Nuestras escuelas son reflejo de la sociedad

Nuestras escuelas son reflejo de la sociedad

Hace algunos días la secretaria de educación del Estado hizo algunas declaraciones sobre la situación de las escuelas secundarias y preparatorias de la entidad, resulta alarmante lo declarado por la funcionaria. Al parecer en bullyng, en sí mismo perverso y dañino, es ya el menor de los problemas, pues resulta que en muchos de los planteles educativos hay venta de droga e incluso prostitución. Resulta difícil comprender como es que llegamos a este nivel de descomposición.

La secretaria misma dijo una gran verdad: “nuestras escuelas son expresión de la sociedad”, es decir, lo que se vive al interno de los planteles es sólo un reflejo de lo que a gran escala se vive en la sociedad. Nuestros adolescentes y jóvenes sólo repiten los patrones aprendidos en la casa, en los medios de comunicación, en los videoguejos y en la calle, sólo proyectan hacia sus compañeros algo de la realidad que viven a diario.

El nivel de descomposición social que vivimos es grave y preocupante, suscita múltiples preguntas, pero sobre todo es un llamado para reconocer que lo hecho hasta ahora no ha dado buenos frutos. El reto, si queremos revertir el daño, es fortalecer la institución familiar y desde ahí emprender una profunda renovación del sistema educativo. Las escuelas son el segundo hogar de los estudiantes, pero la familia es la primer escuela. Ante un reto como este todos debemos sumar esfuerzos: gobierno, instituciones, iglesias, maestros y sociedad civil. Todos con un objetivo común: el fortalecimiento de la familia.

Son muchos los frentes que hay que atender, pero la prioridad es la familia. El gobierno en todos los niveles debe tener como prioridad el  fortalecer la institución familiar, pues es en el seno de la familia donde se aprenden los grandes valores de la vida, es la familia el espacio de amor y confianza donde el niño se abre por primera vez  a la realidad del mundo, donde conoce, de primera mano, cómo han de ser las relaciones entre las personas, cómo se deben de tratar a los demás. Se aprende a valorar lo que se tiene, a sacrificarse un poco en solidaridad con algún miembro de la familia que necesita mayor atención y cuidado. En fin, la familia es fuente de aprendizaje de aquellas cosas que verdaderamente valen la pena, porque son las que nos definen como personas.

Pero resulta cuestionante como hay políticas públicas que lejos de fortalecer a la familia pareciera que buscan destruirla, pensemos por ejemplo en las políticas de la secretaría de salud. La educación sexual que se imparte en las escuelas se reduce a la enseñanza de métodos anticonceptivos e incluso se reparte de manera indiscriminada gran cantidad de condones. Se les dice a los adolescentes que el único criterio que han de tomar en cuenta a la hora de decidir si tener relaciones sexuales o no es prevenir un embarazo y una enfermedad de transmisión sexual. Y qué decir de la publicidad expuesta en radio y televisión. “Si vas a  la fiesta, lleva globos”. Esa es la lógica, se trata a los adolescentes y jóvenes como si fueran seres irracionales incapaces de optar y que actúan movidos sólo por instintos, como seres incapaces de saber lo que es bueno y malo. Resulta insultante dicha publicidad, pues lejos de formar y educar, parece que sólo incita a mantener relaciones sexuales a toda costa.

La prueba más palpable de que esta política no está funcionando es el alto número de embarazos en adolescentes. La solución no es pues el repartir condones a diestra y siniestra, ni mucho menos es despenalizar el aborto y llenar nuestras ciudades de clínicas abortivas, como las que ya existen en la Ciudad de México, verdaderas clínicas de muerte en donde de manera indiscriminada se practican abortos, sin informar adecuadamente a las jóvenes de los múltiples riesgos físicos y psicológicos, que conlleva un procedimiento como ese.

Y qué decir de la venta de alcohol, por ejemplo, la forma tan ordinaria como se vende a niños y adolescentes, las tiendas oxxo, extra y similares, repartidas en cada esquina de nuestras ciudades son espacios de libre venta de alcohol. Pero resulta todavía más indignante saber que en los “carritos” apostados a las salidas de las escuelas igual pueden comprar unas papas que droga disfrazada de dulces. Son, pues, muchos los frentes que hay que atender desde el gobierno en orden a fortalecer la institución familiar. Otro gran tema es la misión que cada familia tiene en la formación sexual de sus hijos, en el uso del alcohol o en el cuidado que han de tener frente al tema de las drogas. ■

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