La ropa, otra forma de manifestación ante la realidad actual que se vive: diseñadora

La ropa, otra forma de manifestación ante la realidad actual que se vive: diseñadora
Liliana Hernández Luciana piensa que es importante dar el valor que tienen los objetos creados por las manos mágicas de artesanos ■ FOTOs: BENJAMIN CONTRERAS

■ Liliana Hernández ve en las prendas una vía para recuperar y difundir la riqueza de las tradiciones

■ Considera que el apoyo verdadero a artesanos locales es una manera de contribuir

Ante problemas sociales como la inseguridad, los aumentos de gasolina e impuestos, una forma de protestar, más que acudir a marchar o compartir en redes sociales, es hacerlo trabajando y rescatando sus raíces otomíes a través de la ropa, opina la diseñadora de modas, Liliana Hernández Luciana.

Ella considera que las prendas son una segunda piel y un discurso andante, y para protestar sobre esta crisis, lo mejor es trabajando por difundir la riqueza de sus tradiciones. Además de apoyar a aquellos artesanos, a los que no se valora su trabajo ni se les paga un precio justo por sus productos.

Para Liliana, la ropa y el diseño, han sido un medio de expresión, pues la creación ha sido su escaparate. “Ver a una persona en la calle es satisfactorio, incluso me dan ganas de preguntarle por qué adquirió esa prenda, y a través de eso puedo decir lo que siento y lo que soy”, dice la diseñadora.

Pero piensa que es importante dar el valor que tienen los objetos creados por las manos mágicas de artesanos y creadores, que impregnan en prendas y objetos, parte de su cosmogonía, sus creencias, sus raíces y su cultura.

Y se debe pagar el precio justo por horas de trabajo, el ingenio y la originalidad de una prenda bordada a mano. Estos factores deben valorarse y tener un precio que compense el trabajo, porque cada prenda es única, y se elabora con paciencia, pero sobre todo con amor.

Sin embargo, la necesidad, el hambre, lleva a las personas de pueblos originarios a la mancha urbana, a malbaratar su arte, pues piezas que llevan horas de trabajo, se venden en ocasiones en 100 pesos, por la urgencia de conseguir dinero para comer, comenta Liliana.

Esto se debe a que las piezas no tienen entrada a tiendas o establecimientos en donde puedan vender, o hay intermediarios que les compran sus objetos, y después aumentan el precio al triple de su costo.

Liliana aprendió a bordar y a coser prendas gracias a su abuela, y posteriormente en la escuela secundaria, estuvo en el taller de corte y confección. No sabía en ese entonces que se dedicaría esta profesión, sino hasta que le regalaron su primera máquina de coser cuando ingresó al bachillerato.

Con esa máquina comenzó a elaborar bolsas, carteras, monederos,  cosas pequeñas, pero se dio cuenta que podía venderlos, y sus familiares y amigos la apoyaban. Con eso tenía dinero para los gastos de su escuela.

Hernández estudió diseño en la Universidad Autónoma de Aguascalientes durante 4 años y medio. Los primeros trabajos que hacía eran juegos de baños, de cocina, luego paso a elaborar prendas de niño y caballero.

En Zacatecas hay un mercado más conservador en el sector varonil. Aunque hay quienes gustan de vestir a la moda, pero es un sector pequeño. El hombre es más básico, y busca prendas que sea duradera. Contario a las mujeres, pues gustan de la moda y colores, pero esto depende de la región.

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Liliana trabajó en Farben, la cual fue una de las primeras marcas de diseño zacatecano, con Héctor Méndez. Se abrió una tienda en 2012, y se amplió a Ciudad de México y en ciudades como Guadalajara.

En el estado, mucha gente no entendía este concepto, incluso hay quien le preguntaba si la ropa que elaboraba era de “segunda”, o de bazar. A partir de eso, nació La Feria de Diseño, cuya intención era crear un escaparate y que la gente conociera el concepto. Se invitó a diferentes marcas para hacer un bazar, y el primer evento se realizó en un café.

Después se detonó el diseño, el arte y la gastronomía. Ese proyecto fue punta de lanza para motivar a otros creadores y diseñadores a exponer y vender sus marcas. Se llegó a recibir más de 100 propuestas.

Liliana cuenta que estuvo 3 años en este proyecto, el cual llegó contar con participantes de Ciudad de México, Guadalajara, San Luis Potosí, entre otros. Y en una ocasión se llegó a tener hasta 70 participantes.

El evento se coordinó con el municipio al ver el impacto que tuvo. Por falta de tiempo, y por atender otras ocupaciones personales tuvo que dejar la feria el año pasado. Aunque quienes se quedaron planean seguir con ediciones de esta feria.

Liliana tiene una marca llamada Lili Luciano, y tiene actualmente dos colecciones. La última fue de bordados otomís, los cuales fueron bordados por su abuela, al cual llamó Tesoros, y en noviembre del año pasado, fue seleccionada como participante del Encuentro de Jóvenes artesanos y Diseñadores.

Permaneció 9 días entre Puebla, Ciudad de México y Oaxaca, donde aprendió el tema de creación de duplas. Actualmente tiene a un compañero de la cultura musga de Guerrero, con quien tiene un proyecto llamado Somare, que significa comadres en esa lengua.

La intención es rescatar la cosmovisión y difundirla, y apoyar a los artesanos para que den precios justos. Además de incluir sectores que no sean solo diseño de modas, sino otras áreas que dan identidad.

Lamentó que durante un tiempo, se perdió la identidad en algunas culturas, pues en su familia había pena por hablar Otomí, porque si los escuchaban hablar así les pegaban y eran obligados a hablar español.

“Pero se ha retomado voltear a las raíces, porque un mundo globalizado, nos ha hecho voltear a ver lo que tenemos y que podemos difundir y hacer algo con él. Y que no se pierda lo que nos enseñaron los abuelos, sus tradiciones y sus valores”, señala.

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