a 65 millones en los 80; y 98 millones en el 2000. Se incorporaron nuevos actores: la burguesía nacional se consolidó como clase social poderosa que hizo sentir su poder; y con crecimiento económico del 6.8% anual en ese período, surgieron franjas muy anchas de clases medias, que reconfiguraron el rostro social del México contemporáneo. Es decir, surgió el perfil sociodemográfico que permitía el ascenso de la sociedad civil en la vida política del país; pero no fue así: el Estado pudo absorber a los grupos profesionistas y emergentes urbanos porque se convirtió en el principal empleador; el cual, además, les garantizaba una forma de ascenso social, lo cual fue motivo suficiente para que estos grupos no buscaran su independencia o autonomía, sino su acomodo en el régimen. Lo poco que fue alternativo fue la organización gremial-clasista de los grupos de izquierda; y uno de los antecedentes fueron, por un lado, los movimientos generados como consecuencia del movimiento estudiantil de 1968 y su represión: grupos estudiantiles radicalizados se abocaron a formar desde organizaciones culturales, hasta campesinas de masas; y otro, lo fueron los grupo sociales emanados de la nueva doctrina social de la iglesia de Vaticano II: la iglesia se convertía en un actor en el terreno simbólico de la justicia social .Son como dos matrices de un gran número de actores y movimientos sociales en México; lo cual los convierte en fuentes de la emergencia de la sociedad civil. Otros movimientos significativos que no pertenecen a estas matrices son los empresarios norteños y las clases medias urbanas de esos mismos estados, golpeados por la crisis.

Ahora mismo, en concordancia con Fernando Calderón quien afirma que “estaría emergiendo un sistema de poder multidimensional, hiperabstracto y de difícil comprensión, cuya dirección estaría altamente concentrada en élites cada vez más reducidas (…) (además) no hay actores históricos claramente definidos que se opongan al poder emergente”; observo en México cinco rasgos determinantes: (1) un Estado ocupado abiertamente por los poderes fácticos; (2) una élite política continua, sin movilidad y prácticamente constituida en casta; (3) un espacio de opinión pública atada a esos mismo poderes fácticos; (4) una sociedad en justo proceso de transición: de una excesiva fragmentación y desencanto, a una mayor integración con posibilidades de generar  movimientos de contrapeso a los poderes fácticos. Y (5) un sistema de partidos ya decrépito. En México, La alternancia no genera una nueva estructura, continua la misma élite con sus mismas formas. Fue una alternancia sin alteración. Por ello, es  importante develar la estructura que tiene hoy el movimiento social en México, y preguntar si hay razones para pensar en la posibilidad de una transición a la democracia. Mis hipótesis y escenarios son muy pesimistas.

Sin embargo, con las acciones del gobierno federal en estos últimos meses, incluso semanas, hemos visto un ascenso importante del movimiento civil y social que puede muy bien romper la continuidad de este gobierno que ha sido una catástrofe para los intereses nacionales. Y no sólo, para los intereses de Zacatecas, ahora mismo se ha unido a las mineras contra el impuesto ecológico. Romper la ruta del despojo es algo que sólo un movimiento social y civil fuerte pueden hacen posible. Sin embargo, los grupos en el poder se previenen: le dan estructura a las fuerzas de la represión y legalidad con la propuesta de la Ley de Seguridad Interior. La transición es casi un objetivo mítico. Pero con alguna posibilidad. Hay esperanza. ■

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