¿Das chance, chofer?

¿Das chance, chofer?

¿Das chance… chofer? Y El Ping Pong Ornelas ya estaba arriba del autobús, haciendo equilibrios, con la mochila en la espalda bien cargada. Amables pasajeros, perdonen la molestia… ruego un momento de su atención. Les pido encarecidamente me perdonen por interrumpir su tranquilidad. Su lectura. Yo no vengo a robarlos, a bajarles la bolsa… Y Jocelyn apretó contra su cuerpo la bolsa, como si fuera un bebé… el monedero, la cartera y Priciliano Godoy se llevó la mano al bolsillo posterior del pantalón. No, no vengo a eso. Yo no le hago a la uña. Al dos de bastos. Tampoco vengo a gritarles, porque el que grita no quiere que lo escuchen. El que grita habla como tarabilla y no permite interrupción alguna, por más mínima que esta sea. Él grita y se contesta. ¿Será por eso que no nos entendemos mi papá y yo? Piensa Felicia, con la mochila sobre las piernas. Tampoco vengo a engañarlos como lo hace su vecino, su compañero de trabajo, el jefe de manzana. Que esconden detrás de la sonrisa la traición, los malos deseos, la envidia… No, de ninguna manera, distinguida damita, fino caballero. Jovenazos. Yo vengo a ofrecerles estas primorosas imágenes en tercera dimensión, que van a bendecir su hogar, su oficina, el taller… Llévese a San Martín Caballero para que cuide su negocio, ¿me lo llevo? Quién quita y le quita la salazón al changarro… A San Judas Tadeo, el súper héroe de los santos. A San Ignacio de Loyola, para que cuide tu casa del pérfido demonio. A San Antonio… si me lo llevo ¿me traerá al bueno? Pensó Chepina sopesando el monedero. Se le queda viendo con ojos desesperados Caritina. A la reina de México, a la Morenita, a la virgen de Guadalupe. A la Morenita. Al Sagrado Corazón de Jesús. Por sólo diez pesos. Una moneda de diez pesos. Dos monedas de a cinco. Cinco de a dos. Diez de a varo. Si lo compro desacabalo para comprar mis zapatos. Yo voy a pasar a cada uno de sus lugares. Elijan y escojan la imagen milagrosa de su preferencia, de su devoción. Ora que si no quieren gastaron diez pesitos. Diez varos. Y si de verdad me quieren ayudar y les sobra una moneda de a peso, mucho me van a ayudar. Una monedita desbalagada de a cinco, que no desacabale su gasto. Dios bendito se los ha de premiar…

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