Buenas ideas en malas lenguas

Buenas ideas en malas lenguas

Con el objetivo de ganar elecciones, nuestros políticos han acabado con la posibilidad de la política. Así. Con tal de obtener el apoyo popular, hemos abusado de las palabras, hemos jugado con la credibilidad y la sensibilidad de la ciudadanía, que, de buena fe, mantenía su capacidad de confiar, creyendo que había decencia en nuestros líderes, al fin, figuras públicas cuya supervivencia en el medio había dotado de la suficiente experiencia y criterio para expresarse con cierta ética.

Todo ello ha resultado en un abuso de la retórica, en un decir mucho para no hacer nada. En argumentos que ya no se creen, y en cuya racionalidad se esconden los pretextos para incumplir el mensaje de persuasión que se pretende. Buenas propuestas, que terminan asfixiándose a sí mismas por cuna envenenada en las que han sido puestas: las campañas electorales.

Reflexiono al respecto por una lectura que hago en este contexto: Sin palabras ¿Qué ha pasado con el lenguaje de la política? De Mark Thompson, cuya reflexión es justo el peligro que representa un mundo de retórica contaminada para envenenar a nuestras sociedades, con ignorancia, insensatez y peligroso simplismo prejuicioso.

Cito algunos ejemplos de la coyuntura actual: El caso de la renta básica universal, es uno de esos puntos en los que la agenda programática de la derecha e izquierda se hacen inviables, anulándose mutuamente. Un ambicioso programa social como lo puede ser éste, requiere a su vez, de una inteligente, igualitaria y progresiva política fiscal. La primera, es una cesión de Acción Nacional a sus compartes, y la segunda una negativa que han aceptado éstos del primero. Solo que sucede que sin subir impuestos, resulta poco menos que inimaginable financiar la conquista social. Suscribo entusiasmo por una idea como esa, pero no en los términos populistas comodinos como los que propone hoy el Frente Ciudadano por México. Sí a la renta básica universal y si al gravamen de las riquezas más ostentosas de nuestro país.

Otra idea que suena bien, pero que francamente es una vacilada es aquella de poner a disposición de las mayorías, los derechos de las minorías. Nos casamos tanto con la idea básica de la “democracia” como un mero procedimiento de decisión a través de la aritmética, que olvidamos que este sistema de pensamiento tiene una condición de partida que es la de la igualdad y el respeto irrestricto de lo que hoy llamamos derechos humanos para que pueda funcionar, y cada vez más ejemplos sobran. En nuestra realidad inmediata ahí esta Donald Trump, abrigado de una mayoría muy relativa, que es la base que le permitió llegar a la Presidencia de la que supusimos la democracia más entera del planeta. La idea suena bien: que democráticamente se decida qué derechos deben ser reconocidos y cuáles no. La práctica, como lo hemos visto es aberrante.

También coexiste hoy en nuestro discurso público la peligrosa idea de, frente a la violencia social, legitimar y justificar la violencia estatal, la falta de profesionalismo de nuestros fiscales y culpar al Poder Judicial de hacer valer los derechos que a todos nos deben estar garantizados, y principalmente a los presuntos culpables de la comisión de un delito. Todo ello, que hace referencia al castigo que indudablemente merecen los delincuentes, es un falso discurso: no nos detengamos en procedimientos, “matemos en caliente”. El problema es cuando uno de los nuestros o nosotros mismos caemos en manos de autoridades poco capacitadas e incluso corruptas que utilizan su función para perseguir discrecionalmente y no para procurar justicia.

Finalmente, podemos citar todos los casos en que funcionarios y políticos nos venden propuestas de política pública a ejecutar como un éxito consumado. El resultado: cuando la política no funciona, como es más probable que la del éxito rotundo como garantía, la decepción y la confusión, permiten una muy problemática evaluación de un esfuerzo que puede ir por buen camino pero requiere de más oportunidades y ajustes.

Cierro con una cita de Thompson en un artículo reciente publicado en México por Letras Libres: “…no se puede construir nada, muchos menos un lenguaje público sano, basándonos en mentiras, medias verdades y teorías de la conspiración”.

 

@CarlosETorres_

www.deliberemos.blogspot.mx

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