La importancia de medir bien el delito

La importancia de medir bien el delito

Para evaluar un problema debemos medirlo y hacer comparaciones, pues si no hay comparación no hay evaluación; para ello se construyen indicadores y, con la combinación compleja de éstos, se generan índices. Un indicador es una comparación de un dato respecto a un horizonte normativo o una medida relativa que haga posible la comparación de una situación al interior de un territorio a lo largo del tiempo, o la comparación en el mismo tiempo en territorios distintos.

Pues bien, en los índices nacionales de seguridad (retomado criterios internacionales) se acepta un criterio de comparación de la incidencia de algunos delitos por cada 100 mil habitantes. Si se cambia el referente respecto al cual se hace relativa la incidencia, los datos no pueden ser comparados y, por tanto, la evaluación es imposible. Por ello se hizo consenso internacional tomar la medida relativa a 100 mil habitantes para comparar los datos de criminalidad entre diversos países.

Uno de los problemas que más preocupa a toda la población es la seguridad. Y si no se tiene claridad en la naturaleza y la dimensión del problema, será imposible que se generen estrategias efectivas para combatirlo.

Entonces son dos condiciones esenciales para la efectividad en la solución de un problema público: conocer la naturaleza del problema, es decir, llegar a una profunda definición del mal, que en el caso de la seguridad, específicamente los secuestros, se debe definir si se trata sólo de un problema policiaco, o se trata de una arista de un problema social complejo de nivel educativo, de oportunidades sociales y empleo.

Es importante saber en qué consiste exactamente el problema, pues de lo contrario, las acciones que se emprendan serán palos de ciego. Además, se debe medir la magnitud del problema; por tanto, los actores institucionales deberán dominar las justificaciones de las diversas metodologías de medición, de lo contrario querrán meter un elefante en un bote de 200 litros y nunca podrán dimensionar el tamaño del problema que se tiene que atender: cuántos delitos se cometen, cuántas personas son víctimas de un acto criminal, cuál es el peso de los delitos graves, y cuál ha sido su comportamiento a través de los años. También se mide el sentir: qué tanto miedo tenemos a ser víctima de un delito y los cambios de hábitos originados por ese temor.

También se mide la respuesta del sistema ante el fenómeno: cuál es la capacidad del Estado para capturar y sancionar al delincuente. En ese renglón se mide la efectividad del sistema; en los que se agregan los indicadores de desempeño policial, de procuración de justicia y penitenciario. También se miden los costos que impone la delincuencia a la sociedad: desde el costo directo a la sociedad, hasta los costos por vía presupuestal.

En estos cuatro componentes básicos, contemplados en el sistema de indicadores sobre seguridad, se ofrecen las mediciones a los actores estatales y ciudadanos, para que a partir de ellos, se piense en su respuesta. Pero la réplica menos idónea es negar el indicador.

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