La Utopía en el Hogar (12): Autosuficiencia Alimentaria

La Utopía en el Hogar (12): Autosuficiencia Alimentaria

Se han cumplido tres meses de este andar entre nebulosas de todo tipo, derivados de este cambio de programa que se está llevando a cabo con la sufrida humanidad, con efectos colaterales en muchos aspectos que tienen que ver con la supervivencia de las especies y del lecho en que estas difícilmente lo hacen. Cada vez hay un mayor número de víctimas y causa mucho dolor ver como lo que apenas hace unos cuantos ayeres eran lugares paradisiacos o parajes donde proliferaban diferentestipos de biodiversidad y ahora son solo ruinas y desolación. No hay que rascarse mucho la cabeza para identificar de donde se origina todo este deterioro, pero en este proceso se incluye a buena parte de los seres vivos de la especie humana que ha crecido exponencialmente y su inclinación al sobre consumo y al desperdicio, y la capacidad productiva de la tierra es cada vez más insuficiente.

La humanidad enfrenta un reto irreversible en el corto y mediano plazo y es su capacidad para alimentar a la población en el mundo, independientemente de tipos de gobiernos o estatus económico. Es evidente que cada vez los recursos se agotan irremediablemente y las estrategias en la búsqueda de energías alternas parece haber llegado al mundo en medio de suspicacias por lo poco ético en lo que se refiere a su funcionamiento. Pero la energía más importante para los seres vivos es su capacidad de alimentarse apropiadamente y eso solo se logra en la biodiversidad que ha sobrevivido a lo largo de la historia de la vida o cuando se tiene la capacidad de producir el alimento suficiente para el consumo de los individuos. En este aspecto, los humanos son los únicos que pueden aventurarse a hacerlo, en estos tiempos, donde se cuenta con una tecnología hiper desarrollada; aunque esta parece que ha causado más daños que la cantidad de problemas que ha resuelto. Pero eso es harina de otro costal.

El futuro que se aproxima es incierto y no parece que alguien esté colgándose el cencerro para guiar a la manada. Parece inminente un colapso financiero, aunque la economía sigue viento en popa. Pero parece llegado el momento para plantearse varias disyuntivas, entre las que destaca la producción de alimentos. Los países que tengan esa facultad de previsión y solución estarán más cercanos al final donde se asiente un futuro promisorio y un destino duradero. Los países, al menos, deberían estar al pendiente de este vital asunto para el que son de urgente necesidad el cuidado del agua, la tierra, y la disminución de emisiones.

Pero regresando a los planos de lo cotidiano, parece ser un momento de echar a andar el “dedo verde” para que cada familia sea capaz de producir sus propios alimentos, desde los maceteros, las camas, el huerto familiar y los árboles frutales a formas más sofisticadas de producción de acuerdo a las condiciones regionales, de cuencas y climáticas, entre otras. Volviendo al modelo de estas propuestas, las necesidades y condiciones de las regiones y microrregiones son la base principal de un proyecto de desarrollo a gran escala y con aspiraciones de futuro.

Sin tratar de parecer fatalista o fundamentalista, la clave es sencilla, se debe buscar la autosuficiencia alimentaria como objetivo irrenunciable para aspirar a la supervivencia y la (bio)agroecología como fórmula preferencial para producir a una escala suficiente para cubrir las demandas de la población sin agravios extras a la naturaleza. Aunque parece claro decir y entender que se debe producir lo suficiente para cubrir necesidades generales sin agredir al medio con insumos agresivos. Se puede prescindir de prácticas poco sostenibles como los monocultivos y la ganadería y agricultura intensivas y el uso de transgénicos. Pero hay fuerzas, otra vez, económicas, que obstruyen la proliferación de iniciativas con esta tendencia, reprimen a quienes claman por formas de producción amigables con el entorno y lo peor, utilizan cualquier artilugio para impedir que estas ideas prevalezcan.

Durante las décadas pasadas hubo énfasis en el desarrollo tecnológico en detrimento de la naturaleza. Parece ser el momento oportuno para empezar a contrarrestar estas tendencias y diseñar las formas en que se va a solucionar la demanda de alimentos sanos. Muchos investigadores, científicos, académicos, productores, comunidades, estados y países siguen confundidos en cuanto a los protocolos de protección ambiental; de eso se aprovechan los depredadores de la naturaleza que no tienen la delicadeza de seguir ningún protocolo y tienen la capacidad de influir en las decisiones de las autoridades a su favor.

Para variar, hay mucho que hacer, pero antes, hay mucho que aprender para tomar las mejores decisiones, hoy día hacen falta los talentos visionarios que puedan ser los líderes del futuro y puedan mejorar el mundo que se le heredará a las generaciones venideras.

Hay mucho que hacer, pero antes, hay que alimentarse. ■

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