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viernes, 4 julio, 2025
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Proliferan en EU muertes por sobredosis de opiáceos recetados

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Por: La Jornada • Admin •

Nueva York. Si Sean Penn estaba buscando al malo de la película en el mundo de los narcóticos y sus guerras, podría haber mejor, y más cómodamente, entrevistado a un ejecutivo en jefe de una empresa farmacéutica en una oficina de lujo en Estados Unidos que a un capo fugitivo en alguna parte de la sierra mexicana.

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Los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y la oficina antinarcóticos de la Casa Blanca alertaron este mes que “Estados Unidos está padeciendo una epidemia de muertes por sobredosis de drogas (envenenamiento)”, y que la mayoría de estas son resultado del abuso de opiáceos incluyendo la heroína. Pero resulta que una gran mayoría de estas víctimas primero fueron o son aun adictos a opiáceos fabricados y recetados legalmente por médicos en este país, los cuales en muchos casos llevan al uso de la heroína ilícita.

Según las CDC, la agencia federal encargada de control de enfermedades, entre 2000 y 2014 (las cifras oficiales más recientes) la tasa de muertes relacionadas con sobredosis de opiáceos –principalmente analgésicos y heroína- se ha triplicado. En 2014, los opiáceos estaban relacionados con la muerte de 28 mil 647 personas –la gran mayoría por analgésicos recetados. Eso es el 61 por ciento del total de muertes por sobredosis de todo tipo de drogas ese año: 47 mil 055, el equivalente de unas 125 personas diarias, marcando un nuevo récord anual.

Entre 2000 y 2014 casi medio millón de personas han fallecido por sobredosis de drogas en este país. En 2014 hubo 1.5 veces más muertes por drogas que por accidentes automovilísticos, según CDC.

Hoy día, se calcula que más de dos millones de estadunidenses son adictos a los opiáceos recetados, mientras unos 467 mil son adictos a la heroína, según el Sondeo Nacional sobre Uso de Drogas y Salud. Mientras las muertes relacionadas con opiáceos recetados son la mayoría, se registra un incremento dramático en muertes por heroína durante los últimos cuatro años.

La relación entre el abuso de los analgésicos recetados y la heroína es directa, señalan los CDC. El abuso de opiáceos recetados es el factor de riesgo más fuerte en el inicio del uso de la heroína, en gran medida porque tiene efectos parecidos (algunos de los productos lícitos provienen de la misma planta de la sustancia ilícita), pero la heroína es mucho más barata y a veces más fácil de conseguir. Según la Casa Blanca, cuatro de cada cinco adictos de heroína primero eran adictos a los opiáceos recetados.

Durante los últimos 25 años, el número de opiáceos recetados en Estados Unidos se ha disparado: de 76 millones en 1991 a casi 207 millones para 2013 (estos incluyen Vicodin, OxyContin y Percocet, entre otros), reportó el Instituto Nacional sobre Abuso de Drogas en testimonio ante el Senado en 2014.

Algunos investigadores señalan que el dramático incremento en el uso y abuso de los opiáceos recetados fue resultado de una campaña comercial de empresas farmacéuticas.

El doctor Andrew Kolodny, jefe médico de la cadena nacional de centros de tratamiento Phoenix House, comentó alHuffington Post, que el esfuerzo de mercadeo de opiáceos “fue una campaña promocional como nunca hemos visto antes” y agregó que representantes para los fabricantes de OxyContin (Purdue Pharma) se presentaban con médicos generales afirmando que la droga no tenía ningún riesgo adverso y que “lo que estaban vendiendo era la idea de que el dolor era una enfermedad, y no un síntoma”.

Como resultado la venta de OxyContin junto con todos los otros analgésicos opiáceos se disparó durante los últimos 25 años, de 76 millones de recetas en 1991 a casi 207 millones en 2013, según el Instituto Nacional de Salud.

Mientras tanto, Purdue Pharma, Johnson & Johnson y Endo Pharmaceuticals, entre otras, han generado fortunas con este negocio. Los dueños de Purdue, la familia Sackler, hoy día es la decimasexta más rica del país, en gran parte por su negocio con OxyContin.

A la vez, hay un cambio demográfico en el perfil de un adicto al opiáceo/heroína. Ya no tiene la imagen anterior de un joven pobre, frecuentemente de una minoría en un ghetto urbano. Según investigaciones medicas publicada por JAMA, la revista de la Asociación Médica Americana, el usuario de heroína típico hoy día es un adulto joven (empezando a usar a los 23 años), viviendo en zonas no urbanas, previamente ha abusado drogas recetadas y son blancos.

Con ello, de repente ha cambiado el tono de la retórica antinarcóticos oficial y la de políticos incluso los que antes eran grandes campeones de la guerra antinarcóticos y sus medidas punitivas. Como ya no es un problema que se puede pretender que sólo afecta a afroestadunidenses y latinos pobres, y como es un poco alarmante llenar las prisiones con blancos de clase media o de familias rurales, las propuestas para abordar el fenómeno de pronto ya no son más cárcel y castigo, sino más atención médica y tratamiento.

Ahora dicen que la adicción no debe ser vista como una actividad criminal sino como una enfermedad, y políticos de ambos partidos –incluyendo los precandidatos presidenciales- de repente ofrecen planes para ofrecer tratamiento y medidas contra la adicción. De hecho, es asombroso como ahora algunos políticos y precandidatos hasta comparten historias personales con estos problemas dentro de sus propias familias (como la hecho recientemente Jeb Bush entre otros).

En Estados Unidos, según cálculos del doctor Sanjay Gupta de CNN hace un par de años, se recetan suficientes pastillas para el dolor como para darle una a cada habitante del país –hombre, mujer, niño– cada cuatro horas las 24 horas durante tres semanas. El 80 por ciento de las pastillas para el dolor en el mundo son consumidas en este país.

Hasta donde se sabe, ninguno de los ejecutivos de estas farmacéuticas gozan de un apodo como los jefes de los cárteles de droga ilícita. Para los adictos y los que lucran de este mercado, la diferencia entre los dos tipos de traficantes es poco relevante. Sin embargo, hay una gran diferencia: los ejecutivos de estas farmacéuticas no son objetivo de una guerra, ni tienen que huir de las autoridades por túneles, y los periodistas no tienen que arriesgar la vida al buscar una entrevista con estos traficantes legales.

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