Democratización, rendición de cuentas y gobernanza

Democratización, rendición de cuentas y gobernanza

(última parte)

Si bien, durante y luego del proceso de transición a la democracia, se consideró como un efecto positivo de la democratización, la participación ciudadana en los procesos electorales, su interés e involucramiento en la defensa del voto, así como la expresión de sus simpatías o rechazos al momento de ejercer su derecho político al sufragio, hoy esto no es suficiente, y parece ya una participación limitada, con la cual no basta.

Es la intervención permanente de los actores no estatales la que permitirá la diferencia. En este sentido la gobernanza es un concepto oportuno para desarrollar una dinámica que permita mantener al Estado la tarea de gobernar, y a la iniciativa privada y sector social, participar en este proceso sin asumir responsabilidades ni un papel que no le corresponde, y que al contrario, las desvirtuarían.

Un papel que no desvirtuaría el rol que juega la ciudadanía (sea iniciativa privada u organización social), es la de ser el motor y centro del diseño, la implementación, evaluación y rencauzamiento de las políticas públicas. Coincidamos: uno de los principales problemas que encontramos en éstas es su temporalidad ligada a los períodos de los gobiernos que las proponen. No hay pues, políticas públicas de Estado, sino solo políticas públicas de gobierno. Esto se explica porque los actores políticos que encabezan las administraciones se van o juegan papeles de diverso peso político entre uno y otro período de gobierno ¿Qué es lo constante? La sociedad. Los políticos (funcionarios), pueden ser sustituidos de un día a otro, dependiendo de una especie de “fortuna” o “suerte” (para darle términos simples y llanos), pero la sociedad, como ente colectivo permanece. Luego entonces, es ahí el centro que deberían tener nuestras políticas públicas con la finalidad de que no estén limitadas a períodos, sino a resultados.

Cito a Eugenio Lahera Parada, en Introducción a las Políticas Públicas: “En algunos análisis el Estado aparece como el responsable de determinar por sí solo las políticas a seguir y debería ser también su único ejecutor. Para cumplirlas solo podría utilizar los métodos tradicionales ya conocidos en el pasado y la única evaluación posible serían las elecciones. Esta visión es consistente con algunos supuestos sobre el gobierno como entidad con unidad de propósito, con la mayor cantidad de instrumentos posibles, una habilidad perfecta para comprometer acciones y recursos y una clara función-objetivo: la maximización del bien público. Estos supuestos son irreales. (…) las políticas públicas se caracterizan por la diversidad de agentes y recursos que intervienen en su cumplimiento. (…) los medios con los que el sector público cumple sus objetivos, han variado.”

La visión que pone en el centro de las políticas públicas al Estado, a través de cualquiera de sus órganos parece no estar dando los frutos que esperábamos. Por eso, habría que encontrar las fórmulas que nos permitan insertar, con independencia real y autonomía, a la sociedad civil.

Volviendo a Luis F. Aguilar (Gobernanza: el nuevo proceso de Gobernar), “el gobierno es un agente de dirección necesario, pero insuficiente”. Se requiere sí de él, su profesionalización y su organización sistemática, pero los fenómenos y problemáticas sociales hoy, lo han superado con todo y que pueda ser eficiente y eficaz.

No solo eso, el contexto le ha mermado legitimidad y lo ha puesto a prueba en su forma más bondadosa: la del gobierno democrático. Pero con la creatividad y visión necesaria, ésta puede ser más una oportunidad que el anuncio de una desgracia.

Volviendo a Lahera Parada: “La comunidad en la que se encuentra el origen de poder democrático, legítimamente busca ejercerlo también en este terreno; las personas se interesan y participan en la solución de sus inquietudes (…) De ese modo, el gobierno, sin menoscabo de sus funciones de regulación, control y evaluación, puede utilizar mejor la capacidad de gobernar, que es un bien escaso y liberar recursos para concentrarlos en sus tareas principales. La integración de los esfuerzos estatales y privados para servir algún fin público (…) lleva a resultados superiores, tanto desde un punto de vista cuantitativo como cualitativo, ya que permite aumentar la participación y la transparencia”.

Cierro estas reflexiones citando a Aguilar: “(…) la gobernanza es un concepto post gubernamental más que antigubernamental de gobernar y quiere significar un nuevo proceso directivo, en tanto la definición y efectuación de los objetivos sociales es resultado de un nuevo tipo de relación entre gobierno y sociedad, que no es dominado por gobierno y que, por ello, tampoco puede ser en modo de mando y control, dada la independencia política de los actores sociales y su fuerza relativa en virtud de los recursos que poseen y de los que el gobierno carece”.

Ha llegado pues, el momento de replantearnos nuestras metas institucionales y sociales. Ni las posturas anti-gobierno, ni las posturas pro-gobierno, son suficientes. El justo medio está ahí y promete mejores resultados. ■

 

*Miembro de Impacto Legislativo, OSC parte

de la Red por la Rendición de Cuentas.

@CarlosETorres_

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