La Catrina en Zacatecas

La Catrina en Zacatecas

Autor: Víctor M. Ríos Ruiz

Residencia: Cuautitlán Izcalli, Estado de México, México

 

Con sus osamentas secas,
pretendiendo más prospectos,
Matiana con sus proyectos
pensó en ir a Zacatecas.

Y con sus canillas chuecas,
buscó en todas sus aristas,
siguiendo diversas pistas
con malévola intención,
para llevarse al panteón
a paisanos y turistas.

Y a su carroza se trepa
coquetona y fufurufa
y va al Cerro de la Bufa
donde hace una machincuepa.

Y así, valiéndole pepa,
sin miramiento y distingos
y sin mayores respingos,
empezó con su función
plantándole un coscorrón
a una pareja de gringos.

Y siguiendo sin rezongo
llegó de pronto, también,
a la Mina del Edén.

Y justo como lo pongo,
con ganas le entró al bailongo,
donde bailó tanto tanto
que a nadie le causó espanto.
Y por eso La Catrina
en esa famosa Mina
se olvidó del camposanto.

Y después la descarnada,
queriéndola hacer de tos,
se le vio correr veloz
al parque de La Encantada.

Ahí vio gente sentada
echándose un refrigerio,
y ella con mucho misterio,
esgrimiendo su guadaña,
le dijo con mucha maña:
“Los llevaré al cementerio”.

Dejó la carroza un rato
y se paró por la vía
para esperar el tranvía,
al que subió sin recato.

Y así como lo relato
en versos, punto por punto,
ella siguió con su asunto,
y a todos los pasajeros,
con sus métodos severos,
les dio un gran susto en conjunto.

Después del tranvía aquel,
pensó en buscar a más gente
y fue al museo, de repente,
del gran Pedro Coronel.

Y al verla la gente en él
se salió despavorida,
ya que la Parca bandida,
en el mentado museo,
los empezó a ver muy feo,
propiciando la estampida.

Pero ella, según su plan
y buscando otro conducto,
se dirigió al acueducto
haciéndola de chamán.

Y a todos los que ahí están
se les enfrentó al momento,
y así como se los cuento,
ella, de forma arbitraria,
los llevó a la funeraria
y ahí les buscó aposento.

Después, queriendo mirar
aquella ciudad minera,
la canija Calavera
se subió al funicular.

Y al momento de bajar
se dio un fuerte resbalón
que se le miró el calzón.
Y por eso La Calaca,
avergonzada y opaca,
a nadie pudo espantar.

Al ver a un titipuchal
de turistas que llegaban
y que a la vez se enfilaban
con rumbo a la Catedral,
que es portento colonial
de hermosa característica,
se puso muy seria y mística,
y pensó con mucho afán
que esa ciudad era imán
por su belleza turística.

Así acabó la excursión
que la Catrina Malvada
ya tenía programada
a la ciudad en mención.

Luego regresó al panteón,
y después de todo aquello,
ahora con voz en cuello
doy cuentas al pormenor
de la Parca y su labor
en la que puso su sello.

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