El lenguaje de las jacarandas: la poesía en Adolfo Castañón

El lenguaje de las jacarandas: la poesía en Adolfo Castañón
Adolfo Castañón. Fotografía de Rodrigo Rojas Mckenzie

La Gualdra 337 / Entrevistas / Poesía

 

 

Adolfo Castañón (Ciudad de México, 1952), se caracteriza por ser como las jacarandas, además de sagradas tienen la justa dimensión del saber. Oírlo hablar, compartir lo que ha acumulado es ver que el aprendizaje corre por nuestras venas de generación en generación. Después de charlar con él, uno no hace más que pensar de forma permanente, preguntarse por todo, y mirar el resto del día de forma única. Ves pasar el tiempo como esos ríos de la infancia que contienen todo lo acumulado, y en donde puedes extraer cualquier resonancia para darle sentido a lo que se escribe. Esto es lo que ha pretendido este ciclo de entrevistas a poetas, hacer visible la posibilidad de pensar y entablar un encuentro de voces para comprender que la vida no tiene una sola interpretación, y que la literatura y su escritura, tampoco. Muchas veces nos casamos con una sola definición, creemos saber todo. Uno cree que ha descubierto el hilo negro de las cosas, y dejamos que nuestra inexperiencia escriba, en el peor de los casos. Llegamos a afirmar con nuestras acciones que la vanidad es la única vía para crecer. Quizás porque no tenemos tiempo para pensar detenidamente, para oír más allá del ruido y disfrutar de estos paisajes donde aún hay jacarandas que brindan además de canto, ese tono justo que despierta ojos y a cualquier corazón. Quizás. Pero lo importante es tener los puentes necesarios para cruzar más allá de la escritura y comprender que lo más importante es vivir honestamente lo que se escribe.

 

Armando Salgado: Maestro Adolfo ¿cree que los poetas deban tener un posicionamiento crítico desde su obra para cuestionar los tiempos agitados que nos ha tocado vivir en México?, ¿la poesía es un refugio y a la vez una herramienta para fomentar otras formas de pensar el mundo?

Adolfo Castañón: Prefiero la palabra actitud y no la de posicionamiento. Sí, creo que los poetas deben tener una actitud ante la historia y sobre todo ante el lenguaje. El poeta debe ser responsable ante todo del poema y si quiere usted también, de la máscara del poeta.

 

AS: Ante la diversidad cultural y lingüística de México se van definiendo nuevas tendencias en la escritura de poesía en las que suele haber contrastes y diferencias de percepción; considero que no hay recetas para escribir y para pensar la poesía. ¿Cuál es su opinión?

AC: No sé si entiendo bien la pregunta. Está de un lado lo que podrías llamar la tradición canónica de la poesía mexicana. Están del otro las interacciones con las lenguas indígenas en la vida cotidiana, aún no siempre en el ámbito de la literatura. Está la escritura en lenguas indígenas y la escritura de los indígenas en el español hablado y escrito en México. Pongo por caso, el de la poeta Natalia Toledo quien ha sabido poner al día los calendarios y tradiciones a través de la experiencia vivida y recordada. Hay desde luego, un ingrediente que podría llamarse ecopoético. En esa perspectiva la interacción y practica religiosas tanto de los indígenas de las diversas variedades del catolicismo y cristianismo en México, para no hablar de las culturas populares. Es casi un imperativo. Pero lo importante no es tanto el poeta sino el poema sus ámbitos de vida, sobrevivencia, y aún de trascendencia. Creo haber intentado descifrar su enigmática pregunta.

 

AS: ¿Qué elementos en su infancia fueron detonantes para ir conformando, —como en el caso de Fernando Pessoa— a los distintos escritores (y sobre todo lectores) que ha sido usted en cada uno de sus libros leídos y escritos?

 AC: Los elementos fueron en primer lugar las raíces: los padres, y sus ecos, los abuelos, sus resabios y resonancias, los antepasados, las afinidades electivas heredadas. Sí he sido muchos libros, he sido muchos lectores a lo largo de los años y a lo ancho de las lenguas que me han tocado en suerte en mi formación: el español hablado en México, la idea de un español o castellano intemporal, o clásico, la idea y la práctica de un español y hispanoamericano; la lectura y escritura en inglés, francés y un poco otros idiomas romances como el italiano y el portugués. El elemento detonante podríamos decir que fue la curiosidad y el amor por las cosas desaparecidas o en vías de desaparecer.

 

AS: Es conocido su amplio conocimiento de la literatura mexicana; usted ha escrito sobre Octavio Paz y Blanca Varela, por ejemplo, ¿podría compartirnos una cartografía de los autores que se deben de leer y que sin duda son referentes en la literatura mexicana?

AC: Blanca Varela es una escritora peruana y no mexicana, pero celebro la confusión. Para sintetizar diría que hay una tradición que va de Alfonso Reyes a Octavio Paz y que incluye a López Velarde y a los contemporáneos. También, deben incluirse en este estante autores no mexicanos como, León Felipe, Álvaro Mutis, Tomás Segovia, José de la Colina, Arturo Souto, Alejandro Rossi, y desde luego, mexicanos como Rulfo y Arreola.

 

AS: Mención aparte merece Alfonso Reyes, usted ha escrito sobre la vida y obra de este gran personaje: ¿hay en particular algún hecho histórico, alguna anécdota que permita a los jóvenes aproximarse a este escritor fundamental en México?

AC: A Alfonso Reyes le gustaban los perros y los animales, fraternizaba fácilmente con las aves y los árboles, tenía una incurable pasión por el espectáculo. No en balde fue uno de los primeros críticos de cine con Martín Luis Guzmán. En sus últimos años Alfonso Reyes iba a ver películas de vaqueros con Carlos Fuentes, pero las veía con lentes homéricos.

 

AS: Leí su libro La tercera mitad del corazón, explora distintas formas de escritura, aborda temas necesarios, y además reúne poemas escritos durante treinta años; ¿qué opina sobre él?

AC: La tercera mitad del corazón cosecha momentos poéticos que se remontan a muchos años, pero también a un pasado relativamente reciente, creo que es un libro que tiene mucha unidad y que contiene algunos poemas dignos de ser recordados.

AS: Ha incursionado en la narrativa, poesía, periodismo, crítica literaria, ensayo y traducción; ¿qué proyectos suyos están en puerta?, ¿cómo relaciona su participación en la Academia Mexicana de la Lengua con la literatura?

AC: Está en prensa un libro doble de poemas que saldrá en mayo en la editorial de la Universidad Veracruzana, se titula Local del mundo. El primer tubo de ese pantalón poético se llama Civismo de Babel, el segundo se llama Cuadernos del calígrafo. También en mayo saldrán publicados en Monterrey, la nueva edición muy ampliado de mi Alfonso Reyes, Caballero de la voz errante, y una antología de textos de tema francés de Alfonso Reyes. Está en prensa en El Colegio Nacional, Alfonso Reyes en una nuez, que es el índice consolidado de nombres propios de las Obras Completas de Alfonso Reyes. Es este escritorio tengo las pruebas de la Correspondencia cruzada entre Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes 1914-1944, que coeditarán el Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México. A fines de año la Editorial Bonilla, publicará con el Instituto de Investigaciones Filosóficas y el Estado de Guanajuato, el libro Años de Alemania de Emilio Uranga, que contiene las cartas de Luis Villoro a su amigo y el Diario de Alemania que ha preparado José Manuel Cuéllar. El documento incluye también cartas entre Alfonso Reyes y Emilio Uranga además de otros documentos del mismo Uranga. Hay otros proyectos, pero creo que para este noticiero es suficiente.

 

AS: Su libro de cocina Grano de sal y otros cristales, representa una perla gastronómica en la extensión litoral de su obra; ¿podría darnos un recorrido por la cocina nacional?, ¿qué debemos merendar alguna vez si nos encontramos por esos rumbos imperdibles?

AC: El libro Grano de sal y otros cristales, es un libro complejo. Trae un recetario sui generis de mis bisabuelos, y desde luego, incluye un paseo por la gastronomía nacional. Para merendar recomendaría algo ligero: una quesadilla hecha con tres tipos de queso (fresco, añejo, cabra), cebolla morada, y unas rajas aguacate.

 

AS: Hablemos un poco de las cosas que hace cotidianamente: porque ante todo, antes de ser escritores o lectores, somos personas: ¿qué hace para tener equilibrio en este mundo que cada vez se desploma más?

AC: Buena pregunta. El equilibrio se funda en la repetición, trato de hacer los mismo siempre, contra viento y marea. Prefiero tomar el transporte público, pero no renuncia a tener auto. Mastico, rumio tanto en el sentido literal como en el figurado. No tengo deudas.

 

 

CONSEJOS PARA EL ERRANTE

 

No tardes demasiado en volver
Regresa cuando todavía
el sol en las bardas
te pueda traer
hacia tu propia playa

No tardes demasiado
el camino
el recuerdo de la casa
la nostalgia de la puerta
son una constelación tan fugaz
como este doble arcoíris
que abrió
puertas al milagro

 

A LA ORILLA DEL MAR DE LAS IGUANAS

 

Durante la primera mitad de su vida, la hembra del coelurosario —iguana gigante de cola hueca— se reproduce furiosamente y llega a tener hasta veinte veces camadas de crías que a su vez, al llegar a la madurez, se entregan a la reproducción con igual furia que sus progenitores; cuando ya no pueden reproducirse, ni tienen que velar por la sobrevivencia de sus crías, pasan las horas y los días emitiendo un monótono canto de celebración de sus descendientes y de los descendientes de sus descendientes… En ciertas fechas del año, las viejas iguanas de cola hueca se reúnen para entonar una especie de canto colectivo que suena a lo lejos como el ruido de una tempestad marina.

 

DOS GRADOS AL AMANECER

 

Al amanecer dos jóvenes escalan la montaña. En la cima, sentados sobre el suelo de piedra, espalda contra espalda, ululan como el viento, se mecen y cierran los ojos. Poco después, se tienden uno junto al otro, tocándose apenas la punta de los dedos. En ese momento, la montaña ya no puede disimular más, y un leve temblor sacude la tierra.

 

De La tercera mitad del corazón (CONACULTA,

México, 2012. Colección Práctica Mortal)

 

 

 

 

 

Adolfo Castañón (México, 1952). Ensayista, crítico, poeta, traductor y editor, académico, bibliotecario, bibliófilo y biblióforo. Es autor de tantos libros o más como los años que cuenta. Escritores como María Zambrano, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña, Jorge Luis Borges, José Bianco, Octavio Paz, Gonzalo Rojas, Michel de Montaigne, George Steiner, Eugenio Montejo, Alejandro Rossi, Gabriel Zaid, entre otros, han atraído la atención de su pluma. Es autor de Viaje a México, publicado por Iberoamericana Vervuert y Bonilla Artigas Editores (Premio Xavier Villaurrutia, 2008), de la Antología Visión de México de Alfonso Reyes, publicada por la Academia Mexicana de la Lengua. El gobierno de la República Francesa lo distinguió imponiéndole la orden de Caballero de las Artes y de las Letras en 2003, mismo año en que ingresa como miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

 

 

 

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