Con los Jóvenes otro mundo es posible

Con los Jóvenes otro mundo es posible

El futuro de México está en sus jóvenes, de ahí la preocupación de Papa Francisco por este sector de la sociedad. Con la realidad de “este pueblo sufrido” no está fácil tener confianza en un futuro con mejores cuentas: menos de una tercera parte de los jóvenes llegan a educación superior, ninis que se multiplican cada año porque tampoco hay empleos que los absorban, se convierten en la prioridad de reclutamiento de las bandas de criminales, y continúan en el olvido de las políticas del gobierno de la República. Por ello, ante el inminente relevo generacional en la conducción de la vida política, educativa, deportiva o económica del país, se debe poner entera prioridad en este grupo etario. Para evitar que los criminales los recluten se requiere elevar considerablemente las oportunidades reales de desarrollo de los jóvenes: abrirles las puertas de las universidades, generarles empleos, y ofrecerles un esquema incluyente de desarrollo social.

El llamado del jefe del Estado Vaticano en su visita, exige no sólo al Estado intervenir esta realidad con mayor justicia y efectividad, sino a la Iglesia. Salir de los templos y dejar de contemplar los rituales, “para conseguir la contemplación de Dios en la acción que construye la justicia”. Si la Iglesia recupera su misión originaria de constituir comunidades y dinámicas sociales justas, y supera su ritual-centrismo actual, puede tener un impacto enorme sobre las condiciones de bienestar de la población. En otras palabras, la reforma de la Iglesia es de interés público. Una organización eclesial de alto contenido crítico (en teología se dice ‘profético’), que observe y contenga la embestida de los proyectos de dominación que destruyen la naturaleza y a la propia condición humana con tal de conseguir la acumulación originaria de poder y riquezas. Como las mineras, el capital transnacional depredador, los gobiernos corruptos que saquean la renta pública y otras lindezas que dan forma a nuestra realidad social en México.

Pues bien, en este contexto los jóvenes son esenciales: como objetivo de las acciones y como sujetos de las mismas. Para lograr que los jóvenes tengan otro futuro, se necesita que sean activistas de ese porvenir. Destino, además, bastante cercano. Lo que puede renovar a la Iglesia y al Estado son los jóvenes con planes de renovación: la reingeniería de la Iglesia y el Estado será efecto de la indignación activa de las nuevas generaciones. Con jóvenes conservadores o alejados de la realidad o abotagados por las drogas no hay cambio posible de la realidad: sin esperanza no hay móviles para gestionar la transformación de la sociedad. Y los mensajes de Francisco pueden ser semillas de esperanza en los jóvenes. Con esa actitud de base, puede esperarse un cierto comportamiento político de las generaciones mencionadas, que impacte en el cambio de las formas de hacer política, más centrada en el servicio y la solución de los grandes problemas públicos, que en la mecánica actual de los partidos. Si las palabras se convierten en semillas de renovación, el saldo de la visita de Bergoglio será de éxito, y podremos afirmar con entusiasmo: otro mundo es posible.

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