Crónica de la décimo cuarta entrega de apoyos al Semidesierto de Zacatecas

Crónica de la décimo cuarta entrega de apoyos al Semidesierto de Zacatecas

Todo ha sido muy difícil, sin duda el tema del COVID-19 repercute en todos los órdenes de nuestra vida, sin embargo, no quisimos pasar por alto la entrega de los apoyos que hemos recibido por parte de la generosidad de los universitarios, la sociedad en general y algunas autoridades, por 14 años cumplimos. Para el acopio tuvimos que acudir personalmente por cada cosa que se recibió cumpliendo con todas las restricciones sanitarias, el esfuerzo se multiplicó pues se tuvo que buscar una bodega adecuada para guardar las cosas en lo que se gestionó el autobús, inicialmente pensamos que acudiríamos unas 10 personas para cumplir con la entrega y la investigación de campo pero no se pudo, pasó el tiempo y cuando ya teníamos el compromiso de ir, no se nos facilitó el vehículo por lo que tuvimos que posponer 21 días la visita a Tanques de Guadalupe, Mazapil, donde la desesperanza aflora apenas nos acercamos y peor aún, la delincuencia organizada ha reclutado a varias personas de la comunidad y se han encontrado muertos a varios de ellos. El colmo de los males, después de tanto años de atraso y de marginación, ahora los jóvenes que no tienen posibilidades de continuar sus estudios ni a distancia (No hay señal de telefonía ni internet) o de trabajar fuera de Tanques, son secuestrados para servir a las fuerzas de la delincuencia organizada y tal parece ser, si no quieren hacerlo simplemente son asesinados dejando desamparadas a sus familias, así, vimos ahora muchas caras tristes, aquellas que solo reflejaban la falta de oportunidades están ahora totalmente desamparadas, incluso el tanque de agua contiene un líquido negro, peor que nunca pues no ha llovido y el panorama es sumamente gris. Saludamos a los amigos que quedan como Eridan, la Señora Goya, Socorro y varios conocidos que están ahí esperando cada año algún apoyo. Extrañamos a la Sra. Gilberta y a sus hijos Armando, Héctor, Sergio y Verónica, ahora ellos viven en Saltillo y otros trabajan en Monterrey, fueron expulsados del territorio gracias a la pobreza extrema que se ha tatuado en la piel de Zacatecas. Antes de la llegada a Tanques, en San Tiburcio pudimos apreciar las oficinas de la empresa minera Camino Rojo cuyo lema es: creando lazos comunitarios, cuyos vínculos todavía no permean en Tanques, todavía y pese al eslogan, no hay invitación a que los pobladores de aquella comunidad se integren a trabajar en esta empresa que de acuerdo a su página electrónica, es un proyecto avanzado de lixiviación en pilas de óxido de alta calidad y que es defendida a capa y espada por algunos poco pobladores de San Tiburcio. En estos 14 años nunca esperé ir sin mis alumnos como parte de la investigación de campo que deben hacer para pasar la materia de Derecho Administrativo o Derecho Económico, ahora no hubo aquel entusiasmo, aquella energía que recorre los caminos de tierra de la comunidad en busca de la entrevista o la aplicación de una encuesta, es más, ahora en la distancia no pudimos llevar todos los apoyos como antes, ahora y gracias a la generosidad de una entrañable amiga universitaria, pudimos conseguir un vehículo con el que pudimos llevar lo que pudimos. No menciono su nombre para no afectar sus intereses pues hasta eso, algunos no ayudan ni dejan que otros lo hagan. Hoy más que nunca estoy convencido de que nos hace mucha falta trabajar conjuntamente y, tratar de revertir los 11 años perdidos que nos heredaron los gobiernos de Alonso y Tello. Amigo lector y amiga lectora, no tiene Usted idea lo que significa el atraso de las comunidades como la de Tanques de Guadalupe, Mazapil; si aquí la cosa esta fea con comercios cerrados y abandonados, con desempleo y dificultades para ingresar a los servicios de salud o de educación, allá es impensable tener un negocio, no hay quien compre, no hay hospital ni médicos ni medicinas, no hay forma de estudiar a distancia, no hay apenas nada. Lo único que esta vez me motivó fue ver a muchos rostros de niños y niñas que sonreían con la inocencia que dan los primero años, agradecían el regalo que llevamos y seguramente estará ahí el año próximo en el que espero que las cosas cambien y sean mejores para celebrar, los 15 años de este proyecto que refleja la suma de muchas buenas voluntades. Finalmente agradezco a todos y cada uno de los que participaron y espero que el maldito coronavirus mutante no me alcance para seguir adelante. Ojalá.

*Docente-investigador de la Unidad
Académica de Derecho de la UAZ
[email protected]

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