Enemigos Íntimos

Enemigos Íntimos

En los tiempos de confusión que hoy abruman a las sociedades emergentes (nombre irónico para referirse a los países explotados y subdesarrrollados) como México, se encuentra que las principales riquezas con que cuentan para tal consideración están contenidas dentro de un inventario que únicamente incluye a los recursos naturales y a su infraestructura productiva, principalmente y estos convierten a sus detentadores en auténticos tiburones que defienden los bienes que aportan alguna ganancia y beneficio material y olvidan que para que este fenómeno se siga dando los encargados de producir a ras de suelo deben estar en óptimas condiciones con un sistema de empleo digno y disfrutar, sobre todo, de los beneficios que produce lo que se suele llamar desarrollo como una vivienda digna, un programa general de salud, un sistema alimentario con características nutritivas, un ambiente sano además de un modelo educativo acorde con las necesidades de cada región en vías de desarrollo. Obviamente, y valga la perogrullada, si todo lo anterior existiera no habría motivo de arrojar a la arena del análisis colectivo esta perorata existencial.
Cuando falta alguno o varios de los elementos antes mencionados entonces la balanza de la calidad de vida empieza a marcar rumbos que conducen al descontento y a la desigualdad social y sus síntomas se manifiestan en formas diversas entre las que sobresalen la pobreza en cualquiera de sus manifestaciones, la violencia de cualquier tipo, la delincuencia en múltiples formas de expresión, el comercio informal, un producto interno bruto cada vez más raquítico, la corrupción en infinitas manifestaciones, una lamentable administración pública y muchos, muchos otros fenómenos de degradación social que no vale la pena reiterar en este espacio junto a otros que están en proceso de afirmación y otros aún por inventar.
Sin embargo, independientemente del origen de esta calamidad o serie de calamidades, queda claro que la peor de las carencias es la de un modelo educativo claro y conciso que tienda a romper de una vez por todas las cadenas que más esclavizan a la población de la mayoría de las regiones del mundo entre las que destaca este país, las de la ignorancia, que acarrean consigo otras aún más flagelantes, las de la estupidez; pues siendo cautivos de estos infortunios, es inútil contar con la riqueza de recursos materiales y geográficos. De nada sirve contar con una población ávida de desarrollo y de hacer bien su trabajo si no cuenta con las guías necesarias para encauzar su esfuerzo y si no tiene definidos los rumbos que debe seguir para llegar a buen puerto. y queda claro que estos rumbos sólo pueden ser determinados cuando se tienen bases sólidas para emprender la partida y que son más fáciles de discernir si se tiene las otras fortalezas que solo pueden dar el conocimiento y los valores que lo sustentan, y esto únicamente puede lograrse a través de la comunicación acertada y asertiva que se deriva de un buen plano educativo y si este asunto se tambalea y se cae por una mala idea de su significado y sus potencialidades, entonces jamás habrá un punto de llegada que deje satisfecha a la mayoría de la población.
Ahora bien, jamás en la historia de la humanidad se había contado con la posibilidad de hacer uso de cantidades inusitadas de información y del uso adecuado que de esta puede hacerse. Aunque sobran puntos referencia para la solución de cualquier problema y para desarrollar la inventiva y la innovación, es evidente que la mayoría de la gente que tiene acceso a ella prefiere hacer uso de la misma de una manera inútil y chambona que nada tiene que ver con la mejora de la producción y de los medios de producción y prefiere utilizarlos para manejarse entre las nubes de opio de la banalidad, el chismorreo improductivo y asuntos que no nada más no aportan algo para la mejora de las condiciones de vida y la mejora en su calidad, sino que atentan en contra de ellos.
Los medios de comunicación y la tecnología digital se han convertido en los enemigos íntimos de los santuarios de la educación que son el hogar y la escuela, los niños y los jóvenes no tan sólo han sido descuidados por padres y maestros, sino que han encontrado refugio en las verdades, ideas y conocimiento tendencioso que estas producen para sustituir el abandono afectivo.
Es necesario encontrar las fórmulas para que tanto los medios de comunicación como la tecnología digital cambien su pobre, triste y oscuro papel de enajenadores sociales para aportar la potencialidad ilimitada para que la población cambie sus visiones y encuentre en la búsqueda de la sabiduría un nuevo objeto de vida que sustituya a la miseria humana que en estos tiempos se digiere como el pan de cada día. Hoy más que nunca se debe hacer un uso más apropiado de estos elementos para cambiar, de una vez por todas la forma de enfrentar el futuro por medio de acciones cotidianas y otras de trascendencia que permitan el rescate de la naturaleza humana. Claro, si es que aún puede hacerse.

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