Trabajo infantil: mutilar el futuro

Trabajo infantil: mutilar el futuro

En el mundo se ha avanzado en reconocer los derechos de los niños. Sobre todo por impulso de organismos de Naciones Unidas como la  Unicef. En sociedades con poca renta libre o excedente suficiente para mantener a la población no-activa laboralmente, por ejemplo, en  sociedades tradicionales de corte rural y de sobrevivencia se piensa poco en los derechos de la infancia porque en realidad hay poca infancia: los individuos maduran muy rápido y las responsabilidades se asumen a muy corta edad. Con excedente equitativamente distribuido se hace posible que las personas no tengan prisa de madurar y den tiempo a su desarrollo completo. Con infancia completa se potencia mucho el desarrollo personal, y con ello, el de las sociedades. Así las cosas, una condición fuerte para garantizar la vigencia efectiva los derechos de la infancia es contar no sólo con excedente, sino con una justa distribución del mismo: una sociedad injusta verá necesariamente sufrir a sus niños. Las familias presionadas por el ingreso para sobrevivir obligarán a sus niños a trabajar para convertirlos en contribuyentes domésticos. Pero también los estará condenando a reproducir su situación de pobreza. La sobrevivencia presente, elimina la oportunidad futura. Mecanismos mutilantes.

Según investigaciones de la Unidad de Economía de la UAZ, Zacatecas está en el poco honroso sexto lugar en trabajo infantil en el país: trabajan casi 50 mil niños, de los cuales 35 mil lo hacen en trabajos considerados peligrosos. Por ello, la tasa de trabajo infantil en Zacatecas es muy alta, 11 menores por cada 100, cuando la media nacional es de 8. La mayoría de los chicos laboran en la agricultura, y en ésta, la parte más riesgosa y que implica un necesario abandono de los estudios, es la de padres jornaleros. La vida cotidiana de un jornalero está llena de penurias, presiones negativas y violencia. Pero juntando a todos los niños que trabajan, incluyendo a los que laboran en la industria y comercio, 31 por ciento no asiste a la escuela. Este último porcentaje es foco rojo: sin educación y en la miseria, el futuro será violento.

Significa que el Estado no ha hecho su trabajo. El Gobierno estatal no ha impactado positivamente en los derechos de la infancia. La atención a las familias jornaleras, por ejemplo, está en el absoluto descuido. Los contratantes son ricos empresarios agrícolas que disfrutan de influencia política suficiente para no ser molestados. También carecemos de programas emergentes para educar a esos niños que vagan de un lugar a otro. Pero sobre todo las medidas macro para generar un excedente equitativamente distribuido. Esto es, no solamente no hay programas puntuales, sino políticas generales para distribuir la riqueza de tal manera que las familias no se vean en la necesidad de poner a trabajar a sus niños. Urge cambiar este modo de gobierno que está mutilando el futuro, en lo financiero y lo peor, en capacidades humanas.

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