¿Reformas a la Reforma Educativa?, o la derogación total

¿Reformas a la Reforma Educativa?, o la derogación total

México requiere una profunda
reforma educativa, una que integre
la resolución de lo complejo: salario
y participación democrática
Hugo Aboites (La Jornada, México).
02/feb/2019, p.16

El 12 de diciembre de 2018 el gobierno actual envía a la Cámara de Diputados la iniciativa para deliberar y, en consecuencia, derogar la Reforma Educativa impuesta en el año 2013; se entiende al término derogar como la abolición o anulación de una norma legal así como el destruir y suprimir una práctica con disposición legal. Evoco y parafraseo un pensamiento de Mahatma Gandhi, dijo que honrar a una ley implica negarla e incluso violarla cuando sea injusta –algo de identidad tiene con esta iniciativa que emprenderá el nuevo gobierno-; derogar la ley implica modificar el artículo 3° constitucional y, al hacerlo, deberán definirse los términos a utilizar y bosquejar en los mismos, estrategias que conduzcan a incluirlos tanto en el plan educativo así como en los proyectos que de dicho plan se deriven.

Por los discursos que han pronunciado en torno a la Reforma Educativa tanto el Presidente de México así como el Secretario de Educación Pública y funcionaros de menor rango pero que tienen relación con el sistema educativo, destacan la importancia que reviste la educación en México, postulan a priori que debe ser universal, gratuita, laica, obligatoria, democrática, integral, equitativa y de excelencia –muchos son los atributos que se le dan, en espera de que sean congruentes con los preceptos que la determinen-. En dichos discursos se vislumbra la tendencia para lograr la universalización de la Educación Media Superior y Superior, estaría más que fundamentado toda vez que el sector educativo en general se encuentra demasiado deteriorado a grado tal que sería casi imposible aspirar a una educación de excelencia a lo largo de un sexenio; 30 años se llevó el destruirlo, ¿cuánto se llevará el reconstruirlo?

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), fue el protagonista central en la imposición de la Reforma Educativa, una reforma mal fundada y, por supuesto mal fundamentada por este instituto toda vez que, los únicos indicadores que consideraron fueron los cuantitativos; crearon así leyes y normas que llevaban solamente la intención de someter a los docentes; no hicieron uso de la autonomía a la que por derecho deberían ejercer y, lejos de ello, vivieron una relación de maridaje con el sistema gubernamental anterior. Se hace necesario combatir los vicios que a lo largo de muchos años han dañado al sistema educativo, generar un cambio de cultura a grado tal que existan las condiciones en todos los sentidos para favorecer a una transformación educativa que sea satisfactoria para el colectivo del magisterio y no tanto que responda solamente a los intereses de las élites educativas y gubernamentales.

Creo, y a reserva da las críticas y opiniones que se generen, que lo más apropiado sería derogar la actual Reforma Educativa para que se construya una que garantice buenos resultados mediante la construcción de una nueva cultura, para que esto suceda habrá que erradicar las prácticas de sometimiento a los educandos y de castigo laboral a los docentes y, favorecer así el desarrollo amónico de todas las facultados tanto de educandos como de docentes. Es de esta manera en la que se puede generar la cultura de respeto a la evolución biológica y cultural de los educandos para que aspiren a la libertad y así que su realización personal tenga sentido y se fortalezca en la convivencia pacífica y pueda crecer el espíritu creativo e intelectual.

Imaginemos una Reforma Educativa que dé pauta a la derivación de programas y proyectos donde el marco de referencia sea el contexto y no los postulados teóricos, donde se dejen de considerar a los educandos como máquinas humanas en donde la tendencia no sea la de formatearlos. Esto se logrará cuando se reconozca que históricamente se ha descuidado el campo educativo y se le ha dado prioridad a acciones meramente instruccionales, urge un sistema educativo que considere a los valores como cimiento para pensar en una sociedad más justa, en sí, se hace necesario encontrarle sentido al proceso educativo y generar un discurso que no esté vacío de contenido y saber lo que se dice al hablar de calidad, pertinencia, identidad, equidad, etc.; esto combatiría al régimen neoliberal quien ha sido el causante de la deshumanización del sistema educativo.

Concluyo, se espera un sistema educativo que cultive el pensamiento, los sentimientos, la sensibilidad, la responsabilidad y la promoción de relaciones sociales comunitarias. ■

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