Sentado en la bomba atómica o el paisaje de los últimos días

Sentado en la bomba atómica o el paisaje de los últimos días
Otto Dix. Lisiados de guerra. Punta seca. 1920.

La Gualdra 280 / Literatura

Ayer teníamos un panorama no muy agradable para la humanidad. La geografía del mundo estaba marcada por el enfrentamiento entre pueblos y culturas. Entonces los pueblos más fuertes se imponían sobre los débiles. El habitante de una aldea, pueblo o ciudad tenía que tomar las armas para defender sus pertenencias, su tierra y, lo que es más importante, a su familia. Eso en realidad no ha cambiado: el mundo sigue en guerra, y como antes, seguimos luchando en defensa de los intereses de los gobernantes.

Pero sí que hay una enorme diferencia. El enfrentamiento entre los antiguos se daba cuerpo a cuerpo, con un espada o una lanza, la ventaja podría estar en que algunos tenían un corcel, lo que daba una fuerza agregada al jinete que le permitía derrumbar a varios soldados. Todo dependía del entrenamiento, la agilidad, la inteligencia y la habilidad del guerrero, y por supuesto, del número.

Eran enfrentamientos épicos dignos de un poema. En La Iliada podemos ver algunos enfrentamientos memorables, como el de Ayax contra Héctor, el de Aquiles contra Héctor, y la certera flecha de Paris en el talón del rubio guerrero. En los textos medievales podemos ver a los galos luchando contra el pueblo musulmán, al igual que los hispanos en El Poema del Mío Cid.

Con la llegada de la pólvora estas batallas se hicieron desiguales, pues el enfrentamiento cuerpo a cuerpo adquirió unos metros de ventaja, y la bala impulsada por la reacción del fuego con la pólvora comprimida fue más efectiva que cualquier habilidad con la espada. Aun así, si se sobrevivía a la lluvia de balas, se podía terminar el combate en los mismos términos de un individuo contra otro.

El siglo veinte definitivamente acabó con esa modalidad de lucha, pues las bombas, las granadas, las ametralladoras y las armas automáticas cambiaron las reglas del juego. Así, un soldado con puntería y una buena arma, podría, él solo, acabar con decenas de soldados desde su trinchera. Ya no había la posibilidad de ver la cara del enemigo.

Hoy en día, los soldados a pie, están tan equipados y poseen tantas armas y tecnología, que la guerra bien puede asemejarse a un video juego. Se trazan blancos para misiles con una computadora, se reconoce el territorio enemigo con imágenes satelitales o drones, se hace una limpia inicial con un bombardeo desde un aeroplano; se puede atacar con visión nocturna, tal y como se hace en un juego de video.

Lo terrible del asunto es que la lucha ya no es por proteger la patria del invasor, sino que es por proteger los intereses económicos de un grupo hegemónico que ni siquiera se preocupa por el bienestar de su pueblo. En estos tiempos, la verdad es que ni la guerra es lo que solía ser, estamos sentados en una bomba atómica, y como dice Marian Gold en una de sus mejores canciones: “Let’s start in style, let’s dance for a while heaven can wait we’re only watching the skies. Hoping for the best, but expecting the worst, Are you gonna drop the bomb or not?”.

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_280

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