(In)¡Feliz (violenta) Navidad!

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Los sucesos de las últimas semanas, expresión de la crisis neoliberal que hunde a México, país asolado por el régimen de un PRI, puesto al servicio de la decadencia neoliberal, por el secretario Videgaray, cuya obtusidad insiste en prorrogarla desde la Secretaría de Hacienda, con sus neoliberales sugerencias de política. El transcurso del sexenio de Peña Nieto, muestra una película por todos conocida: promesas y metas, incumplidas o inconexas, mediante la privatización de lo público como constante, a pesar del esfuerzo institucional desarrollado por los mexicanos que trabajan en reproducir al país, conservarlo y hacer contrapeso a la proliferación del modelo de guerra, al que ya se recurre en varias regiones de la nación, como salida. Al final, todo se abona a la  estrategia neoliberal, fallida sexenios antes, aún impuesta para medrar desde la influencia y el poder a favor de los privados, sexenales o no; ya ricos o aspirantes a serlo en el menor tiempo posible, prestos a recoger las migas del ascenso ajeno desde cualquier posición política que contribuya a mediatizar a las mayorías ciudadanas, cuya condición social, política y económica soporta las distintas formas de explotación, cuando menos para no morir de hambre. Otra explotación, agudizada junto a la económica, social y política, es la cultural: hacer y ser basura neoliberal. ¿Cómo enfrentarla? Igual: desde abajo y desde afuera, hacia dentro y hacia arriba, la lucha contra el abuso y cualquier tipo de explotación inicia en los márgenes, eso enseña Ayozinapa: su lucha estalló con la desaparición, tortura, muerte, luto, tristeza, dolor, la doblez y mentira institucional, para desafiar y enfrentarse a la muerte cultural y mostrar e insistir en una existencia abierta a sus propias posibilidades que son muchas, por su convicción popular y comunitaria. Las heridas, la muerte y el dolor los cohesiona; de ahí parten para levantar la voz, oponerse a la agresión y exigir que sus derechos humanos, sociales, políticos y culturales, se respetados por una política y una economía abusivas, hechas trizas para que sea mayor la dificultad de enfrentarlas e intervenirlas.

La política de Peña Nieto, ¿cómo afecta a los mexicanos, clase media baja y a los más pobres? ¿Cómo y en qué les pega el descontrol de la economía? ¿Cuánto tiempo durará la cobertura en dólares adquirida por Videgaray, escudo de paja ante la nueva embestida neoliberal, desatada por la avizorada mejora económica en EU, que lanzó a emigrar al capital golondrino? ¿Cuánto va a durar la fortaleza de papel de Videgaray, después de entregar el petróleo a la privatización? La mansión blanca y la mansión azul, ¿cuánto se revalúan, en la actual debacle? ¿Dólar a más de 15 pesos? ¿Eso hará sonreír al ministro, en su mansión de Malinalco?

Particularidades aparte de su larga noche política, el modelo neoliberal que el régimen implantó en México e insiste en sostener, conlleva un asunto cultural: A toda costa, con él se busca fragmentar a los mexicanos, su concepción del mundo y su sociedad, en pos de una modernidad tan postmoderna en la que el consumo de incultura o de cultura oficial sea la panacea para controlar lo imposible: el deseo. Por y para ello, vale   preguntar, ¿cuál es el deseo de todos? En él, el juego, el acceso y el control de la tecnología, están de por medio y de los mass media se pasa al Twitter, cuyo carácter lo transforma en sujeto por lo selectivo de dicha comunicación. ¿Existe otra libertad, más allá de la que se tiene ante los ojos y oídos y con los dedos se manipula todo el día, el ítem y el sentido, deseados? Aunque las consecuencias de eso varían, ¿qué tendencia cultural se abre camino o prevalece de manera objetiva a través de ese modo de vivir la subjetividad? Entretenimiento v/s pensamiento, juego personal y satisfacción individual, impactan lo político – social,  ¿con qué consecuencias? Esa cultura subjetiva “nova”, si objetivamente apuntala o sirve a una orientación política, ¿cuál será: democrática, autoritaria, “personal”, ninguna deliberada? Si de usar el celular así, se llega a un compromiso imaginario y su expresión alcanza a los contactos, ese motivo no – anónimo, deviene en interpersonal – social y político al vivirse como evento cultural – digital, hasta sin pensar, ni rebasar el entorno y sus peculiares grupos, marcados por la eventualidad y el anonimato, ¿al condensarse supera lo anterior? Esta tendencia, más allá del esparcimiento o consumo de tiempo libre, en pos incluso de luchar por la liberación política es algo sabido y usual, en México y Zacatecas así se convoca a asistir a una eventual movilización: ¿ocasión de contacto real? Las consecuencias políticas pro democráticas de eso, ¿dan “piso” o “impulso” con suficiente fuerza y significación para impactar en sentido democrático las elecciones del año entrante, por ejemplo? Sin asegurar nada, ¿ese actuar de coyuntura, se manifestará como organización eventualmente política de individuos? ■

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