La conversación pendiente con Juan Manuel de la Rosa

La conversación pendiente con Juan Manuel de la Rosa
Juan Manuel de la Rosa (1945-2021) en su estudio. Foto de Faviola Lara Cervantes. 2021.

La Gualdra 488 / In memoriam Juan Manuel de la Rosa (1945-2021)

 

 

Hace apenas unos días que tuve una de tantas conversaciones con mi amigo Juan Manuel; como era habitual, fue prolongada, ilustrativa, y amena. Fue con motivo del centenario del natalicio de Ramón López Velarde a quien admiraba y conocía a profundidad. Comentamos un artículo de Pablo Sol Mora publicado en el numero de junio de la revista Letras Libres. Nos asombramos con la maravilla de los textos que ahí se reproducían. Aún estaba convaleciente de su reciente intervención quirúrgica pero se encontraba en franca mejoría y su ánimo era de alegre optimismo vital. Quedamos en que nos reuniríamos muy en breve para conversar acerca de sus planes en Zacatecas y su querido terruño Sierra Hermosa, así como respecto a su exposición en Aguascalientes y otros proyectos relacionados. Ese encuentro ya no pudo ser. Su hijo Pablo Emiliano me comunicó la imposibilidad de hacerlo pero me dijo que su padre, balbuceante, le pedía que intercediera para que el mural que estaba haciendo en el Palacio de Gobierno de Zacatecas se concluyera con el apoyo del gobernador Alejandro Tello, a quien se lo comuniqué y de inmediato me pidió se le informara que el mural se terminaría tal como lo plasmó en su proyecto y de manos de su colaboradora la ceramista zacatecana Karina Luna. Así se hizo.

Esa fue su última voluntad como artista zacatecano y afortunadamente supo que sería cumplida. La madrugada del día siguiente falleció. Karina tuvo la muy afortunada iniciativa de acudir unos días antes a la Ciudad de México para encontrarse con el maestro llevando consigo una pieza de cerámica fresca a fin de que fuese firmada como colofón de la obra. Lo consiguió con el apoyo de sus hijas e hijo en un emocionante momento a pesar de su acentuada debilidad. Una hora se llevó para poder plasmar su firma. Fue memorable y conmovedor. Así culminó su maravillosa obra plástica dejando un entrañable legado a los zacatecanos.

Juan Manuel era en realidad un poeta. Pensaba, sentía, vivía y se expresaba como tal. Su poesía no fue escrita ni dicha con palabras sino con el pincel y con sus manos moldeadoras de la tierra y la piedra. Su obra tiene la rima, el orden, la profundidad, la sutileza de la poesía. Cada pieza lleva un mensaje profundo en un lenguaje de colores y formas que dicen lo que quiso decir y expresan lo que el observador de las mismas siente al percibirlas. Su obra tiene abstracción y compás; ritmo y sonoridad. Admiraba a los poetas y escritores; amaba y cultivaba la literatura. Hizo libros de papel de su propia factura y los ilustraba con poemas y el pincel o el grabado. Fue pues un poeta de las artes plásticas. Un artista de dimensión universal cuya obra habrá de ser valorada y reconocida en toda su magnitud y profundidad. Es estética y es conceptual al mismo tiempo. Es poética.

Juan Manuel fue también un filántropo cultural; un ser humano sensible ante la realidad de su pueblo Sierra Hermosa y de todo el pueblo humilde y bueno de México. Un hombre de profundas convicciones sociales que materializó en su micro cosmos comunitario de su amado terruño. Es asombroso lo que hizo por los niños y las mujeres de Sierra Hermosa. Siempre creyó en su emancipación a través de la educación y la cultura, que promovió y llevó ahí de múltiples maneras. Creó el Museo Comunitario; talleres de costura para las mujeres quienes con ello viven dignamente gracias a su propio trabajo; estableció telares para la fabricación de tapetes de lana; creó el Club de Lectura donde los niños y los habitantes de esa comunidad tienen acceso a libros y cultivan el hábito de leer. Apoyó a decenas de niños en su educación, algunos de los cuales, gracias a eso, lograron alcanzar títulos universitarios; consiguió una cocina para la escuela donde cada día se turna una madre de familia a elaborar el desayuno de los niños. Llevó conciertos a su pueblo, conferencistas, literatos, poetas. Consiguió que Sierra Hermosa fuese sub sede del Hay Festival de Literatura….y más. En suma: un auténtico promotor cultural y benefactor social, fiel a su origen del semidesierto zacatecano.

Juan Manuel fue también un viajero empedernido. Trotamundos incansable. Visitó todos los continentes abrevando arte y cultura. Lo mismo en Japón que en Myanmar, en Indonesia y Asia y en su amada Colombia. Un viajero que ya emprendió su último viaje en paz, plenitud y señorío como lo fue en toda su vida.

 

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