Manuel Felguérez: generosidad infinita

Manuel Felguérez: generosidad infinita
Manuel Felguérez en el Museograbado. Foto de Tomy Delgado.

La Gualdra 436 / Manuel Felguérez: in memoriam

 

 

Antes de ingresar a trabajar en el museo conocía la obra del maestro Manuel Félguerez, pero nunca imaginé que pudiera presenciar su proceso creativo, que pudiera involucrarme con su lucidez, con su sensibilidad, con su pasión por el arte y las personas.

La primera vez que lo vi llegar al taller, solo pude articular un saludo; llegó del brazo de su esposa, su inseparable compañera, la señora Mercedes Oteyza; me emocionó conocerle, pero también me dio miedo y nerviosismo; solemos formarnos ideas de cómo deben ser los artistas, pero cuando escuché al maestro todas ellas se derrumbaron, pues su calidez y generosidad no podían compararse con ningún artista imaginado.

A pesar de que su nombre está escrito en muchos libros de historia del arte, el maestro Felguérez siempre se reconoció humano e imperfecto. Tuve mucho tiempo para observar su proceso de trabajo, vi cómo con determinación y maestría transformó las placas de cobre y aluminio en creaciones desbordadas de pasión y experiencia.

Siempre era una fiesta saber que el maestro vendría al museo y más cuando venía a trabajar en el taller; podíamos oler la mezcla de tintas y solventes, observar las placas y las pruebas… ver que la gente entraba para tomarse una foto y él siempre estuvo dispuesto a posar, dejando a un lado las herramientas para volverlas a tomar con la misma concentración y energía. El museo se sentía más vivo cuando él estaba ahí.

Uno de los momentos que más esperábamos era el convivio anual en el que celebrábamos su cumpleaños; el maestro se notaba relajado, abierto y dispuesto a disfrutar de una comida con nosotros. Al término de la reunión nos dirigía unas palabras con las que nos agradecía el trabajo realizado y nos hacia sentir como parte de su vida, de la de ellos; sentíamos el amor que le ponían, tanto la señora Meche como el maestro, a cada elemento, cada parte, a cada sala del museo, y cómo se sentían felices de que este, su proyecto, fuera creciendo y consolidándose. Después, hacíamos un pequeño brindis y ahí constatábamos su sencillez y su sentido del humor; siempre nos sacaba una sonrisa para después empezar con la parte que más le gustaba: “partir el pastel”. En ese momento podíamos ver la emoción y ternura reflejadas en su rostro al momento de que todos los miembros del museo e invitados le cantábamos las mañanitas; cómo se complacía al soplarle a las velitas, la manera en la que disfrutaba las cosas más sencillas y la forma tan humana con la que nos agradecía. Son imágenes que guardaré por siempre en mi memoria.

No existe un homenaje que pueda estar a la altura de un artista y de un ser humano como el maestro Felguérez. No existen palabras que puedan abarcar su pérdida. Por eso hoy, a escasos días de que el maestro no esté físicamente entre nosotros, no me queda más que agradecerle su generosidad infinita, su amabilidad, su calidez humana, su legado… fue un placer formar parte de su equipo de trabajo.

 

* Centro de Formación, Producción e Investigación Gráfica Museograbado.

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_436

 

https://youtu.be/8Xke2jbjqMY

 

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