■ El Mirador de Heródoto Grupo Huayrapamushka, 45 años de fortalecimiento a la cultura zacatecana 2/2

■ El Mirador de Heródoto Grupo Huayrapamushka, 45 años de fortalecimiento a la cultura zacatecana 2/2

¿Que los huayras de hoy no son los mismos que los huayras de ayer?
Para eso se crearon los huayras,
para que cambiaran, para que evolucionaran,
para que crecieran.
Marie Annick Morisse,
fundadora del grupo Huayrapamushka

Las estadísticas del seguimiento evolutivo del Covid 19 arrojaron que, con corte al 14 de julio, en el mundo van 13,104,737 casos confirmados, 573,004 muertes y 7,257,565 recuperados. En México, las cifras son de 311,486 contagiados, 36,327 fallecidos y 193,976 recobrados. En Zacatecas son 1,488 infectados, 155 fenecidos y 510 curados. La lucha debe continuar sin descanso.

Tras varios intentos de concretar una cita con Javier del Muro Escareño, uno de los fundadores del grupo universitario de música latinoamericana Huayrapamushka, nos encontramos en La Cofradía, listos para iniciar mi rescate de los inicios de esta agrupación. “Qué tal maestro, cómo está usted. ¿Le parece bien esta mesa?”, me dijo; y nos sentamos. La expresión en su rostro se volvió pasado, ensueños; una leve sonrisa se dibujó al iniciar su relato, misma que nunca desapareció.

Hablamos un poco sobre la secundaria en la que estudiamos; del Zacatecas de finales de los sesentas e inicio de los setentas; de las instituciones de formación cultural en esta ciudad. El maestro del Muro tiene en su memoria gran parte de la transformación cultural de nuestra ciudad capital de aquellos tiempos. Nombres, historias de todo tipo y anécdotas desfilaron en su agradable conversar. Platicó de su gusto por la música, la danza y el canto, e hizo una bella crónica de su andar por las instituciones hasta que llegamos a lo medular: los huayras.

Después de la singular forma de integrarse al IZBA y de recordar a los protagonistas de la formación cultural de Zacatecas de aquel entonces, comentó su ingreso a la clase de flamenco — propio para otro artículo—, de la que Marie Annick Morisse era la titular, y expresó: “La participación de Ana (como la llamamos) fue fundamental en la formación del grupo de los huayras; tenía, o tiene, no sé qué habrá sido de ella, una voz privilegiada y tocaba varios instrumentos, entre ellos, la guitarra, que a mí me gustaba. Ella fue nuestra maestra, mía y de Francisco Javier Saldaña López, a quien por sus características físicas en la comunidad estudiantil le llamaban el Chino y, por nuestra relación amistosa a los dos nos llamaban los Chinos”.

“Iniciamos como un trío, Ana, Francisco y yo, que en las presentaciones de los eventos de danza, entre número y número, mientras el elenco se cambiaba de vestuario —y claro, cuando a mí no me correspondía bailar—, cantábamos canciones de cultura latinoamericana que a Ana le gustaba mucho y era en la que nos instruía entre semana. Después de los horarios de educación dancística nos dedicaba horas enseñándonos las melodías, permanecíamos en el edificio, que ahora tiene a la Rectoría, de cinco de la tarde hasta las diez de la noche”, dijo Javier. Con dulce emoción recordó que la primera canción fue una boliviana llamada “La naranjita”.

“Un día nos comentó Ana: creo que está asistiendo más gente a los espectáculos por disfrutar de la música que a ver la danza, vamos a ponerle un nombre al grupo musical; nos habló de la obra que estaba leyendo, ‘Huairapamushcas’, de Jorge Icaza, escrita en 1948; de ahí surgió el nombre de Huayrapamushka. Posteriormente nos presentábamos en eventos culturales y universitarios”.

Javier tiene mil anécdotas de aquellos primeros días del nacimiento del grupo, de sus primeros pasos, de los tiempos en que se quedó solo, del ingreso y egreso de otros compañeros y de la incorporación a la Universidad para constituirse como pieza fundamental de la formación y difusión cultural. En esta parte, ratificó la valiosa intervención del rector Jesús Manuel Díaz y al mes de julio como emblemático en su declaración institucional. En fin, considero que es imprescindible, obligatorio, que se escriba la historia de esta agrupación de espíritu solidario universal con la sociedad entera. Huayras de todas las épocas, ahí está el reto.

Lo anecdótico: la vida es traviesa, tramposa, grandiosa y más, fortuita. Así podría llamar al encuentro casual con Annick, la fundadora del grupo Huayrapamushka. Mientras disfrutaba de la charla con Javier y de un delicioso café en las mesas de la Plazuela Miguel Auza, repentinamente pasó una dama y él la llamó: “¡Maestra, maestra!”. Ella se detuvo y preguntó: “¡Quién eres tú?”, y de inmediato contestó: “Soy el Chino”. “¡Pero cómo has engordado!”, le dijo entre risas…

Ya se imaginarán los lectores nuestras caras de sorpresa y de contento por ese encuentro. La emoción de Javier era indescriptible. Platicamos brevemente y de las palabras de la maestra tomé el epígrafe para este artículo. No podían faltar las fotografías que inmortalizaran ese momento y quedamos comprometidos para tertulias futuras. Presente en la entrevista y en este inesperado encuentro, la maestra Gloria Edith Pérez García fue testigo de honor.

Gracias al interés que muchos lectores han manifestado, a través de sus llamadas y mensajes, el próximo jueves dedicaré un tercer artículo al aniversario del grupo Huayrapamushka para conocer las opiniones de varios de sus integrantes y otros universitarios. Pero la crónica de la plática con Javier del Muro Escareño era imperdible, ¿verdad?
Así se observa el mundo desde El Mirador de Heródoto. ■

*Cronista de la UAZ
[email protected]
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