Presentan en la Berlinale César Chavez, filme dirigido por el mexicano Diego Luna

Presentan en la Berlinale César Chavez,  filme dirigido por el mexicano Diego Luna

■ Es estelarizada por Michael Peña, America Ferrera, Rosario Dawson, entre otros

■ La cinta no busca ser un arma social, sino un eco del poder de la población, señala realizador

Una historia de lucha social, de compromiso comunitario y de organización sindical es la nueva película dirigida por el actor, director y productor mexicano Diego Luna, César Chávez.

Luna, con apenas su tercer filme, ha conseguido aparecer en la Berlinale 2014 en la categoría Especial de Gastronomía.

La película está estelarizada por Michael Peña, America Ferrera, Rosario Dawson, John Malkovich, Jacob Vargas y Wes Bentley.

La elección de Michael Peña para el personaje de César Chávez quiere respetar el principio étnico del líder social, muy a pesar de la idea de europeizar su imagen y desoír las propuestas que hablaban de un Antonio Banderas para el rol.

Con la exhibición en premier durante la Berlinale, Diego Luna confesó vivir el sueño de consolidar, de cierta manera, su carrera como realizador y, en el caso de César Chávez, el fin de un trabajo que le tomó cuatro años.

Cuatro años en los que se documentó a través de la prensa californiana y con la familia de César Chávez (1927-1993), aunque la filmación duró apenas 10 meses.

El biopic César Chávez –el primero que se hace sobre él- se centra, como su título lo indica, en la historia personal del militante mexicano-estadunidense que buscó el reconocimiento de los derechos laborales para los campesinos en California.

Entre 1962 y 1970 César Chávez se enfrascó en un movimiento social que tenía como primer objetivo crear consciencia de clase entre los peones recolectores de uvas californianos, para después formar la Unión de Trabajadores Campesinos (UFW).

La meta final del movimiento era conseguir el reconocimiento del gobierno estadunidense por los derechos laborales de los campesinos y la creación de contratos colectivos firmados a través de la Unión para dar seguridad sindical.

Romanticismo de Luna

La cinta está dividida en dos momentos: el primero –y para mí el más interesante- es la intensa labor militante de Chávez y el proceso de formación de la Unión; el segundo es un reciclaje de los recursos romanticistas hollywoodenses, como la mistificación del héroe con tomas que lo aureolan y las emotividades comunitarias causadas por los aplausos grupales.

Esta estructura de la cinta me llamó la atención, y en la entrevista se lo pregunté, ¿por qué decaer en el formato hollywoodense? “Fue algo que se dio solo, pasé mucho tiempo con la familia de Chávez documentándome y me di cuenta que no podía dejar de lado la parte íntima de su vida… en el camino terminé haciendo la historia de un papá y un hijo…acabó siendo mucho más sentimental en ese sentido,… en una cosa muy íntima… sin querer, todo lo que he hecho acaba hablando de lo mismo… soy monotemático, supongo que tengo algo que resolver, no dejo hacer películas de eso, aunque me proponga lo contrario…”.

Además, el maniqueísmo demagógico de la historia moderna estadunidense le permite obviar las cuestiones políticas, es decir, el personaje malvado es el ambicioso burgués que hace todo por mantener al pueblo esclavizado ante la mirada siempre justa del gobierno estadunidense, a pesar de las políticas económicas liberales.

La trama termina con un cierre concluyente, la guerra está ganada. El happy ending que tranquiliza al espectador y al productor.

Movilizar a la población

La cinta no busca convertirse en un arma social en México, pero sí contribuir a la creación de una política migratoria más justa.

Aunque habría que aclarar, históricamente Chávez quiso bloquear el ingreso de mexicanos indocumentados para facilitar la formación de su organización; cinematográficamente Luna ha querido tocar apenas tangencialmente el asunto.

César Chávez quiere ser un eco del poder de la población, de la capacidad de cambio que los movimientos organizados pueden tener para modificar las realidades, y en México parece que el momento y el ambiente no están lejos de ello, recalcó esperanzado Luna.

El movimiento debería ser no violento, tal como fue la iniciativa de Chávez cuando inició su huelga de hambre en reclamo de la no agresión.

También quiere promover el fin de la discriminación al interior de los mexicanos y mexicano-estadunidenses que viven en Estados Unidos y que mantienen una cultura de agresión recíproca.

Se trata de extender la revolución “twiterea” y llevarla a las calles, “porque tienes el Twitter prendido y parece que ya va estallar, pero se te acaba la batería y ves que no hay nada en las calles, que nada pasa”.

Luna en 2014

Diego Luna dijo sentirse más cómodo dirigiendo cintas y actuando en teatro que en las películas, así que este año se va a dedicar a la promoción de su película y a hacer algo de teatro.

Por otra parte, su labor como productor y difusor en tanto director ejecutivo de Canana Films lo mantendrá ocupado con, entre otros proyectos, el festival Ambulante de documentales.

Aunque en el extranjero ya está funcionando Ambulante en California, le gustaría poder transportar el proyecto a Europa, no obstante a que de alguna manera la iniciativa nació del ejemplo europeo, por lo que debería tener un formato especial.

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