El acoso a las mujeres: ya chole con la impunidad

El acoso a las mujeres: ya chole con la impunidad

En el país, hay un candidato a gobernador acusado de múltiples abusos sexuales y ha sido ratificado en su expectativa política. El caso, en lugar de ser tratado con pinzas y los cuidados pertinentes, con algunas maromas verbales el presidente le dio su respaldo. Por ello, los grupos feministas, donde están las activistas de Morena promovieron un cartel que dice “rompa el pacto (patriarcal)”. Esto es, el tema de la impunidad en el caso de los abusos contra las mujeres es un fenómeno que en ese país no ha sido abordado aun con seriedad.

En los municipios, las instituciones de salud, las empresas privadas y los centros educativos, la relación mando-obediencia que implica el ejercicio de poder sobre una persona, como jefe laboral, médico tratante, líder o profesor, puede dar lugar a fenómenos de acoso. En cualquier lugar donde se relacionen hombre y mujer se puede establecer una línea delgada entre seducción y acoso. Pero, a pesar de que la barrera es muy delgada, la diferencia es muy clara: el uso de medios de coacción o presión como efecto de la relación de poder que ejerce uno sobre el otro.

En la UAZ se han suscitado casos que han desembocado en escándalos: los llamados ‘tendederos’ las jóvenes alumnas denuncian a profesores que han incurrido en estas prácticas. Sin embargo, esos eventos pueden ser usados de forma oportunista para desacreditar el honor de profesores que han sido duros en sus prácticas de evaluación u otros motivos para tomar alguna venganza. Pero entendemos que las alumnas toman este tipo de medidas ante la ausencia de canales institucionales efectivos para conducir una denuncia y ser tomadas seriamente en cuenta: que se desencadene un protocolo donde se investigue con sigilo, y lo más importante, haya consecuencias de la conducta desviada del acosador. Así como el acoso nace de una relación de poder, las instituciones deben ejercer un contrapoder que inhiba esa conducta. Y ese contrapoder está diseñado con protocolos que protejan a las víctimas de las consecuencias de hacer la denuncia.

En el alma mater ha habido una simulación y han pateado el bote por años. Existe una Defensoría Universitaria que poco ha logrado para conducir las denuncias de las alumnas, también existe un departamento de asuntos de la mujer universitaria, el cual prometió un programa contra el acoso y un diagnóstico del mismo, y todo quedó en un ruidoso evento que no concretó nada. Muchos y ensordecedores gritos y ninguna nuez de resultados. Ahora, con las nuevas autoridades y un renovado Consejo Universitario, esperamos que los académicos se pongan las pilas y elaboren reglas y formas que garanticen la seguridad y la tranquilidad de las mujeres, alumnas, maestras y trabajadoras, que sepan que hay mecanismos de una defensa efectiva y que las conductas ominosas no quedarán sin consecuencias. Ya chole con la impunidad. Ya.

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