Movimiento magisterial y carrancismo actual

Movimiento magisterial y carrancismo actual

El movimiento social se ha visto impotente para detener el avance de los cambios que desmontan los frutos de la Revolución Mexicana. Y uno de los motivos por los cuales ocurre la impotencia es la pérdida de la independencia del movimiento al ser abrazado e instrumentalizado por los partidos políticos. Así pasó con El Barzón, con los diferentes Frentes Populares, los electricistas, y el enorme movimiento magisterial. Hace unos años, cuando recién nació el Movimiento Democrático Magisterial del Estado de Zacatecas (MDMZ) generó enormes expectativas respecto a sus posibilidades de generar un sujeto colectivo que lograra hacer cambios importantes en el modelo educativo de la entidad.

Pero esta expectativa se fue a la basura  porque los líderes se afiliaron al PRD, con lo cual, terminaron olvidando el proyecto educativo original. Con las luchas intestinas propias de este esquema organizativo, el movimiento terminó dividido y debilitado. Ahora, con la manifestación de ayer, en la fecha simbólica que reivindica los motivos hondos que lanzaron al pueblo a la lucha armada a principio del siglo pasado, los contingentes sociales salieron a las calles; pero gran parte de la base social manifestó su sorpresa  porque, de pronto, los líderes de los partidos de izquierda se acomodaron en la vanguardia de la marcha. La izquierda y la oposición está en la lona, y si quiere reconstruir su fuerza debe atender a métodos más abiertos y francos, donde planteen estrategias que impulsen la alianza (como se requiere) con el movimiento social, pero respetando su autonomía.

Y dicho respeto pasa por no sorprender y treparse en eventos organizados por líderes sin ambiciones político-electorales. Es decir, pasa por revisar a fondo sus métodos de acumulación de fuerzas. Porque las conductas de ayer, al final del día, sólo restan. El saldo es el avance de los carrancistas de la política actual. Y los carrancistas entregan las banderas de los sectores populares a los intereses de la oligarquía. Recordemos un caso de la historia de Zacateras:

El Zacatecas de principios de siglo tenía 460 mil habitantes, era una población básicamente rural, 73 % eran peones y sólo 15 % sabía escribir. Todo el país había heredado una estructura agraria desde la Colonia: el latifundio. Por ello, la principal bandera de la lucha era el reparto de tierra como eje para lograr la justicia social.

Pues bien, cuando entró Pánfilo Natera como gobernador en 1940, detuvo el reparto agrario que años atrás había iniciado con cierta fuerza, en obediencia a Ávila Camacho. Natera terminó aliado a la vieja oligarquía terrateniente del estado y los ideales de la Revolución fueron traicionados. Esto significa que cuando el movimiento se somete a líderes que tienen como finalidad central la toma o conservación del poder, las hondas banderas sociales son entregadas al rival. En otras palabras: el movimiento no debe perder su independencia, aun cuando haga alianzas. Y la regla de oro de la autonomía es poner todos los acuerdos sobre la mesa de todos los actores y no sorprender a nadie. De esta manera, el espíritu del villismo y zapatismo contemporáneo sobrevivirán a la suplantación histórica de la que fueron objeto.

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