Pan Lulú, comercio presente en la Fenaza desde hace 36 años: propietaria

Pan Lulú, comercio presente en la Fenaza desde hace 36 años: propietaria

■ María de Lourdes Ferreira González comenzó el oficio de la repostería desde los 18 años

■ Doña Lulú dice, le han pedido franquicias pero “no lo he hecho por agradecimiento”

Desde los 18 años, María de Lourdes Ferreira González hace repostería. Nacida en Guadalajara, su experiencia como migrante hace alrededor de 38 años, cambió su destino al trabajar en San Diego, California con un oftalmólogo ruso a quien cuidó en sus últimos meses de vida.

El médico enseñó a Doña Lulú lo necesario respecto a la proteína natural, “él me puso a estudiar, ahí fue donde yo aprendí sobre la harina de soya, el amaranto, a resecarlo con el salvado (de trigo), y de esa manera salió el pan de soya”.

Su conocimiento en la elaboración de pasteles y la información proporcionada por Don Salomón, derivaría en un pan que cuenta ya con marca registrada y que los zacatecanos consumen desde hace 36 años en cada emisión de la Feria Nacional de Zacatecas.

Detrás del aspecto técnico de un producto 100 por ciento natural, que genera filas y filas de clientes para comprar sus seis variantes: manzana con nuez, membrillo con nuez, guayaba con nuez (las primeras en proponerse hace años), mismas combinaciones aderezadas con coco rallado, y recientemente el de cajeta con nuez; existe un trasfondo de enseñanza que incorporó Doña Lulú a su vida.

Recién muerto el médico y encontrándose sola en casa de los que entonces eran sus patrones, pues justo había salido la familia a enterrar el cuerpo del que fuera su mentor, la joven María de Lourdes encontró, haciendo limpieza de un paragüero, una bolsa con dinero.

“Y entiendo perfectamente que es el dinero que la señora había perdido y por lo que tanto se había enojado Don Salomón”.

Al encontrarse una cantidad de dinero que dice, ni siquiera supo cuánta “porque era mucho para mí”, pensó llevársela y en todo lo que iba a poder hacer con ella. “Pero pensé que a la gente buena no se podía traicionar, al contrario. Entonces cuando llegan ellos yo se los entrego pero después de una noche de estar pensando en llevármelo”.

Ese acto es el auténtico origen del Pan Lulú, y de la filosofía de vida de la que dice ser sólo una encargada, pues son sus hijas quienes ostentan legalmente la propiedad del producto que lleva a nueve estados de la República.

Después de entregado el dinero, fue recompensada con una cantidad con la que compró un horno, un espiguero, una tina para amasar, mismos que después de 38 años todavía conserva. Sólo el horno ha sido sustituido por modelos más recientes.

 

Disciplina y respeto

Mientras se espera en la fila, es observable la organización del trabajo para producir el Pan Lulú. Es como el funcionamiento de un reloj suizo, no hay choques ni dubitaciones, el proceso de 12 pasos para producirlo se realiza prácticamente sin intercambio de palabras.

Lo que no se ve, ocurre en alrededor de mes y medio en que no gira la empresa en las ferias regionales,  tiempo en que María de Lourdes Ferreira se ocupa en la selección de las frutas: manzana, membrillo y guayaba, que compra también en la región, donde le ofrezcan mejor calidad y el precio.

“Nosotros tenemos la responsabilidad de ofrecer una buena calidad, entonces tenemos que empezar desde abajo y eso es comprando y deshidratando la fruta. Así cuando no es tiempo de membrillo como diciembre, enero, febrero yo sí tengo, ya nada más lo hervimos, lo molemos con miel de colmena y va para el trabajo…”.

Lulú Ferreira dice ser exageradamente estricta con sus trabajadores “pero no diciéndoles lo que van a hacer sino enseñándoles lo que debemos hacer. Yo soy la que debo dar el ejemplo: soy la primera que me levanto y la última que me acuesto, pero igual si hay un papel tirado lo tengo que levantar,  como lo levanten ellos”.

Agrega, hay cosas en el ambiente de trabajo que no se permiten: jugar, vacilar, trabajar sin lavarse las manos, “muchas cosas de desorden no, aquí hay mucho respeto entre nosotros mismos. Para mí son como mis hijos pero hay que cuidarlos. El trabajador que llega aquí y quiere ser parte de negocio se hace parte del negocio, el que no, pues es un trabajador que entra y sale nada más…”.

Ese cuidado incluye estímulos para sus trabajadores como viajes a Cancún y Puerto Vallarta, entre otros destinos. Sergio, quien le acompaña desde hace 12 años y es el trabajador con mayor antigüedad en Pan Lulú, ha ido incluso a Cuba.

“El negocio les paga mucho mejor que fuera, se los lleva de vacaciones (…) ¿por qué no les da el dinero y por qué les da un viaje a Cancún? Para que ellos disfruten y el dinero no lo gasten sin disfrutar. Para que sepan que se puede trabajar y tener una ganancia económica, se puede conocer, ¿y por qué no? También ser atendidos como toda la gente. Que conozcan el mundo diferente de trabajador y patrón. Entonces vamos conociendo el mundo juntos…”.

 

Los ingredientes secretos: agradecimiento y honestidad

Las jornadas para Doña Lulú y sus seis trabajadores, empiezan alrededor de las 10 horas y  culminan a las tres horas. En estas jornadas pueden procesarse hasta 250 kilos de harina de soya.

“Es un pan tardado, todo lo hago yo porque no queremos meter maquinaria para no cambiar ni matar proteínas, ni cambiar el sabor del pan…”.

Otra cosa que no ha querido hacer es abrir establecimientos fijos. Ya le han pedido franquicias de Pan Lulú pero “no lo he hecho por agradecimiento a la gente que me hizo de siempre”.

Se refiere a las personas que ahora, porque al principio no siempre fue así, hacen esas largas filas en las ferias de Guadalajara, Querétaro, Nayarit, Guanajuato, Zacatecas, entre otros estados.

El secreto de la receta del pan y de la vida para Doña Lulú es este: “necesitamos solamente ser honestos con nosotros mismos y agradecerle a Dios. Y saber que el mundo no es de nosotros, que el mundo es para compartir y si compartimos somos felices y aprendemos. Entonces cometes errores y sufres poquito pero aprendes. Pero si vas de la mano de Dios ¿Dónde está el problema?”

Ella dice aprendió esto de la gente y de sí misma, “no podemos vivir sin ser agradecidos, sin regalar una sonrisa, sin mirar a los ojos. No podemos vivir de esa manera, tenemos que romper el estatus de vida que tenemos de maldad, de egoísmo. Eso ya no… lo de la demás gente no sé ni me interesa tampoco. Pero si yo lo hago a la mejor un día mucha gente lo va a hacer… entonces vamos dando cariño, vamos dando amor, de esa manera le agradecemos a Dios todo…”.

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