¡Hagamos algo!

¡Hagamos algo!
Jan Nimmo. Miguel Angel Jiménez Blanco. Escocia.

Un día me fanaticé con el tango y decidí que si quería profundizar en el género en su forma más auténtica, tenía que mudarme hasta el lugar en que surgió: la región rioplatense; así que decidí mudarme a Buenos Aires. Con el afán de comprender todo sobre el tango, comencé a adentrarme en la historia de Argentina. Desde mi llegada a este país empecé a involucrarme en lo que pasa a mi alrededor, a entender la lucha social de estos pueblos del sur, que no resulta ser muy distinta a la de mi país.

Hay una historia de afecto importante entre México y Argentina. Comencé a emocionarme con una sociedad que no calla. Me impacta por ejemplo que acá un jovencito de catorce años tenga una opinión política con argumentos sólidos para defenderla, en una sociedad que lo discute todo, que no tiene reparo en expresar lo que piensa y que lucha por una vida mejor; ésta es una sociedad que, en materia de derechos humanos, no se cansa de exigir la verdad, la justicia y la reparación de los daños.

En el año 2012 comenzó mi indignación mayor: un cúmulo de noticias sobre mi país, una más indignante que la otra, me sonaban muy parecidas a los acontecimientos ocurridos en las dictaduras en el sur del continente durante los años 70. Ayotzinapa, la gota que derramó el vaso.

Las preguntas de ¿cómo puede repetirse la historia?, ¿cómo se puede tolerar la impunidad?, ¿qué es lo que no hemos aprendido?, rondaron mi cabeza hasta que no pude más y por primera vez asistí a una marcha, organizada acá por otros paisanos con la misma indignación. Me hizo bien momentáneamente, pero al cabo de unos días mi malestar volvió. Luego me di cuenta que mi forma de contribuir es otra, es desde el arte, que es a lo que me dedico.

Una tarde, en un café porteño se lo comenté a mi amiga Marina Combis, periodista y editora, quien vivió un tiempo en México. Le pregunté qué podía hacer con esta angustia, qué podía hacer yo por los 43 estudiantes normalistas, por sus familias, sus conocidos, y por las miles de personas que ellos representan. Ella me miró y me dijo: “Yo también amo a México. ¡Hagamos algo!”.

Desde ese momento empezamos ella, Miguel Aguilar Dorado –desde Zacatecas- y yo, a transformar esos sentimientos de indignación e impotencia organizando un evento multidisciplinario que involucrará a intelectuales, personalidades de derechos humanos y de la cultura de ambos países y que se llevará a cabo el 30 de septiembre en la Cúpula, en el Centro Cultural Kirchner, en la ciudad de Buenos Aires. Bajo el lema “Nuestra lucha es por estar vivos”, iniciaremos una jornada de debate y reflexión a un año de la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Cuento para ello también con mis amigos músicos, algunos de ellos provenientes de Japón, Colombia, Ucrania, Cuba, Corea e Italia. Todos reunidos en un acto artístico solidario a un año de la desaparición forzada de los 43 jóvenes estudiantes, para hacer más visible lo que pasa en México. Participaremos en este reclamo por la verdad y la justicia en México, para no dejar que el horror nos paralice, para no olvidar. Creo que hay infinitas formas de sacarse el malestar y transformarlo en algo positivo. Por ahora, ésta es la forma que encontré para aliviar mi dolor… y me siento acompañada.

 

* Violinista zacatecana, integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina.

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