Lo que se irá, de Manuel Iris, o la manera de desanudar lo que vendrá

Lo que se irá, de Manuel Iris, o la manera de desanudar lo que vendrá

La Gualdra 479 / Libros / Poesía

 

 

Lo que se irá es un libro de poesía en torno a una semilla de amapola. / Y aunque toda semilla es el inicio de un campo / y toda chispa, de un incendio / debemos esperar a que el milagro se concrete: ahí siembra su poética Manuel Iris, en el centro del pasmo donde el poema se revela, testigo del misterio en la maternidad elegida y el amor paterno como puntos medulares de este poemario. De esta manera, Manuel ha extendido en su obra de forma transversal una serie de búsquedas y obsesiones particulares que se circunscriben al quehacer poético y lo doméstico como una tentativa que expone la relación continua entre lo íntimo y cualquier otra superficie.

En esta ocasión nos entrega un despliegue de cavilaciones que podrían irse de las manos en cualquier momento, pero que mantienen la raíz firme con solo nombrarlas. Vendrán cada que se convoquen con cariño, porque el amor es un ave que regresa al mismo árbol para compartir su canto y la sombra del canto a los oídos de quien decide descansar bajo el verdor de la belleza, ya habrá tiempo para darle cuerda a los asuntos que nos atan a un horario laboral o a la composición repetitiva del mundo. Lo que se irá es esa ave. Parte de su canto refrenda el amor en sus diversas facetas para que cada uno de sus gorjeos, de forma transparente, narre el amor de un padre por su hija.

Consciente de su cotidianidad, este poemario adquiere el ritmo desde el lado de la piel donde un milagro tantas veces repetido es un milagro. A la vez devela otras rutas que acompañan la gravidez del amor: la presencia de la música y sus múltiples formas, pájaro, origen, poema; la simetría entre el respiro y el silencio; el oficio de quien escribe en nombre de la fragilidad; una madre, su infancia y su cariño correspondido; pequeñas certezas para renombrar imaginarios; el regreso a lo que nunca hemos tenido, la esperanza; el olor del pan tostado en una casaminúsculo pedazo del cosmos— en que conviven Lautremont y muñecas, / Apollinaire y juguetes; así como otros pasadizos hacia una realidad atroz contra toda lógica que acrecenta lo irregular del miedo; lo anterior se zurce a la palabra como arco fundacional de todo lo que vendrá: la hija recién nacida y el amor tantas veces repetido para afirmar la vida en cada milímetro.

De esta manera, Manuel Iris vincula las cosas efímeras que nos hunden con la constante por construir un mundo propio, tranquilo, lejos del ruido. En medio de estos extremos florece un magnolio / o se enamora un piano a pesar de nosotros mismos, porque amar y escribir también pueden ir de la mano mientras la Tierra en llamas se reconstruye enésimas veces. Se celebra que un libro de naturaleza franca se publique en tiempos de pandemia y que tenga dos casas editoras, una en México, Cuadrivio, y la otra en Ohio, Dos Madres Prees, Inc.

 

 

 

Selección de poemas de Lo que se irá (2021)

 

 

Milagro

Homenaje a Gastón Baquero

Muy cerca de mi casa hay un enorme magnolio,

tranquilo anciano infantil del cual florecen

al final del invierno

hermosos arpegios de piano.

 

Ignorada por semanas

la melodía de los pétalos

termina por caer al silencio del piso.

 

Nadie escucha el milagro, excepto

la callada mujer ciega que vive en esa casa

y que no sabe si en su patio

cada primavera

florece un magnolio

o se enamora un piano.

 

 

Los dos poemas

Mi hija se duerme sobre mi pecho

y el poema de silencio se completa.

 

Pero el otro, el poema de palabras

pide siempre algo más, me pide que mencione

por ejemplo

el sobresalto que a veces la despierta

y la impotencia de jamás poderla proteger

de sus propias pesadillas.

 

Le acaricio la espalda como para calmarla

y en realidad estoy calmando a mi propio corazón

que no sabe qué hacer con toda esta distancia

entre su miedo y mi pecho, el corazón

y que ahora mismo late, solamente

para que ella lo escuche.

 

febrero-abril, 2019

 

 

Una niña saluda desde un balcón y el mundo le contesta

Para Óscar Alberto Martínez y su hija, Angie Valeria,

ahogados en el Río Bravo.

 

 

Parada en el balcón, mi hija

de catorce meses

mueve la mano

saludando a los que pasan.

 

La gente, a veces

le contesta.

 

Saluda a todos. Ella no sabe

que su piel podría ser el motivo

por el que algunos adultos

la dejarían morir.

 

No sabe que su llanto

no podría detener al oficial

que la pondría

en una de esas jaulas

en las que ahora mismo

 

cuando escribo estas líneas

hay millares de niños como ella,

exactamente como ella.

 

Ella saluda desde el balcón

y tengo miedo del momento

en el que va a enterarse

de que no es igual, aunque lo sea.

 

Tiene derecho a saberlo

y también

tiene derecho a vivir

en otra clase de mundo.

 

Ella saluda desde el balcón

y la realidad le ofrece, por ahora

una respuesta incompleta.

 

 

Aclaración

Es mentira que los árboles

desconocen el mundo.

 

Un árbol viaja por medio de sus pájaros

y también viaja hacia adentro

al hundir sus raíces.

 

Todo tiene sentido:

 

nada está más fijo en la tierra

que un árbol,

 

nada se mueve más en el aire

que un pájaro

 

(es un fruto

que vuela)

 

y la poesía es el hecho

de que se necesiten.

 

 

Acordes

 

Nadie habita una ciudad
sino algunos lugares,
el aroma de ciertos condimentos.

Nadie habita el amor
sino un rostro de perfil
bajo la luz de las cinco de la tarde.

Nadie habita la vida
sino ciertos instantes
cuyo significado no hace falta explicar.

Nadie habita la muerte
sino un largo misterio, perfecto como la música.

 

 

Permanencia

Hay una balacera

en un lugar de mi niñez.

 

En otro sitio en el que fui feliz

un jovencito le da un tiro a su maestra

y luego se suicida.

 

Cuando escribo este verso

mi presente es el temor

de los recuerdos futuros.

 

 

El idioma de la casa

A veces tengo miedo de que hables

el idioma en el que no puedo soñar.

 

Casi siempre deseo

que primero vivas

el idioma de la casa,

el mismo en que te arrullo,

en el que te imagino

platicándome tus cosas.

 

(Todavía no distingues

que afuera hay otra música)

 

Últimamente

tengo miedo de los meses

porque tú has nacido aquí,

en este sitio, en este idioma

en el que soy un extranjero

 

y yo quiero

vivir dentro

de tu mundo,

del idioma que tendrás,

de tus palabras.

 

Me da miedo

que conozcas

la imposibilidad de pertenecer.

 

Pero te harás tu patria, como cualquiera.

 

Si te preguntan de dónde eres

diles que has venido del corazón de tu padre,

de un corazón

que aprendería cualquier idioma

para hablar contigo.

 

 

Inicio

Ahora mismo, mi mujer

–pantalón de mezclilla,

blusa violeta por el supermercado–

lleva en el vientre una chispa

no mayor

que una semilla de amapola.

 

Y aunque toda semilla es el inicio de un campo

y toda chispa, de un incendio

debemos esperar a que el milagro se concrete:

 

la eternidad a veces toca en vano.

 

Mientras la vida traza su contorno,

mientras negocia su espacio con la muerte

nosotros caminamos por el supermercado

con callada esperanza,

con el amor alerta.

 

 

Testigo

Está bailando tu hija, dice mi esposa

y se toca la barriga.

Desde hace varios meses

soy testigo de lo que sucede ahí,

debajo de sus manos.

 

Mi esposa es una casa dentro de mi casa

y yo estoy fuera de mi propio corazón.

Seguro está contenta, dice

y yo sería capaz de renunciar a la poesía

a cambio de tener dentro de mí a mi hija,

de sentir la danza que las une

a todos los principios.

 

Pero la opción no existe

y hago lo que puedo: cocinar,

solucionar antojos, escribir el poema

en el que digo lo que veo

desde este lado de la piel

en que se encarna el misterio.

Y testimonio, con amorosa envidia

que un milagro tantas veces repetido

es un milagro

 

y nada menos.

 

 

Carta a mi hija recién nacida

para ayudarla a inaugurar el mundo

Ahora que el mundo es completamente nuevo

quiero salir contigo al balcón
y decirte
esto es árbol, esto una hoja

y eso que brinca encima de esa rama

es una fruta un pájaro una flor
es la canción del pájaro
es el aire

pero algún día
vas a preguntarme
del amor y la guerra
la esperanza y la muerte
del por qué venimos a nacer

precisamente ahora

precisamente aquí
y esas respuestas
yo también las desconozco.

 

En su lugar te ofrezco

mis pequeñas certezas:

 

todo está a la vista

si prestas atención
a las cosas pequeñas.

 

Hay más verdad en un abrazo que en un libro.

 

Todo en el mundo
es obscuro y vital

como raíz,
hermoso y destructivo

como un incendio.

 

Debes vivir la vida
sin temer a la muerte, tuya o ajena.

 

Es necesaria para volver al inicio.

 

Ahora que el mundo
es completamente nuevo
te regalo, también,
estos dos amuletos
para que puedas guardarlos

o llevarlos en tu pelo:

 

El silencio es la música.

 

Te amo.

 

 

 

* Cuadrivio, México 2021; Dos Madres Press, Inc. Edición bilingüe, Estados Unidos, 2021.

 

 

 

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