La democracia en América: versión 2017

La democracia en América: versión 2017

“…ved cómo los pueblos retornan a la barbarie por el camino de la civilización”

Maurice Joly. Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu.

La obra de Alexis de Tocqueville, La democracia en América, es emblemática sobre el sistema de gobierno por excelencia en occidente. Se ha vuelto referencia obligada en casi todo estudio relativo al tema y, multicitada en materia de derecho constitucional, por describir lo que por dos siglos pensamos como el modelo infalible de democracia liberal en el mundo.

Sin embargo, lo primero que debemos anotar es que la América que describió Tocqueville en 1835 no solo ya no existe, sino que perdió sus aspectos más básicos.  Escribió el jurista francés en la introducción a su estudio: “Entre las cosas nuevas que durante mi permanencia en los Estados Unidos, han llamado mi atención, ninguna me sorprendió más que la igualdad de condiciones. Descubrí sin dificultad la influencia prodigiosa que ejerce este primer hecho sobre la marcha de la sociedad. Da al espíritu público cierta dirección, determinado giro a las leyes; a los gobernantes máximas nuevas, y costumbres particulares a los gobernados. Pronto reconocí que ese mismo hecho lleva su influencia mucho más allá de las costumbres políticas y de las leyes, y que no predomina menos sobre la sociedad civil que sobre el gobierno: crea opiniones, hace nacer sentimientos, sugiere usos y modifica todo lo que no es productivo. Así, pues, a medida que estudiaba la sociedad norteamericana, veía cada vez más, en la igualdad de condiciones, el hecho generador del que cada hecho particular parecía derivarse (…)”.

Según el diario global El País, en un artículo de enero de 2014, titulado “Las cifras de la desigualdad en Estados Unidos”, aún antes de la recesión de 2008, la realidad descrita por Tocqueville, ya era otra, pues para 2007 el 10% de los estadounidenses poseía casi tres cuartas partes de la riqueza (72.5%), el artículo cita, además un estudio de la Universidad de Yale y la de Berkeley de California, que reveló que entre 1979 y 2005, el 90% de la población de Estados Unidos, había visto reducidos sus ingresos en promedio, comparando el inicio del estudio con el último año del mismo.

Si confiamos en Tocqueville, y era éste el sistema (el de la relativa igualdad –pues hemos de obviar la que estriba en términos raciales, que nunca ha sido abatida y aún en el año en que se realizaba la descripción citada, la esclavitud era una “institución jurídica” con absoluta validez-), entonces tenemos una clara razón de dónde está la falla a este sistema centenario que ha sido el ejemplo a seguir para muchas democracias en otras latitudes del mundo.

Es evidente que entre los efectos de la desigualdad más claros está la fragmentación social, la desconfianza mutua y un ánimo de coraje e insatisfacción que no son sencillos de controlar desde las instituciones, pues no hay remedio inmediato y en cambio sí ofertas de inversión para que, en algún punto, las próximas generaciones tengan una “esperanza” (admitamos que hasta ahí puede llegar aún la posibilidad) de mejora.

El efecto Trump, está claro, es un fenómeno directamente relacionado con todo lo anterior, pero también alimentado por la clara distancia, desconfianza y franco rechazo de la ciudadanía a la clase política, así como la tentación del populismo, que han brotado en la tierra que parecía inmune a tales efectos. Lejos de hacer un juicio sobre sí la vacuna ha fallado por el fracaso de las promesas de la democracia liberal y el capitalismo en la época de la globalización, es evidente que se ha agotado la admiración al entramado jurídico-político que inspiró a América Latina a decantarse por las democracias constitucionales, y a la Europa a seguir ese mismo camino en el siglo XIX.

Si bien es cierto, ha quedado demostrado que el modelo de Colegio Electoral, ha traicionado el valor que buscaba preservar, que era el de una democracia funcional y racional, pues una amplia mayoría de ciudadanos de Estados Unidos, votó por la opción contraria a Trump, también habrá que asumir que la votación que obtuvo éste último, no puede ignorarse solo por aquél hecho, pues es en sí, una mayoría en no pocos Estados, e incluso, una muestra bastante amplia de lo que ha significado ya el fin de una era: la de la ejemplaridad del sistema democrático “gringo”. ■

 

@CarlosETorres_

*Miembro de Impacto Legislativo, OSC parte de la Red por la Rendición de Cuentas.

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