Todo sobre Almodóvar en ‘Dolor y Gloria’

Todo sobre Almodóvar en ‘Dolor y Gloria’

La Gualdra 396 / Cine

 

Salvador Mallo (Antonio Banderas) es un director de cine inmerso en una crisis que lo mantiene inactivo. Repleto de dolencias físicas, así como lo que él mismo denomina ‘dolores del alma’, es un artista que ya no logra crear al encontrarse sumido en una profunda depresión. En la secuencia inicial de la cinta vemos al protagonista sumergido en una piscina, cuya espalda es marcada por una enorme cicatriz, en una posición que refleja su claro deseo de flotar para estar libre y separarse del mundo y sus dolencias terrenales. Estas sensaciones son amplificadas a través de flashbacks del personaje, que se cristalizan dentro de los pasillos del hogar cueva en el que Salvador vivió su infancia junto a su madre (Penélope Cruz), y que fue el sitio donde experimentó también su primer deseo. De vuelta a su presente, el artista se reúne con su viejo amigo Alberto (Asier Exteandia), quien tiempo atrás protagonizó una de sus primeras películas que al ser considerada un clásico es restaurada por la filmoteca de Madrid para una presentación pública. Este evento desencadena una serie de situaciones con consecuencias significativas en la vida de Salvador que le hacen reencontrarse con un viejo amor, y que también lo orillan a cuestionarse su razón de ser, si todavía cuenta con los recursos emocionales y la fortaleza interna para volver a ser el gran cineasta que alguna vez fue.

Con Dolor y Gloria (2019) el legendario director Pedro Almodóvar entrega cuerpo y alma en una cinta autobiográfica donde da saltos entre pasado y presente dentro de las calles de Madrid, su hogar adornado de pinturas como si fuera un museo, así como en la aldea donde creció. Dentro de un filme ante todo repleto de sustancia y significado, el alter ego que el director construye es un hombre sin ilusiones ni aspiraciones, que se pasea por los pasillos de su oscura y solitaria casa y donde disecciona en el pasado a través de situaciones casuales o incidentes que lo remontan a su memoria, en un intento de reencontrarse a sí mismo y volver a construir una identidad que percibe como perdida. A través de Salvador, Almodóvar no tiene reparo en demostrar que muchas de sus limitaciones están motivadas por la autocensura, así como por las inseguridades y temores que los artistas padecen al sentir que nunca llegaran a la genialidad y al nivel de creación del que alguna vez fueron capaces; también expresa que precisamente esas vueltas hacia el pasado son lo que llegan a reconstruir una personalidad rota, al demostrar que todas las experiencias de una vida -buenas y malas- son lo que la definen y que por consiguiente pueden ser utilizadas como una vía de salvación que renueve el impulso creativo.

Banderas interpreta a Salvador como un personaje multidimensional y complejo, cuya condición humana no le permite expresar su mirada artística. Como su protagonista, el director confecciona imágenes inmóviles con tomas fijas y estáticas, que enfocadas en el rostro de Salvador en primer plano, sirven para acrecentar la sensación de inactividad, así como el enorme deseo del artista por querer salir al exterior y reconciliarse con el mundo que lo rodea. En última instancia, Dolor y Gloria es un filme autorreferencial sobre un momento específico en la vida de un ser humano, y sobre la madurez que alcanza al cerrar las cicatrices del pasado. En su película más personal a la fecha, Almodóvar nos demuestra que en el nostálgico proceso de volver al pasado de una vida se puede encontrar dolor, sufrimiento y temores, pero también sabiduría, aceptación y gloria.

 

 

 

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