Cartas a una pandemia

Cartas a una pandemia

Autor: Javier Villegas Flores

Residencia: Ciudad de México, México

 

 

Y pensar que te conocí en Wuhan, China,
donde hablaban de ti. Pensé que era una costumbre de ese lugar;
se decían tantas cosas de ti y otras nomás se callaban.

Andabas con una falda muy rabona y una blusa bien entalladita.
La cara la tenías bien pintadita y por la espalda
tenías un escote que casi rosaba tus chanclitas.

Tenías mala reputación; todos sabían que eres casquivana y facilita.
Ni las máquinas de coser actualmente son tan facilitas;
será porque sueltas tus cositas, y es que se quedan pegaditas.
Ahora sé que eres de cascos ligeros y de poca alzada, mi chinita.

Llegaste a mi tierra en primavera y te vas en días de muertos.
Pues qué te trais o de qué se trata; ya dímelo, mi chaparrita.

Eres lo que se dice, una ingrata mesalina y romántica disoluta.
Trais olores de romance y ofreces tu compañía.
Así te paras en las caritas y a ver a quién agarras, mi chiquita.

Me prometiste noches de pasión desmedida, con una fogosa exaltación,
pero la pasión resultó ser de fiebre,
y de insuficiencia respiratoria tus muestras de amor.

Si por tus desdenes ando fruncido y por tus amores ando enfermo y jodido,
qué quieres que te diga, si ya tengo el rostro con un cubrebocas de mordaza
y me tiene en un confinamiento que me sabe a olvido.

Me dejaste con sólo tres cubrebocas sucios, un pañuelo roto y descosido,
y una mascarilla facial empañada con tu desprecio,
en una receta con medicina que ya no encuentro en la farmacia.

Pero puedo ver que me dejaste una ofrenda con flores de cempaxúchitl,
calaveritas de azúcar y dulce de calabaza en la alacena.

Es el recuerdo que dejas de un amor endémico.
Si crees que con eso me alcanzará para vivir lo que resta del año,
pues está muy equivocada, chiquita.

Eso sí, te llevaste mi lana, mis mejores amigos,
y mi familia ni me quiere ver por andar contigo.

Para el colmo, el hijo producto de la pasión que viví contigo se parece a mi vecino,
y es que lo nuestro fue un romance de un enfermo de pasión y una casquivana.
Ah, pero eso sí, cuando estabas conmigo ni “la sana distancia” respetabas.

Ahora tienes tres cosas que debes devolverme;
es una buena vacuna, la lana que te llevaste y salir del confinamiento,
que ya me sabe a encierro.

Si has de volver, vuelve entre vacunas y remedios caseros.
Te esperan mi cama, mi perro y mi ropa sucia.
Los trastes sucios te los dejé en la cocina,
como una muestra de mi gran amor por ti.

Por todo esto, ya no te llamaré mi pandemia; te diré “MI PENDEMIA”.
Sé que así me hiciste, porque ahora estás con otros y en mis propias narices.

Por eso ahí te va mi olvido, total, ya está llegando la influenza
y ella me dará el consuelo que tú me niegas.
No estoy dolido, sólo me preocupa que, que fue de mi inocencia.

Cariñosa y afectuosamente tuyo, tu enfermo que tanto te desdeña.

Adiós, PANDEMIA mía.

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