JuanGa y las formas de la emoción popular

JuanGa y las formas de la emoción popular

¿Por qué hay ciertos cantantes que se convierten en fenómenos de masas y otros no? ¿Qué hace que algunos personajes del espectáculo arrastren multitudes a sus presentaciones y a la compra de su producción? Algunos podrán responder en el sentido de que la industria del espectáculo fabrica dichos personajes, los hace famosos y, por ello, tienen el arrastre al que nos referimos. Y en algunos casos puede ser que así sea. Sin embargo, en otros, parece que además de haber pasado por las luces de la industria del espectáculo, también son resonadores auténticos de la cultura popular, que tienen su origen en los barrios urbanos o localidades rurales y luego se convierten en expresiones musicales de la cultura que absorbieron en la vida cotidiana de su infancia y juventud. Es el caso de Javier Solís o Tin Tan o Pedro Infante. Que en el cine hacían personajes del pueblo: panaderos, mecánicos, carpinteros y otros oficios en los cuales se ganaban la vida. Es justo en esos lugares donde se extiende el consumo de cultura popular: se escuchan sus canciones en loncherías, camiones urbanos, talleres mecánicos, tiendas de abarrotes o los tiempos del quehacer doméstico. Mientras se trapea, barre o se tienden las camas, suena la radio o el disco por toda la casa. A diferencia de los espacios para la música de la llamada ‘música culta’, que se especializa más a salas de conciertos o espacios más serenos, como oficinas o bibliotecas privadas. Es poco probable escuchar una pieza de ópera en la tortillería del barrio.

Es justo el caso de Juan Gabriel. Ya convertido en mito. No hay quien no lo conozca ni quien ignore sus canciones. Todos tienen algún tipo de recuerdo al escuchar su música. Sino es en relación con el contenido de la misma, es por lo menos de coincidencia ocasional; como en mi caso, que al escuchar algunas de sus melodías viene a mi mente las visitas en mi infancia a la casa de mi abuela que lo escuchaba en un programa titulado Siempre en Domingo. Pero se escucha en todos lados, es casi omnipresente. Por ello tiene fuerza tanto para expresar, como para educar las formas sentimentales de los mexicanos. Juan Gabriel es especialmente lírico, y no sólo por la explosión de sentimientos (que llega a ser sentimentalismo), sino porque su canal comunicativo más que las letras es el arreglo musical, es decir, si observamos la letra de sus canciones y la dejamos a la pura lectura, veremos párrafos con muy poco valor poético; pero al escucharlas con sus arreglos musicales caemos en la cuenta en por qué sus canciones son tan seductoras para la gente. El poder de atracción de las canciones de Juan Gabriel está en sus arreglos  y en la simplicidad de sus letras. Y en las mil 800 canciones que produjo y los 100 millones de discos que vendió, se ve la presencia decisiva en la cultura popular. Desborda emociones a través de ritmos contagiosos. Aunque es notorio que su música no es sólo de consumo popular, las élites la escuchan en sus fiestas y hogares. Comparte créditos con la Sonora Santanera o los Cadetes de Linares en el gusto de las masas, pero igualmente forma la sensibilidad así llamada ‘romantica’ de la balada que México exporta con mucho éxito comercial a Centroamérica y Estados Unidos.

La persona del personaje también es un acontecimiento apropiado por la imaginación popular, como el héroe que logra salir de la miseria de la infancia y se vuelve exitoso por vía de su talento. Y además, porque se convirtió en el relajo popular el ícono del homosexual al que se le hacían chistes y mofas. Pero se le admiraba. Por ello, contribuyó a chocar y cuestionar los prejuicios de la vieja mentalidad homofóbica, porque no había como ignorar o marginar a este personaje. Entre el chiste y la burla, se aceptaba que era admirable su llegada al éxito. Aunque fue un tema que nunca se trató de forma franca, por ello su explosión en el relajo, que era espacio formalmente subterráneo. Su vida privada fue cuidada y oculta a la mirada pública. Era un secreto a voces chirriantes de bulla.

Como se trataba de un personaje que creció al amparo de la industria del espectáculo (sin negar su arraigo auténticamente popular), se ganó cierto descredito ante las miradas de la intelectualidad mexicana. Que siempre hace gala de poses en contra de la música de espectáculo. Aunque Monsiváis logró verlo de mejor manera, así como logró mirar la lucha libre, los salones de baile llenos de cumbias y grupos norteños, las cantinas, las ferias, los burdeles, el cine mexicano, las carpas, y las crónicas cantadas de Chava Flores. Por ello, debemos ver la historia y el significado de Juan Gabriel articulado con todo el conjunto de personajes que configuran la música popular mexicana; el que sin duda, ocupa un lugar muy importante en el gusto del consumo musical que, seguramente ya se hizo clásico. ■

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