La política y el espectáculo

La política y el espectáculo

Ante la creciente molestia ciudadana por la devaluación del peso, alguien pensó que el mejor conducto para tranquilizar a la sociedad era la actriz y conductora Andrea Legarreta y su compañero Raúl Araiza, ambos del programa Hoy que se transmite en el canal 2 de Televisa.

En un segmento de su programa de revista, ambos conductores comentaron que el aumento al precio del dólar no tiene efectos en la economía mexicana, y que no podía responsabilizarse tampoco de ello al gobierno de este país.

No tardaron en aparecer los desmentidos de economistas y expertos que explicaron por qué faltaban a la verdad este par de conductores cuando afirmaban tal cosa.

Acostumbrada a lidiar solamente con la prensa rosa, el mundo se le vino encima a Andrea Legarreta, y en un exabrupto por defenderse de la opinión de profesionales de la economía, y de las burlas en redes sociales, admitió en su cuenta de Twitter que lo dicho había sido una mención pagada por un anunciante del que no dio más detalles.

No es difícil imaginar que fue el Gobierno Federal quien tuvo la ocurrencia de utilizar a Legarreta para intentar tranquilizar el clamor ciudadano que reclama los efectos que esta situación tiene en su bolsillo, lo cual, dicho sea de paso, viola la Constitución, que “prohíbe la transmisión de publicidad o propaganda presentada como información periodística o noticiosa” como dio a conocer Gabriel Sosa Plata.

Usar a las figuras del espectáculo como voceros de un mensaje político, se convirtió en moda hace algunos años. Irán Castillo fue imagen del estado de Hidalgo cuando gobernaba Miguel Ángel Osorio Chong, y Ernesto Laguardia promocionó Coahuila cuando gobernaba Humberto Moreira, entre otros. En Zacatecas incluso, se contrató a la cantante infantil Tatiana para invitar a barrer y mantener las calles limpias.

Raúl Araiza y Maite Perroni grabaron promocionales a favor del Partido Verde Ecologista de México en 2009, y fueron entrevistados por las revistas Vértigo, y Tv Novelas con respecto a sus supuestas simpatías políticas, bajo el concepto de “productos integrados” que estaba incluido en su contrato.

Gracias a un contrato como esos, es que Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto se conocieron, y establecieron esa relación romántica que no termina por convencer a los mexicanos de su veracidad.

Millones de pesos de dinero público termina pues en los bolsillos de actores de telenovela que ponen su voz e imagen al servicio del mejor postor, fingiendo asumir como propias las ideas que se les ordenen, y expresando lo que el cliente mande.

Esta estrategia busca llegar a la población a través de posible identificación de la gente con las historias de final feliz que cuentan en las telenovelas, y de las ansias aspiracionales de asemejarse a quienes son íconos de belleza, éxito y simpatía.

Sin embargo ese modelo comunicacional empieza a desquebrajarse. Alquilar su imagen y comprometerse como voceros de un partido político, o un gobierno, es cada vez más costoso para los actores y cantantes que se prestan a ello.

A Andrea Legarreta, cuya imagen angelical y amable la mantuvo protegida de todos los cambios en el programa Hoy, le toca enfrentar, por primera vez en su carrera, el desprecio del público expresado en las redes sociales, a tal nivel, que se vio obligada a responder incluso en noticieros, lo cual, podría incluso comprometer sus contratos publicitarios con Soriana y otras marcas.

Ciertamente la crisis alcanza a toda la televisión en México. Gracias al avance del acceso a internet, a la aparición de plataformas como Clarovídeo o Netflix, y a su gastada imagen, Televisa y Tv azteca pasan por crisis financieras que los obligan a recortes y cambios; entre ellos, según se ha dado a conocer, la salida de Joaquín López Dóriga del noticiero estelar del canal dos.

En ese contexto, los artistas de televisión cada vez menos son vistos como figuras de autoridad moral o intelectual, dignos de ser escuchados per se.

Esto alcanzará al actor Raúl Araiza, figura emblemática del Partido Verde. Circula ahora una entrevista en la que el conductor exhorta a los mexicanos a “chingarle más” para que el dinero les alcance.

Esa expresión, no hace más que demostrar su poco conocimiento de economía, pues estar medianamente informado le permitiría saber lo que sostiene una de las mayores autoridades en la materia, Thomas Piketty, que la riqueza heredada domina por amplio margen a la riqueza que es producto del trabajo.

Así es que por más “que le chinguen”, no hay forma de generar los ingresos que produce haber obtenido la riqueza heredada.

No le podemos pedir a Raúl Araiza que todo lo que tiene lo heredó, incluido el empleo, que lo comprenda. Pero cuando menos podemos pedir a los titiriteros que mueven sus hilos, que cambien de estrategia, porque ésta, además de que cada vez les resulta menos efectiva, insulta nuestra inteligencia. ■

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