El silencio y sus conjuros [Parte I]*

El silencio y sus conjuros [Parte I]*

Por Salomón Villaseñor

Hay un tigre en la casa
que desgarra por dentro al que lo mira.
Y sólo tiene zarpas para el que lo espía,
Y sólo puede herir por dentro,
y es enorme:
[…]
[…] sé claramente
que hay un inmenso tigre encerrado
en todo esto.
El tigre. Eduardo Lizalde

-¿Qué es? –me dijo.
-¿Qué es qué? –le pregunté.
-Eso, el ruido ese.
-Es el silencio.
Luvina, Juan Rulfo

Ese silencio furtivo de la dicha
Ese silencio de hospital que resbala por las mejillas del enfermo
Ese silencio que concentra en un punto la mirada
Ese silencio que endurece la comisura de los labios
Ese silencio que adelgaza la esperanza de una jauría en celo
Ese silencio que deambula por los pasillos de los hospitales
Ese silencio que escurre entre las grietas de la conversación
Ese silencio que ensancha la respiración
Ese silencio de los que “esperan en la sala de la esperanza”
Ese silencio que examina los signos vitales de los menesterosos
Ese silencio que ilumina la pupila de los desamparados
Ese silencio que se evapora en la voz de los dolientes
Ese silencio roto por el imperceptible golpe del segundero
Ese silencio que se apaga en los labios de los muertos
Ese silencio que agoniza en los ojos del mendigo
Ese silencio herido por la desdicha
Ese silencio que aletea contra los cristales
Ese silencio que se hace un nudo en la garganta
Ese silencio frágil que respira en los escombros
Ese silencio que devora con sus ruinas
Ese silencio débil que acumulan las horas frente al espejo
Ese silencio que se anuncia en los muelles con su sirena ululante
Ese silencio que avanza entre la niebla
Ese silencio que navega sobre el borde dorado de la infamia
Ese silencio que se acerca como un gran buque que rasga el horizonte
Ese silencio anclado en los muelles del recuerdo
Ese silencio roto por el portazo de los imbéciles de buena voluntad
Ese silencio que habita en las arterias
Ese silencio que ruge en las entrañas
Ese silencio que se asfixia con la resignación
Ese silencio del sístole y el diástole de los suspiros
Ese silencio que asecha noche a noche en el sótano de la tristeza
Ese silencio que habita en la cirrosis
Ese silencio que se expande en los riñones
Ese silencio que se instala en el albergue
Ese silencio que mueve la termita
Ese silencio que resbala por el hombro de la esfinge
Ese silencio que se derrite en el interior del vaso
Ese silencio que incendia el llanto de los nonatos
Ese silencio que carcome el alma de los recién casados
Ese silencio que flota en la frente de los abnegados
Ese silencio que se oculta nueve meses en la oscuridad
Ese silencio que se espera como se espera al recién nacido
Ese silencio que resguarda la invasión de los extraños
Ese silencio que vigila el registro de los obituarios

*Del libro inédito El silencio y sus conjuros.

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