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2017. Año nuevo… savia nueva… tiempo de renovación

2017. Año nuevo… savia nueva… tiempo  de renovación

El Mirador de Heródoto

“Reivindico valores como la libertad y la justicia como un algo único, pues no hay libertad sin justicia, ni justicia sin libertad. Lo hago frente a la preponderancia aplastante del dinero, valor supremo por el que se miden y se valoran las cosas y las gentes. Reivindico la justicia y la libertad, porque reivindico la vida.

Reivindico a la humanidad en su sentido más amplio. Reivindico a los humanos y a la naturaleza, que nos acoge y de la que formamos parte.

Reivindico el realismo de soñar en un futuro donde la vida sea mejor y las relaciones más justas, más ricas y positivas, y siempre en paz.

Y sobre todo,… como un derecho que todo lo condiciona…,

reivindico el conocimiento como el pilar fundamental que nos sustenta

y que nos caracteriza positivamente como especie.”

Joan Manuel Serrat en ocasión  del Doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad Complutense de Madrid en 2009.

Las celebraciones de cualquier índole, son rituales que nos ayudan tanto a seguir viajando por la vida sin estancarnos en etapas, como a propiciar nuestra evolución como seres humanos.

El sociólogo Mauro Basaure señala que “en todas las culturas está presente el mirar hacia atrás y adelante”, y agrega que “es una necesidad antropológica parcializar el tiempo…, y que las cosas no solamente continúen, sino que haya un quiebre o reinicio.” Así se explica el surgimiento de la tradicional celebración en todo el mundo de la llegada del año nuevo. Desde luego, a modo de señal de identidad, los festejos y fechas son diferentes en cada área geográfica, según la cultura que florezca en el lugar.

Resulta interesante conocer datos sobre la historia y algunos de los significados que se le confieren a la llegada de un año nuevo, al cual frecuentemente se le representa como un bebé en pañales, portando gorro de fiesta y una banda impresa con el número del año, en tanto que al año que termina se le caracteriza como un anciano que trae una guadaña y un reloj de arena.

La noticia más antigua respecto a la celebración del año nuevo data de cuatro mil años atrás, en Babilonia. Dando un salto temporal gigantesco, recordamos que para los romanos el año iniciaba el día primero de marzo –todavía los nombres de septiembre, octubre, noviembre y diciembre evocan el número de orden que le correspondía a esos meses: siete, ocho, nueve y diez-.

El año nuevo que inicia el día 1 de enero fue instaurado en todos los países católicos en 1582 por el papa Gregorio XIII. Posteriormente, las restantes naciones fueron incorporando oficialmente el calendario gregoriano que considera un año civil con 12 meses de 30 y 31 días y un año bisiesto cada cuatro años. Los rusos fueron los últimos en adoptarlo en 1917.

Algunos países que no siguen la tradición mundial referente al inicio del año son los siguientes: Arabia Saudita, la India, Irán, Israel y China. Ellos se rigen por el calendario lunar –y de acuerdo a su posición se establece cuando finalizará el año- y no por el gregoriano, conjugando a lo anterior otras tradiciones específicas para cada uno de ellos.

En China el 1 de enero es un simple día festivo, sin embargo, la fiesta más importante en todo ese país es el Año Nuevo chino que se celebra entre el 21 de enero y el 20 de febrero. La celebración es grandiosa, paradigma de su cultura. Para ellos en este 2017 comienza el año del gallo.

Resulta obvio mencionar que en todos los países existen bellas tradiciones para recibir al año nuevo. En la República Mexicana, sede de un mosaico cultural, cada región tiene sus singularidades. En términos generales, puede decirse que se enlazan tradiciones ancestrales de origen prehispánico, con las de raíz española.

Entre estas últimas, muy arraigada está la costumbre consistente en que al sonar las 12 en punto del 31 de diciembre, o “noche vieja”, comemos las  12 uvas, representantes de 12 deseos, uno por cada mes. También forman parte del escenario, la sidra, los abrazos, la música, los juegos pirotécnicos. Algo típico al interior de las familias, es degustar a la mañana siguiente el “recalentado” lo cual permite que la fiesta se alargue hasta que se acabe la comida. Vale destacar el impulso que ha ido alcanzando esta celebración reforzado por el consumismo de nuestra sociedad actual.

Independientemente de lo anterior, este hito  resulta favorable para la renovación integral de la persona. Basaure señala que “Para el ser humano occidental es difícil funcionar sin propósitos, sin saber qué va a hacer en la vida. La determinación de hacer cosas le da un sentido al día a día. Uno no trabaja por trabajar, sino porque es parte de un plan mayor”

Y esa es nuestra tarea inicial en 2017, hacer planes de actividades orientadas al crecimiento personal con objetivos bien definidos, desafiantes, señalando las estrategias para lograrlos, evaluándolos periódicamente para asegurar su realización. En el proceso de existir, esa es una de las claves de un buen vivir dejando huella.

Feliz año 2017. En la UAZ el año que se inicia pondrá a prueba nuestra vocación universitaria. Saldremos adelante.

Así se observa el mundo desde El Mirador de Heródoto ■

 

*Docente investigador UAZ

[email protected]

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