El PRD abandona la causa que motivó su fundación

El PRD abandona la causa que motivó su fundación

Dentro de pocos días se producirá un hecho político que debemos examinar para entender mejor la transformación en curso del sistema de partidos de nuestro país. Las dirigencias del PRI, el PAN y el PRD registrarán ante el Instituto Nacional Electoral su intención de construir una coalición para participar en el proceso electoral que está iniciando y tendrá su momento culminante en la jornada electoral del primer domingo de junio de 2021, en la que se votará para renovar totalmente la Cámara de Diputados federal, y se elegirá un gran número de autoridades estatales y municipales. Lo más trascendente de esta decisión es la conformación de un polo político contrario a la cuarta transformación que impulsa el presidente Andrés Manuel López Obrador y, como es fácil deducir, para crear las condiciones para el regreso del PRIAN al poder nacional. También llama la atención la decisión de los dirigentes del PRD de sumarse a esa coalición sin considerar que sus fuerzas dominantes siguen comprometidas con el dogma neoliberal que impusieron durante los 6 gobiernos anteriores al actual, y sin asumir que el PRD nació para combatir ese paradigma. Enseguida trataré de probar esta afirmación.

Hace 60 años, en el XIII Congreso del PCM de 1960, se formuló la idea de que México requería una nueva revolución, denominada revolución democrática de liberación nacional; con ello los comunistas atisbaron un rumbo distinto para las izquierdas e incluso para el país, teniendo como hilo conductor a la lucha por el socialismo democrático. Esa evolución estratégica y programática se complementó con una audáz política de alianzas que se expresó en la mutación del PCM en PSUM, luego en PMS y, al final, la fundación del PRD junto con el movimiento que se expresó en la ruptura de la corriente democrática con el PRI y en la elección presidencial de 1988 con la candidatura unitaria de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

La evolución política de las izquierdas mencionada arriba no se puede entender sin tener claro el papel jugado por un sujeto político diferente al proletariado, que impulsó al partido a superar paulatinamente su aislamiento de décadas del mundo de los trabajadores y del conjunto de los movimientos sociales, cooptados durante décadas por los herederos de la Revolución Mexicana: la irrupción de un fenómeno cultural, político y social, la emergencia de las capas medias en la vida del país; los estudiantes e intelectuales invadieron las filas del PCM y produjeron una auténtica revolución cultural en sus filas, cuyo momento culminante fue sin duda el Movimiento del 68, en cuyas asambleas, brigadas y en el mismo Consejo Nacional de Huelga, diversos militantes comunistas ejercieron una influencia importante. Su posterior presencia en las filas del partido impulsó el debate sobre las transformaciones que requerían el mundo socialista y el sistema de partidos comunistas en el mundo, sobre todo en su relación con la democracia y sus potencialidades como vía para lograr la justicia con libertad, inspirandose en el llamado Eurocomunismo, uno de cuyos dirigentes: Enrico Berlinguer, secretario general del Partido Comunista Italiano, asistió como orador principal en el XIX Congreso del PCM, quien afirmaba que la democracia era la ruta para cambiar, de manera pacífica, la desigualdad y la explotación del capitalismo, renunciando a la violencia revolucionaria.

Por otra parte, la década de los años ochenta fue el lapso durante el cual maduró una contradicción fundamental en el seno del partido gobernante (PRI). El presidente José López Portillo resolvió su sucesión designando como candidato oficial a Miguel de la Madrid, a la sazón cabeza de un equipo de funcionarios convencidos del núcleo de ideas de la escuela austriaca de economía, mejor conocido como neoliberalismo, y que silenciosamente hicieron a un lado el nacionalismo revolucionario, generando en el seno del PRI una gran inconformidad, que propició la creación de la Corriente Democrática encabezada por Ifigenia Martínez, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo y, posteriormente el Frente Democrático Nacional que tuvo una destacadisima irrupción electoral en 1988, que sólo fue contenido con el fraude y la represión.

El elemento programático que hizo posible la unidad órganica entre la Corriente Democrática y las izquierdas historicas en el PRD, fue la coincidencia en la necesidad de una lucha conjunta y sin cuartel contra las reformas neoliberales que los gobiernos priístas y panistas impusieron durante las últimas décadas, apoyados en la hegemonía política e ideológica conquistadas por las derechas en casi todo el mundo, luego de la desaparición de la URSS. Las reformas neoliberales que Carlos Castillo Peraza, lider nacional del PAN, denominó su “victoria cultural”, hasta las que configuraron el Pacto por México al principio del gobierno de Enrique Peña Nieto. Así pués, la contradicción fundamental en el proceso electoral será la polémica entre los partidos que impulsan la cuarta transformación, y el PRIAN acompañado de lo que queda del PRD. ■

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