La semilla del mal

La semilla del mal

Si observamos las cifras de la incidencia de secuestros en Zacatecas, observamos que a partir del año 2007 se establece una tendencia a la alza sostenida hasta el 2009. Es decir, en esos años se establece como un delito establecido en el estado para ya no irse más. En adelante sube y baja, pero su existencia es perenne. En el 2011 tiene un pico muy alto, y ahora todo parece indicar que vamos a la formación de otro pico muy alto, con una particularidad, que las bandas de secuestradores están integradas con jóvenes y hasta adolescentes. Esa misma gráfica de formación de una enorme cumbre estadística se muestra en los homicidios. Secuestros y homicidios se empatan. Del 2014 al 2016 pasamos de 7 a 26 homicidios por cada 100 mil habitantes. Parece un cuete en la gráfica. El cuete de la muerte. Al inicio del 2015 teníamos 114 homicidios dolosos, y al inicio del 2017 tenemos 417. El aumento es poco menos que espectacular. Habla de un aumento de la violencia inusitado. Otro dato significativo es que los eventos se concentran en tres municipios: Guadalupe, Zacatecas y Fresnillo. Lugar donde se concentra la población urbana y la aportación del PIB estatal. En Guadalupe pasamos de 2 a 72 homicidios dolosos en esos dos años que mencionamos. Como podemos ver, el panorama es de invasión y creación de células criminales en el estado. Y compuestas por jóvenes.

A los chicos que toman presos en el delito de secuestro, cuando es agravado puede llegar a los 35 años de prisión. Así, un joven puede pasar la parte más importante de su vida en la cárcel: de los 20 a los 55 años. ¿Qué hace una persona que sale a los 55 años de prisión? Si esto es así, ¿Por qué hay muchos jóvenes que están dispuestos a arriesgar todo su futuro por ganar dinero en una actividad de este tipo? Parece muy extremo el riesgo que toman y el daño que provocan. El nivel de sufrimiento que causan en inmenso. ¿Por qué se arrojan a generar el mal mayor arriesgando toda su biografía por algo de dinero? Para empezar deben percibir que con la vida que llevan su futuro es tan negro que bien vale el riesgo que toman. Es decir, sólo quien tiene destruidas sus expectativas toma ese camino de mal. Quien mantiene expectativas de mejora de vida (aun siendo pobre) se resiste a incorporarse a células criminales. Por ello, no es gratuito que los chicos que se incorporan a esas bandas abandonan la escuela. Esto eso, la deserción es un indicador de criminalidad juvenil, y el año pasado la deserción en las prepas de la universidad fue de 40 por ciento. Así las cosas, el desastre que se avecina es mayúsculo: si no hacemos un plan efectivo de prevención y para rehabilitar jóvenes, el estado de Zacatecas estará ante su desfondamiento.

 

 

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