¿Percepción o realidad?

¿Percepción o realidad?

Un sexenio llega a su fin e inevitablemente es tiempo de evaluar, todos de un modo u otro lo hacemos. El ejecutivo lo hace presentando su informe de gobierno, muy a su estilo y con los usos y protocolos de la política mexicana. Los ciudadanos tenemos otra manera de evaluar ¿cuál? La vida cotidiana, el ir y venir ordinario de nuestras vidas en los  pueblos y ciudades del estado. La cuestión es que parece que una evaluación resulta diametralmente distinta a la otra, y podemos preguntarnos si se trata sólo de una manera diferente de percibir la realidad o si efectivamente la realidad es distinta.

Y es que a veces pareciera que nuestros gobernantes viven ajenos a la realidad, se crea en torno a ellos una burbuja impenetrable, de modo que se vuelven incapaces de ver más allá  de esa diminuta esfera que les rodea. No todo es su culpa, pues viven rodeados de un equipo de gente que no hace otra cosa que tirarse al piso para que los pisen, de modo que la tierra y el lodo ni siquiera rozan los zapatos del gobernante. Comúnmente decimos que “han perdido el piso”, expresión que indica el grado de ausencia en el que viven la mayoría de nuestros gobernantes.

Esto lo digo porque contrasta el tono triunfalista de los spot del gobierno con la realidad que viven la mayoría de los zacatecanos, el titular del Ejecutivo habla de logros y metas cumplidas, describe un Estado seguro y próspero, cifras nunca antes alcanzadas, etc., pero la gente percibe otra cosa. Las historias de violencia siguen estando presentes en muchos de nuestros municipios, los levantones, las extorsiones, la venta de droga y las balaceras siguen siendo, por desgracia, el pan cotidiano. ¿Falta de una cultura de la denuncia? Tal vez. Pero lo que sí es seguro es el miedo con el que vive la gente y el grado tan alto de desconfianza en las autoridades, situación no espontánea, sino fruto de la impunidad y en muchas ocasiones de la complicidad entre las corporaciones policiacas y los grupos delictivos. Y esto hablando sólo de la seguridad, pero en los demás rubros la historia se repite. Qué decir del empleo, de la salud, de la educación, del campo, de la migración, cuestiones todas en las que la realidad cotidiana no coincide con las cifras oficiales.

¿El problema es entonces sólo de percepción? Tal vez los ciudadanos somos injustos por tener una mala percepción, por no ver lo que el gobierno ve y anuncia con tanto entusiasmo. Pero si fuera el caso, entonces los spots, los espectaculares y las bardas pintadas bastarían para generar esa buena percepción que el gobierno espera. La realidad es que no es así. Y lo peor es que pareciera que nos hemos acostumbrado a que las cosas sean de esta manera.

Existe una profunda desilusión de los ciudadanos frente al trabajo de sus autoridades, es conversación común las promesas incumplidas de los gobernantes, pero es igualmente común el sentimiento de que así son las cosas y nunca podrán cambiar. Tal vez sea la impotencia que se siente ante la corrupción y la impunidad o el pesimismo vuelto indiferencia ante el incumplimiento reiterado de las promesas. Un reflejo de esta indiferencia es el índice de votación en la última elección. En la elección para gobernador sólo un poco más de la mitad de los zacatecanos en edad de votar acudió a las urnas, el 58% . Y resulta preocupante que muchas de las elecciones tengan que resolverse en los tribunales, quedando la democracia a merced de la interpretación subjetiva de la ley que hacen algunos ciudadanos.

Al parecer las candidaturas ciudadanas tampoco fueron lo que se esperaba, quedó demostrado que no basta con argumentar en contra de los políticos o de los partidos, eso puede funcionar al principio, pero la verdad es que nos quedaron a deber. Pero esto no significa que para los ciudadanos las opciones se hayan agotado. La realidad es que cada mañana la mayoría de ciudadanos en Zacatecas inicia su jornada al amanecer: Abren sus negocios, van al campo, ponen en venta sus mercancías, inician la obra, conducen el autobús, manejan el taxi, imparten clases en las escuelas, atienden a los enfermos en los hospitales, barren las calles, transportan mercancías, en fin; gente que sí gana el pan con el sudor de su frente. Literal.

Este es el verdadero Zacatecas, el de gente buena y trabajadora, honesta y con deseos de salir adelante, la gente que hace vida aquello de que el “trabajo lo vence todo”, según reza en nuestro escudo. No es entonces un problema de percepción, la realidad está ahí interpelando día con día, el problema radica en la insensibilidad e incapacidad de nuestros gobernantes para ubicarse en esta realidad y no en la de las estadísticas y proyecciones matemáticas. Gobernantes capaces de sentirse pueblo y no una raza escogida por los dioses para mandar sobre los demás, gobernantes sencillos capaces de trabajar con y por su gente, buscando transformar de raíz la situaciones de pobreza, violencia y desempleo que vive la población y no simplemente aplicar paliativos con sus políticas asistencialistas generadoras de mayor pobreza y precariedad. ■

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