Presenta Pedro Miguel el libro “El último suspiro del Conquistador”, en la Fenaliz

Presenta Pedro Miguel el libro “El último suspiro del Conquistador”, en la Fenaliz
Pedro Miguel (en la esquina inferior izquierda) durante la presentación del libro “El último suspiro del Conquistador” ■ FOTO: LA JORNADA ZACATECAS

■ La novela no es histórica “pero sí expresa una postura respecto al genocidio de Hernán Cortés”

■ Afirma periodista que México sigue dividido en dos bandos: el cortesiano y el anticortesiano

 

Este miércoles, el periodista Pedro Miguel presentó “El último suspiro del Conquistador”, novela que desde su perspectiva no se puede clasificar como “histórica”, pues no se ciñe fidedignamente a los acontecimientos de la Conquista, pero sí expresa una postura respecto al genocidio en que incurrió Hernán Cortés y a la prevalencia, en la actualidad, de un sector “cortesiano”, defensor de la barbarie, y otro “anticortesiano”, que pugna por la civilidad.

En el marco de la Feria Nacional del Libro Zacatecas, indicó que la obra no pretende recrear, bajó ningún grado de fidelidad histórica, los sucesos que acontecieron durante la Conquista, pero “aun estando fuera de la historia, esta novela toma partido porque México sigue dividido en dos bandos: el cortesiano y el anticortesiano”.

“¿Cuál puede ser la relación entre ese periodo oscuro, particularmente horrible, inmundo, sangriento, de la historia de México que es el ‘calderonato’ y el ‘peñato’ y Cortés? Es que es un periodo en el que gobiernan los cortesianos”, expresó.

Si se le preguntara su visión de la historia de México a Diego Fernández de Cevallos, dijo, él respondería que Cortés fue un héroe, “pero si me lo preguntan a mí, contestaré que es un canalla”.

Miguel precisó que eso no lo diría con la intención de extrapolar valores actuales al siglo 16, pero según las leyes de esa época, Cortés “fue un criminal porque en el siglo 16 no era legal violar mujeres, no era legal esclavizar gente, no era legal asesinar, no era legal azotar, no era legal destruir una cultura”.

“No soy de los que dicen que los españoles nos conquistaron, sino que conquistaron a los mexicas y a Mesoamérica. Los mexicanos somos producto de tres siglos de Virreinato y de una conquista muy sangrienta, etcétera”, expresó.

Sin embargo, afirmó que en la actualidad sigue habiendo un bando que defiéndela barbarie y un bando que defiende la convivencia civilizada, lo cual está claramente marcado en toda la historia de México porque en las diferentes épocas ha habido un bando que defiende la intolerancia, el absolutismo, la prohibición del pensamiento y la construcción de prisiones,, y otro que defiende la libertad o la construcción de universidades y escuelas.

Por tanto, el columnista del periódico La Jornada manifestó: “yo escribí esto en un periodo cortesiano, en un periodo en que los valores de la barbarie estaban teniendo la hegemonía política”.

Sobre la motivación que tuvo para escribir esta novela, Miguel comentó que desde la adolescencia tuvo “el deseo morboso de entrar en contacto con seres del pasado, concretamente con conquistadores, y como parte de esta pugna en la que México participa, independientemente de la objetividad histórica, yo tomo partido no porque sea creyente de que los mexicas vivían en un paraíso, sino porque la invasión, la devastación y el genocidio no debió ocurrir”.

Refirió que hay otros modelos de colonización como el romano, el cual no arrasaba con la cultura ni destruía las representaciones de las deidades de los pueblos sometidos y, por ejemplo, “dejaban en paz a los pueblos con sus rituales y con sus idiomas”.

En cambio, la Conquista de México “fue una destrucción cultural, fue un genocidio cultural aparte de que fue un genocidio físico. Todo fue reducido a la esclavitud, a todos los vencidos, no solo a los aztecas. Todos acabaron siendo esclavos y metidos en un régimen espantoso”.

“El último suspiro del Conquistador”, entonces, “fue como una venganza. Fue agarrar a Cortés y decir: ‘ahora sí te tengo en mis manos. Te puedo hacer todas las chingaderas que se me ocurran’, y esa venganza fue un exorcismo, es decir, ya no odio a Cortés, pero en lo que a mí respecta, ya me vengué”, concluyó Miguel.

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