Juan Manuel de la Rosa: Corazón Cinabrio

Juan Manuel de la Rosa: Corazón Cinabrio
Juan Manuel de la Rosa elaborando papel de piña y fique. Barichara, Colombia. 2003. Foto de Alberto Sierra.

La Gualdra 488 / In memoriam Juan Manuel de la Rosa [1945-2021]

 

 

Juan Manuel de la Rosa emprendió el viaje a Ítaca, la Ítaca de Cavafis. Ida y vuelta, varias veces. Ataviado siempre con su sombrero, báculo en mano, alcuza para su mate, maletín de piel (con hermosas huellas del tiempo), botas de peregrino y cuadernos de viaje. Mas el espíritu y los ojos siempre abiertos.

A su regreso me contaba de Ulises, de Gilgamesh, de los rollos del mar muerto, de los egipcios: “En el río Nilo hay una hierba palustre acuática, con ella los egipcios hacen un papel, le llaman papiro. Sobre él dibujan, escriben, trascienden”.

Otras veces, sentado en la mesa de mi abuela, comiendo cabrito, Juan Manuel me habló de una isla llamada Japón: “Crucé el mar y llegué hasta donde nace el sol. Este maravilloso lugar lo habitan generosos hombres de ojos rasgados. Sus hermosas mujeres visten kimonos y los hombres usan fascinantes ropajes a los que nombran Kaku-Obi, me compré uno. Hacen un papel al que algunas veces llaman washi y otras veces wagami, lo sacan del arbusto Kozo. Voy a aprender a hacerlo, dibujaré e imprimiré mis grabados sobre él”.

Y aprendió a hacer el papel más fino del mundo… “Lo sueltas en el aire y, como si fuera una pluma, tarda siglos en tocar el suelo”.

En esta diáspora personal Juan Manuel viajó hasta el Peloponeso buscando pigmentos naturales que emularan su amada tierra roja de la infancia y el cielo de su pueblo, Sierra Hermosa. Probó con la grana cochinilla, con el azul añil. Por fin encontró lo que anhelaba en las minas de Almadén y en el Jardín Majorelle de Marruecos: el rojo cinabrio (entre la sangre y el barro) y el azul cobalto (casi purpúreo). Pintó con ellos, los hizo suyos y con ellos creó su “magnum opus”. Se los regaló a Zacatecas.

“Soy un monje peregrino en el mundo, en cualquier desierto estoy en casa”, solía decir.

Hoy, los mezquites y las yucas danzan, arrullan la fresca noche estrellada de Sierra Hermosa —crepúsculo mesopotámico. Despiden a Juan Manuel de la Rosa porque emprende un viaje más, estoy seguro que me platicará sobre Hesíodo, del mito de Éter, del mar Jónico.

 

* In Memoriam. Si estoy aquí en este medio se lo debo completamente a él. Gracias infinitas. Juan Manuel de la Rosa (1945-2021).

 

 

 

 

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