Comparecencias: esterilidad ruidosa

Comparecencias: esterilidad ruidosa

¿Por qué se comparece? ¿A qué razón obedece esta acción? Se supone que es una acción de rendición interna de cuentas, donde el Poder Ejecutivo explica y justifica las acciones emprendidas en un año de gestión.

El Ejecutivo entrega un informe con anexos incluidos, y los representantes populares cuestionan a los responsables de cada área de la administración pública. Sin embargo los eventos se convierten en un estridente concierto de altavoces que resulta puro ruido: un ejercicio estéril de voces alzadas y respuestas al aire. Por un lado, los legisladores no hacen previamente una evaluación sistemática y seria de los programas analizados, para fundamentar sus cuestionamientos o solicitar puntualmente al ejecutivo que modifique alguna estrategia, elimine un proyecto o reconduzca un rubro de gasto. Lo que cuestionan los diputados no supuso un acto de evaluación de política pública, sino solamente algún asunto de la agenda pública de medios o lugares comunes como el reclamo de ideales genéricos o cifras sobadas.

Para que los cuestionamientos de los diputados estuvieran orientados a la evaluación de políticas, tendría que cambiar radicalmente el formato: el Ejecutivo tendría que entregar primero los referentes sobre los cuales se hace la evaluación, como los documentos justificatorios de los programas, el sistema de indicadores de gestión y de resultados sobre los que se basan, y evidencias validadas de lo dicho.

Pero nada de esto ocurre. Para empezar, los programas justificatorios de acuerdo a metodologías de evaluación no existen. ¿Sobre qué referentes objetivos hacen sus cuestionamientos los diputados? Sobre ningunos. De tal manera que sus intervenciones son “posicionamientos” basados en algunas generalidades ideológicas más algunos reclamos con mensaje político. Pero una evaluación conforme a lo que significa rendición de cuentas, no es. Por otro lado, de manera similar, el Ejecutivo no hace respuestas sobre seguridad pública (por ejemplo) y las debidas explicaciones de las acciones, sino declaraciones genéricas, y punto.

Además, si el resultado de las glosas fuera reestructurar los esquemas de política, entonces valdría la pena el asunto. Pero la realidad es que no hay consecuencias, no hay cambios de rumbo ni cosa que se le parezca. Como el caso de la comparecencia del secretario de Gobierno que declaró su conciencia tranquila sobre los escándalos de corrupción, y…ya. Algunas especulaciones mediáticas y no pasa a mayores.

Y la ciudadanía está desaparecida, las comparecencias son el festín de los políticos, a la población llegan rumores a través de los medios, pero no generan ninguna reacción analítica, lo único que hace la sociedad sobre el caso es encogerse de hombros. La parte de la sociedad civil organizada debe de proponer de manera urgente el cambio de formato, para dejar este drama de simulaciones y pasar a una real rendición de cuentas. Y finalmente, abandonar, la esterilidad ruidosa.

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