La cultura del agandalle y la corrupción

La cultura del agandalle y la corrupción

En este país, “el que no tranza no avanza”. Icónica y popular frase mexicana que fue acuñada en la cúpula del viejo régimen por quienes se sentían y se sienten dueños de México.; frase que se ha perpetuado entre las personas más conformistas y gandallas; frase que ha sido pretexto de quienes pisotean los derechos de las personas para salvaguardar sus intereses; frase, a la que le hicieron honor los 33 gandallas vecinos de la Colonia Bernárdez (principalmente) en el momento en que decidieron brincarse la fila y ser vacunados contra el covid-19 en el momento que no les correspondía.

¿Corrupción y agandallar es lo mismo? Son términos muy similares, pero, obviamente tienen sus diferencias que abordaremos mejor más adelante, lo que sí podemos decir ahorita con seguridad, es que se tratan de actitudes muy similares generadas por personas que se creen superiores o en una posición de ventaja sobre los demás. Son actitudes que han lastimado mucho a nuestro México en distintos aspectos y que ambas acciones son practicadas por la ciudadanía sin saber (o haciendo caso omiso) que es el principal problema de las desgracias de nuestra sociedad. Tal parece que los corruptos y gandallas en lugar de sentir vergüenza, se creen más listos, hábiles y astutos que los demás.

Recordando una de tantas frases pintorescas del expresidente Peña Nieto, tengamos en cuenta que, para algunos, pareciera ser que el agandalle y la corrupción lamentablemente son un tema cultural en México; son prácticas que se han arraigado tanto en la cotidianidad de la sociedad, que se practican sin ningún pudor o remordimiento; aunado a esto, el mexicano ha ido inventando frases que hacen ver todavía más normales las actitudes del agandalle y la corrupción como la de “el que tranza no avanza”, “el PRI robó más”, “ayúdame y te ayudo”, “el año de Hidalgo”, “el PRI roba, pero deja robar” en fin, frases con las algunos pretenden hacerse pasar por chistosos cuando se comportan como tremendos gandallas y corruptos.

Además de ser un tema hasta cierto punto practicado con normalidad por algunos y ciudadanos, la corrupción y el agandalle es un tema histórico en nuestro país. Probablemente desde la época de la corona española existían actos de corrupción. Durante el porfiriato ni se diga, los extranjeros eran dueños de México. Casi 80 años de gobiernos priistas y más de 30 de un modelo neoliberal son prueba suficiente de que la corrupción penetro en lo más profundo de las esferas de gobierno y contagió a las y los ciudadanos de este país. Un problema con tanto pasado no es fácil de erradicar.

Podríamos pensar que la corrupción es un tema exclusivo de los póliticos y funcionarios, pero como ya lo hemos visto, no es así. Quizá los primeros culpables de éste gran mal, sí sea la clase política y gobernante, ellos manejan el presupuesto, ellos saben dónde puede haber huecos fincancieros y como taparlos, ellos son los artífices del moche y del desvió de recursos, ellos son cómplices y maquiladores de la impunidad. Aunque también, la sociedad es tan culpable y responsable de la corrupción y el agandalle, como los mismos políticos. Se trata de una acción en cadena que involucra al político, al funcionario y a la ciudadanía. La corrupción es cíclica y crónica.

La principal diferencia que podemos encontrar entre lo que es la corrupción y lo que es el agandalle, radica en que para hablar de corrupción forzosamente debe involucrarse al menos de alguna de las partes, a un funcionario público; mientras que el agandalle puede darse entre ciudadanos comunes y corrientes nada más. Esto nos obliga a pensar en que el caso de los 33 gandallas de Bernárdez ¿es un caso de corrupción o de agandalle?

Lo que podemos decir con seguridad es que los influyentes vecinos de Bernárdez no pudieron enterarse casualmente de donde, cuando y a qué hora estarían aplicando la vacuna; quizá hasta les dijeron “arrímense, no se pueden negar a vacunarlos”. Esta situación es tan lamentable como todos los actos de corrupción, pero, la indignación es mayor, ya que le están quitando su derecho a 33 personas mayores en situación de vulnerabilidad.

El mismo derecho que tiene un viejito campesino del semi-desierto, lo tiene un influyente viejito pensionado de la colonia Bernárdez; no debe haber distinción, ni influyentísimo que valga para adelantarse en la fila. La mayoría de los mexicanos esperamos con ansias la vacuna contra el Covid-19; debemos comprender pacientemente que hay un plan de vacunación en el cual se está privilegiando a la población vulnerable.

No hay discursos ni hay excusas para justificar tan aberrante gandallismo. Si en realidad no se le puede negar la vacuna a nadie que se forme en la fila, aunque no sea su momento, estamos ante dos problemas: el primero; que todo el trámite y plan de vacunación puede echarse abajo por culpa de gandallas. El segundo; corresponde a una falta de autoridad política y moral de quienes tienen la confianza del Presidente Andrés Manuel López Obrador en Zacatecas para llevar a cabo el plan de vacunación.

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